Libro Recomendado «Desde La Isla de Donoussa» de Carlos Benítez Villodres
Podrá leer el libro entero a través de este enlace «Desde la isla de Donoussa»
PRÓLOGO
El poeta malagueño Carlos Benítez Villodres viajó a la isla de Donoussa al alba de su juventud (18 años). Allí permaneció tres meses que para él fueron veinticuatro horas, ya que el tiempo que allí estuvo le pareció sumamente corto, y más corto aún tras el paso de algo más de cinco décadas (1965-2018). Los nativos de esta isla de las Cícladas lo acogieron con sumo cariño y bondad, lo mismo que él a ellos. Durante el tiempo que estuvo en la isla, ya mencionada, hizo excelentes amistades, que aún hoy las sigue manteniendo por medio de correos electrónicos, aunque antes de surgir el ordenador las mantuvo por correo normal.
Yo que estuve en esta isla y en otras del Egeo, aunque muchos años después, puedo afirmar que todos estos paraísos son de una belleza extraordinaria, y sus habitantes son sumamente acogedores, alegres, generosos…
Cuando dialogué con Benítez Villodres para la creación de este Prólogo pudimos comprobar los dos las diferencias acaecidas en estas islas desde que él estuvo a cuando yo las pisé por primera vez en el año 2010. Obviamente, el progreso es imparable. Desarrollo este que sucede en cualquier ciudad, pueblo, alquería… del mundo para beneficio de todas las personas que vivimos actualmente. Es evidente que, en ciertos lugares del planeta Tierra, ese avance ha sido mínimo o ni siquiera se ha producido.
Antes de regresar nuestro poeta a España, solicitó a la Embajada de España en Grecia que deseaba que lo recibiera el embajador de nuestro país en la nación helena. Por supuesto, que el diplomático D. Federico Díaz de Isasi lo recibió el 24 de setiembre de 1965 en el palacete, donde tenía su sede dicha Embajada. Carlos Benítez le expuso, entre otras muchas cosas, al Sr. Díaz de Isasi que tenía pensado escribir un poemario sobre su visita a las islas del mar Egeo, en especial a la de Donoussa, pues poseía un sinfín de notas sobre su estancia en dicha isla y en otros lugares isleños de las Cícladas. El embajador lo animó a llevar a cabo el ya mencionado proyecto poético. Lo que no sabía Carlos era que el libro lo escribiría al cabo de muchos años (2017). Por ello, nunca supo nuestro embajador en Grecia de que dicho proyecto no llegaría a realizarse hasta varias décadas después. Asimismo, nuestro poeta desconoce la actual dirección de D. Federico Díaz.
Carlos Benítez Villodres es un virtuoso de la Mitología griega, pues siempre lee y estudia todo cuanto cae en sus manos sobre este conjunto de mitos, tan bello y enriquecedor como extenso y profundo. Sobre dicha Mitología trata la primera parte del libro “Desde la isla de Donoussa”.
El presente poemario lo dividió nuestro poeta en cuatro partes: “En el corazón de la Mitología friega” (16 poemas), “Cerca de los pecios del Glaukos” (16 poemas), “De paseo por Donoussa” (14 poemas), “De visita a otras islas del Egeo” (15 poemas). Concluye esta obra con un “Epílogo”, en el que podemos leer un bellísimo poema compuesto por versos emotivos, atrayentes y placenteros.
Nuestro poeta emplea, en “Desde la isla de Donoussa”, poemas monoestróficos y poliestróficos, donde proliferan, desde el punto de vista de la métrica, composiciones isométricas y heterométricas. Ambas están formadas, en su totalidad, por versos heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos. En cuanto a los procedimientos retóricos, Benítez Villodres utiliza principalmente ciertas figuras correspondientes al plano morfosintáctico y al léxico-semántico.
