La sonrisa de los ojos – A TODA COSTA
Una reflexión luminosa de Francisco Ponce sobre la “sonrisa de los ojos”: ese gesto imposible de fingir que conecta, genera confianza y humaniza en tiempos de prisa. Un pequeño acto revolucionario que vuelve el mundo más amable, aunque sea por unos segundos.

Hay expresiones que no necesitan labios
Son las sonrisas que viven en los ojos, esas que no piden permiso y que, cuando aparecen, iluminan más que una bombilla recién estrenada.
Porque seamos sinceros: la sonrisa bucal puede ensayarse frente al espejo, pero la sonrisa ocular no admite impostores. Los ojos son como ese amigo sincero que siempre dice la verdad.
La sonrisa en los ojos tiene algo de “superpoder” silencioso. No hace ruido, no interrumpe, no invade, pero conecta.
En tiempos de prisas, móviles y auriculares, una mirada risueña es casi un acto revolucionario. Un pequeño gesto de humanidad que atraviesa distancias y desarma defensas.

Además, tiene un valor añadido: genera confianza. Cuando alguien sonríe con los ojos, uno siente que puede bajar la guardia. Es como si el cerebro dijera: “tranquilo, esta persona no muerde… o, si muerde, lo hará con cariño”.
Esa mirada transmite cercanía, bondad y una empatía que no se aprende en manuales de autoayuda ni en cursos acelerados de carisma.
Lo curioso es que muchos poseedores de este “Don”, lo hacen sin saberlo, simplemente les brota innato.
Van por la vida repartiendo sonrisas oculares como quien reparte migas a las palomas, sin ser conscientes del bien que provocan. Personas cuya mirada te hace sentir un poco mejor, aunque el día venga torcido y el café esté frío.
Y sí, también hay un punto de atractivo. En el fondo, la sonrisa en los ojos es una manifestación directa de la empatía. Es un lenguaje universal que no necesita traducción y que funciona igual en un ascensor, en una reunión tensa o en la cola del supermercado.
Sugerencia mirar un poco más despacio, con menos prisa y más curiosidad. Porque al final, cuando los ojos sonríen, el mundo —aunque sea por unos segundos— parece más amable.
Y eso, hoy en día, ya es mucho.
Francisco Ponce Carrasco
