LUZ QUE SE QUEDA
Poema contemporáneo sobre la Navidad como luz humilde y resistente: una vela en medio del frío, esperanza que camina despacio, manos abiertas y un deseo de recomponer la vida. Una “luz que se queda” incluso cuando parece irse.

Nace diciembre
como un hilo de aire tibio
en medio del ruido,
una respiración extendida
sobre los bordes del frío.
El mundo arde, sí,
pero también respira,
como un animal antiguo
buscando refugio.
Entre los escombros de lo cotidiano
alguien enciende una vela,
y esa pequeña llama
parece desobedecer a la noche.
Navidad no es un himno antiguo,
sino una insistencia luminosa:
creer que la luz se queda
incluso cuando se va,
creer que aún hay tiempo
para recomponer el gesto.
Escucho pasos de esperanza
cruzar la madrugada,
pasos lentos,
de quienes aún confían
en las manos abiertas.
Que cada dolor
se haga un poco menos piedra;
que cada abrazo
se atreva a regresar
sin pedir permiso.
En lo alto,
una estrella dudosa
titila como quien recuerda
que el destino es frágil
pero no imposible.
Hoy, la noche,
como un cuenco abierto,
nos sostiene
y nos invita a quedarnos
un poco más.

