LOS LLOGARETS DE PEP RAMIS
Qué duda cabe de que Pep Ramis, además de un extraordinario fotógrafo, es un enamorado de los llogarets de Mallorca (1). Pep Ramis no solamente es un fotógrafo artístico, sino que sabe introducirse en el alma de los pequeños llogarets que todavía existen en mejor o peor conservación, algunos ya desgraciadamente deshabitados. Su libro, de reciente edición, nos da a conocer llogarets que nunca antes había oído nombrar. Pep ha visitado todas esas aldeas y ha sabido, con su cámara y una buena dosis de admiración y sentires, fotografiar el alma de esas poblaciones dispersas por toda la geografía de nuestra querida Mallorca.
Debo confesar que a mí, especialmente, me gusta visitar esas diminutas aldeas o alquerías, de las que algunas solo cuentan con cuatro casas, y la mitad están derruidas por el paso de los años. Pero, si uno se sienta en cualquier escalón deteriorado y contempla a su alrededor en silencio, podrá autosugestionarse y percibir el aliento de las personas que lo habitaron, y no en tiempos remotos.
En algunos de los muchos llogarets que Pep Ramis ha fotografiado con su cámara conectada a su alma, este ha sabido resaltar pequeños elementos que, a primera vista, pueden pasar desapercibidos para cualquier visitante, no así para él.
Pep ha andado por todos esos sitios especialmente sorprendentes y llenos de historias humanas acaecidas a lo largo de muchos años. Historias que jamás se contarán, pero que están presentes en el espacio que ocuparon esas gentes y que, si nos dejamos llevar por el corazón, oiremos narrarlas en el rumor que producen las hojas de los árboles de los alrededores. Pep ha sabido rescatar ese aliento lejano que casi estaba olvidado en el corazón de las personas que lo habitaron. Se puede oír el llanto de los bebés o las risas de los niños en sus juegos. Sé que le ocurre a Pep que, cuando ha estado fotografiando esos lugares casi mágicos, ha sentido delante de alguna casa semiderruida como sus habitantes existen todavía en la geografía del recuerdo. Si uno cierra los ojos, puede ver como esas personas salían a las puertas de sus casas en las noches de estío a tomar el fresco, como los hombres hablaban de las faenas del campo mientras las mujeres escuchaban en silencio. Hoy en día, por algunas de esas pequeñas calles, solo se oye el viento y el canto de algunos pájaros, que son los únicos dueños del lugar.
Hasta los años 50 o 60 del pasado siglo, todos esos llogarets, que en su precioso libro nos descubre y nos da a conocer Pep Ramis, eran habitados; sus casas, humildes pero entrañables y llenas de amor, hacían que existiera la vida. El campo vivía, por sus caminos de tierra caminaban los carros tirados por burros o mulos. El campo estaba vivo y montadas en los carros iban las bellas “payesas” (2) a ayudar en la recolección de las almendras o a los pequeños huertos, donde sus manos artesanas sabían con paciencia y delicadeza enristrar los tomates de “ramallet” (3), joya gastronómica indispensable para un buen “pa amb oli” (4) . la mayoría de esos pequeños núcleos poblacionales quedaron mudos, olvidados; las gentes que lo habitaron, unos por fallecimiento y otros por desgana, pues el campo da mucho trabajo y pocas son las ganancias, abandonaron sus casas y se dedicaron a trabajos más seguros, en el ámbito de la construcción y de la hostelería. Las humildes casas y el campo se quedaron abandonados, las chimeneas no volvieron a ser encendidas de nuevo y, en algunas de ellas, desconchadas, aún existen cenizas del último fuego en que se preparó la última comida, para que recoger las cenizas…, sobre una pared amarillenta todavía existirá un plato roto, recuerdo de alguna abuela. Todo está en silencio, abandonado, por eso es por lo que Pep Ramis ha sabido, con su cámara y su sensibilidad, adentrarse entre los recuerdos olvidados y hacerlos florecer en la actualidad.
