La Navidad que detuvo el tiempo
Henry tenía los pies helados bajo esas botas rotas, por donde le entraba el barro y la escarcha. Aquellas heladas le habían cortado la piel del rostro tantas veces que lo tenía áspero como el pedernal. Pero él se decía que al menos todavía no tenía cangrena por la enfermedad del pie de trinchera, como se le conocía y por la que habían muerto ya muchos soldados. La trinchera que había sido su hogar en los últimos cinco meses, se inundaba una y otra vez. Los cuerpos de soldados caídos de un lado y otro de la contienda, yacían en la tierra de nadie como llamaban al espacio que les separaba de las zanjas enemigas. Estaban cansados y desalentados, llevaban demasiado tiempo sin ver a sus familias y aquel era un día especialmente triste. Por alguna razón un extraño silencio ocupaba ahora el lugar del incesante silbido de balas y gritos.
–¿Oyes eso? –dijo Henry.
–¿El silencio? –contestó otro soldado británico.
–No, parece una canción.
–Sí, es una canción de navidad que cantan los alemanes. –dijo el soldado británico que era el intérprete.
Henry se asomó con cuidado, las trincheras alemanas estaban a poco más de treinta metros y pudo oír sus villancicos y como colocaban luces en las trincheras. Era la nochebuena de 1914 en plena guerra mundial, entre el frente británico y el alemán. La guerra más sangrienta y devastadora que se había conocido hasta entonces.
En respuesta, Henry empezó a cantar y los soldados británicos dentro de aquella trinchera entonaron una canción de navidad también, que escucharon los alemanes con atención para terminar aplaudiendo, detrás de esta muchas otras hasta terminar cantando “Noche de paz” todos juntos, un villancico de origen alemán pero conocido por todos. Oír a ambos bandos cantar la misma canción debió ser lo más emotivo que se haya oído jamás.
–Feliz Navidad. –gritó el intérprete alemán–. Si vosotros no disparáis, nosotros tampoco.
Henry salió y fue caminando sin armas hasta a aquel oficial alemán que le ofreció un cigarro y estrecharon sus manos. Poco a poco fueron saliendo soldados de ambos lados del campo, y comenzaron a intercambiar regalos y a enseñar las fotos de sus familias, al fin y al cabo, eran seres humanos, a los que otros que precisamente no estaban allí les habían ordenado matarse entre ellos. Salieron de sus trincheras embarradas anhelando un trocito de humanidad entre las atrocidades de aquella Guerra. Aquello se convirtió sin que ellos lo supieran en la tregua más famosa de la historia. Descubrieron que “el enemigo” no eran horribles hombres como les habían hecho creer, sino que eran jóvenes de su misma edad, que tenían más en común de lo que pensaban, eran hombres que estaban sufriendo el mismo frio y que echaban de menos a sus familias igual que ellos.
Primero se permitieron enterrar a los caídos, presentando ambos bandos sus respetos y después hicieron hogueras alrededor de las cuales cantaron y rieron, intercambiaron comida, se hicieron fotos y más tarde jugaron un partido de fútbol histórico, en que se respetaron las normas aún sin tener árbitro. Sabían que aquella tregua no era oficial y que los altos mandos la condenarían, pero aquel día no sonó ni un solo disparo, celebraron la navidad.
Casi cien años más tarde, dos descendientes de aquellos hombres que se dieron la mano, volvieron a reunirse en el mismo lugar y estrecharon sus manos, aquel gesto se convirtió en una escultura que eterniza a dos soldados, uno inglés y otro alemán y en el medio, una pelota de fútbol. Se llama «All together now» y es obra de Andy Edwards de Stoke.
Ya es sabido por casi todos que el origen de la navidad no tiene nada que ver con el nacimiento de Jesús. Pero ya poco importa su origen. Lo importante es lo que llegó a lograr en las personas, creyentes o no. Algo de mágico debe tener para detener una guerra, para hacer surgir la humanidad y los deseos más nobles hacia los demás. Un día especial en el que la familia desea reunirse, un día emotivo que hace emerger a la luz las emociones más profundas, risas y lágrimas. Todavía hoy día perdura ese espíritu. Dentro de cada uno de nosotros también está ese anhelo por un trocito de humanidad. Cuando este año celebres la navidad con tu familia, valora lo que tienes, recuerda a aquellos hombres, muchos de ellos no volvieron a casa, pero aquel día fue de verdad especial.
Manuel Salcedo Gálvez
Manuel Salcedo me ha gustado tú cuento, Feliz Navidad:)))
Gracias Katy, Feliz Navidad.