La erudición y el ingenio, los sentimientos y la autorreflexión, los valores humanos y literarios… del poeta malagueño, como principios básicos de su poder creativo, se fusionan con la belleza y el misterio de la poesía, lo cual le proporciona a su quehacer poético una magnificación y exuberancia literarias sumamente valiosas para el lector amante de la poesía.
La planificación de los hechos, la estructura y los recursos literarios de estos poemas, así como el análisis exhaustivo y profundo de lo relatado en cada una de estas creaciones líricas, la firme consistencia de las ideas mostradas y de sus derivadas, el hilo que conduce dicha exposición… solean y enaltecen aún más esta obra ya de por sí sublime, la cual nos permite adentrarnos profundamente en la Mitología griega y en un pasado no muy lejano desde un estrato global y, al mismo tiempo, en parcelas impregnadas de lógica formal, de madurez toda plasticidad, de nuevos horizontes… al más puro estilo juanramoniano.
La inmensa fortuna, tanto espiritual como humana, que posee Carlos Benítez Villodres, es decir, todo aquello que palpita en su psique porque el mismo le dio vida, el autor lo transforma en palabra, y esta se hace voz que se expande por la vida para engrandecer su riqueza íntima, ya de por sí bastante crasa por los valores que cultiva el poeta, y para penetrar en el cosmos interno de cada lector, haciéndolo copartícipe de su labor creadora. “La Poesía, manifiesta Pessoa, puede sanar todos los males. Es una manera de sacar a la gente del surco de lo cotidiano”.
Para el poeta malagueño la gran apertura de pensamiento es una necesidad, una convicción nata que le permite donar, con rigor y portento, lo mejor de sí mismo a sus semejantes.
Benítez Villodres concibe la poesía como un canto célico a la humanidad, como una marcha continua de su yo por los mundos de las libertades, por lo tanto, no olvidemos que “la poesía, dice Rabindranath Tagore, es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”. Ese eco de la melodía del universo no sólo es la poesía, sino que también es ese caminante que va al encuentro de su propia identidad, como hombre y poeta, y que lleva, en este periplo, el conjunto de sus vivencias, la cultura que a lo largo de su vida ha ido recolectando y los frutos extraídos, por medio de la introspección, al ahondar en las simas más y menos profundas de su ser. Por lo tanto, la poética de Carlos, aunque basada en sus experiencias y en las directrices fenomenológicas del espíritu, de donde mana la acción de las fuerzas propias de los seres vivos, es sentimiento y sensibilidad en su estado más puro.
Al mismo tiempo, bajo un cielo sorprendente por sus proyecciones virtuosas, la poesía supone para nuestro poeta el hilo conductor que le lleva a practicar el cultivo del conocimiento y del espíritu, a través del cual el ser humano derrumba murallas, sonoriza silencios y levanta puentes para adentrarse en territorios acotados, desde donde elimina los obstáculos que le dificultan y a veces le impiden el acceso a otras órbitas que le conducirán a la búsqueda y posterior acrecentamiento de sus tesoros interiores.
Carlos Benítez Villodres le da esplendor a su creación poética, aumentando ese poder de atracción que actúa sobre el lector, introduciéndolo, con esa sutilidad y vehemencia tan propia de este poeta, en el universo de sus versos, es decir, en su intimidad más profunda.
“El libro es fuerza, manifiesta Rubén Darío, es poder, es alimento, antorcha de pensamiento y manantial de amor”. Extrapolando estas palabras del poeta nicaragüense a esta obra de Carlos, puedo decir que, además de lo expuesto por Darío, “Desde la isla de Donoussa” es un libro deslumbrante, que se introduce en nuestro corazón, como un canto alegre, como brisas de primaveras maravillosamente conmovedoras, pues, además de ser una obra muy pensada y trabajada, sus poemas son auténticos frutos de una metafísica plagada de calidades lingüísticas y literarias de primer orden.
Fernando Garrido Alcaide
Catedrático de Lengua y Literatura en la Universidad de Harvard
