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LA PERVERSIDAD DE LA MENTIRA

“La perversidad de la mentira” es una reflexión contundente sobre la verdad, el engaño y el deterioro moral de las instituciones cuando la mentira se vuelve método de gobierno. Con citas y ejemplos históricos, el texto denuncia la manipulación, la corrupción y la pasividad social ante el abuso de poder.

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                    No admito que la verdad esté de parte de

                    quien grita más, y me avergüenzo de una

                   Institución que necesita mentir para mantenerse

                                      (Rabindranat Tagore)

       Le pregunté a un magistrado ya jubilado al que me une la amistad desde hace años, qué dice la Ley Natural sobre la verdad y la mentira. Su contestación fue escueta y sencilla: “La mentira para el cielo es un pecado, una ofensa a Dios. El 8º mandamiento de la Ley de Dios dice muy claro: “No mentirás ni levantarás falso testimonio”. La ley de los hombres está recogida en el artículo 458 que la penaliza según la gravedad, aunque en muchas ocasiones y según los jueces, circunstancias y otros muchos factores la justicia sea injusta y se violen las leyes.

   La mentira, la perfidia, el perjurio suscitan desconfianza entre los hombres, los odios, las disputas, las venganzas y una multitud de males que tienden a la destrucción común.

   En cambio, la sinceridad y la fidelidad establecen la confianza, la concordia, la paz e infinitos bienes para la sociedad”.

   Somos una nación numerosa y parece que no tenemos cabezas para pensar ni brazos para trabajar; poseemos una tierra extensa y fértil con buen clima y expertos labradores y no tenemos producciones; somos activos, laboriosos, imaginativos y con iniciativa y somos un país pobre y endeudado; pagamos elevados tributos y todo el país está en el mayor de los abandonos: carreteras, trenes, vivienda, el campo, la industria, infraestructuras… Estamos, en teoría, en paz con todos nuestros vecinos y nuestras vidas y nuestros bienes no están seguros; ayudamos con cantidades millonarias a otros países y dejamos que el nuestro se arruine poco a poco; hasta hace pocos años España era una nación rica y respetada en todo el mundo y en la actualidad es pobre, y en cuanto a respeto, su valoración es ínfima y nada fiable. ¿Cuál es el demonio oculto que nos está devorando?

   Un escritor político inglés T. B. MACAULAY hizo este diagnóstico sobre nuestro país: “Todas las causas de la decadencia de España se sintetizan en una sola: el mal gobierno”.

   Le pregunto a mi amigo el exmagistrado, si está de acuerdo con este diagnóstico, y como es religioso y practicante pues me contesta con palabras del Evangelio de San Lucas: “San Juan Bautista envió a dos de sus discípulos a preguntarle a Jesucristo si él era el Mesías esperado. Jesús le contestó lo siguiente: “Id a contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados”. Estaba muy claro lo que pensaba de nuestro Gobierno.

Ni las palabras ni los pensamientos deciden la Historia sino los hechos. Y los hechos que tenemos son desastrosos, sólo percibimos ruina, corrupción y mentiras. “La economía va como una moto”, después, “como un cohete”, y la realidad es que va en “Falcon”.

     Cuando un gobierno se ha enriquecido con la política, que ha vulnerado las leyes, la Constitución en provecho propio, de sus familiares, amigos y otros intereses ajenos a su pueblo al que representa y están para defenderlo, es que se ha convertido en un tirano, rodeado de una caterva de aduladores dispuestos a obedecerle, ante un pueblo pasivo, resignado y aterrorizado. No habrá cosa que no haga para mantenerse en el poder. Es una pasión insana por el poder sustentado en la mentira, porque un narcisista sin aduladores, un poderoso sin poder, un intrigante gastado, un farsante sin público, un político liquidado, es siempre lo más despreciable y miserable del mundo.

      En una república de estas que llaman “bananeras”, un parlamentario que carecía de estudios, de moral y de ética, pues su profesión anterior había sido la de vendedor ambulante, le preguntaron cuál era su actividad en el parlamento. Su contestación fue ésta: “Hacer parecer grandes las cosas pequeñas; las mentiras hacerlas verdad y la verdad mentira”. Esto es lo que tenemos en España. Otro ejemplo. La rusa Helena Blavatsky, espiritista y fundadora de la Teosofía que aseguraba que hablaba con los muertos, fue acusada y detenida por engaño y mentiras. En su defensa dijo al juez esto: “Usted comprenderá que para gobernar a los hombres es menester engañarlos”. ¿Algún parecido con el gobierno de España? Hasta San Gregorio Naciancieno patriarca de Constantinopla en el siglo IV estaba en contra de algunos predicadores y escribió lo siguiente: “No es menester más que un poco de charlatanismo para engañar al pueblo. Cuando menos comprende, más se admira. Nuestros doctores han dicho muchas veces, no lo que pensaban, sino lo que les hacía decir las circunstancias y la necesidad”.

   Pues claro, nadie muere por mentir y por eso en España han asaltado el poder los pícaros, los farsantes, los mentirosos y toda clase de aventureros que han convertido a la que fue la más grande  de las naciones en un país de 3ª o 4ª y a un pueblo ridículo y sin respeto.

Lejos quedan aquellas palabras del poeta y diplomático nicaragüense Rubén Darío: “Ser español es como tener un título de nobleza y las puertas abiertas en todo el mundo”. ¿Cuándo volveremos a tener los españoles ese timbre de calidad? sin duda, cuando lo tenga el Gobierno.

Rogelio Bustos Almendros

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