Pep Ramis, con su bello libro, ha sabido llevarnos a un mundo de magia, latente, vivo, en el recuerdo de algunas personas que habitaron esos lugares, o que, un día, gentes venidas de lejanos lugares visitaron y quedaron sorprendidos por su belleza, serena y nostálgica.
Debo afirmar que, para mí, ha sido todo un placer y un agradable descubrimiento conocer esos bellos rincones de Mallorca, ignorados por muchos, donde la desidia ha prevalecido casi siempre y las autoridades competentes no han hecho nada por salvaguardar una parte muy importante de la historia y las costumbres de Mallorca. A través de las páginas de este magnífico libro de Pep Ramis, he podido adentrarme en el espíritu de esas casas y esos elementos, a veces sin ninguna importancia a primera vista, pero Pep, con su vista aguda y el objetivo sensible de su cámara, nos adentra dentro de esos recovecos, inescrutables: una ventana abierta casi a punto de caerse, una cortina rota y deshilachada que se quedó tapando la entrada de una casa y que el viento hace tremolar como diciéndole adiós a los que un día marcharon y no volvieron jamás. Afortunadamente, la mayoría de los llogarets, que en su magnífico libro nos describe Pep, no solamente han pervivido, sino que han incrementado
Su población, de modo que, más que de aldeas, se puede hablar de pequeñas poblaciones, que disponen de todo lo necesario para poder vivir con una cierta comodidad, a saber: farmacia, supermercado, bares,
Restaurantes, médico y servicio religioso, etc… pero ya no se los puede llamar “llogarets”, eso es otra cosa. Esos pequeños llogarets eran la brevedad, el silencio, la armonía, la paz que a veces ahogaba, y era toda una fiesta cuando llegaba sin esperarlo un “foraster” (5)… pep, que, además de experto fotógrafo, es un magnífico escritor, nos describe muy amenamente cada núcleo visitado por él: su historia, sus costumbres y los personajes destacados de estos llogarets. Algunos de ellos jamás los había oído nombrar, y eso que he visitado muchos, como: Biniarroi, Binibassi, Binifalet, Cas Canar, Jornets, Laiar, Son Valls, etc. Lugares que recomiendo que vayan a conocer a quien aún no haya tenido la suerte de pasear por sus diminutas calles, llenas de maleza, de recuerdos y de olvidos.
Os recomiendo también que leáis el libro de nuestro amigo y compañero del Granada Costa, y que os adentréis en esos rincones maravillosos y casi desconocidos de Mallorca. Pep ha sabido magistralmente hacer de guía y enseñarnos un paisaje remoto pero muy presente de Mallorca. Volvamos a caminar por sus calles, por sus caminos de tierra, entremos en sus casas derruidas y sentiremos el aliento de las gentes que lo habitaron, que sufrieron, rieron y amaron; ellos siguen presentes, sus espíritus viven en todos los rincones de las casas y aún se oyen las risas de los niños y el sonido del trajinar en las casas de las mujeres payesas, de nuestras queridas mujeres payesas. Gracias Pep, con la lectura de tu precioso libro me has hecho adentrarme más profundamente en rincones de nuestra isla que aún no tenía la suerte de conocer. Te prometo que los visitaré y estoy seguro de que, al igual que tú, sabré encontrar ese espíritu que enaltece el alma.
(1) ”Llogarets”: aldeas, alquerías.
(2) ”Payesa”: mujer campesina.
(3) “tomates de “ramallet”: tomate enristrado. Típico de Mallorca.
(4( “Pa ambo li”: pan restregado de tomates.
(5) “forasters”: forastero.
Marcelino Arellano Alabarces
Palma de Mallorca






Hola, soy Bernat Garau, redactor de la revista In Palma, de Mallorca. Estoy haciendo un reportaje sobre ‘Llogarets de Mallorca’ y me gustaría contactar con Pep Ramis para entrevistarlo dado su conocimiento sobre el tema. ¿Tenéis su contacto?
Muchas gracias, un saludo!
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