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LA NAVIDAD ES EL NACIMIENTO DE JESÚS Y LA VENIDA DE LOS REYES MAGOS

Artículo testimonial de Carmen Carrasco que reivindica la Navidad cristiana tradicional: el nacimiento de Jesús, los Reyes Magos y los recuerdos de infancia. Critica la deriva comercial y la sustitución simbólica por Papá Noel, e incluye dos poemas y una felicitación final a Granada Costa.

7 r

25 de DICIEMBRE. Nochebuena en los corazones que sienten la venida del Niño Dios, auténtico protagonista y motivo de la Navidad. Es la conmemoración del mayor acontecimiento de la historia que cambió la humanidad hace 2025 años. Es sentir el espíritu de la Navidad para los creyentes, para los que creemos que nuevamente Dios bajó de los Cielos y nació en un humilde portal de Belén adorado por sencillos pastores que venían a ofrecerle sus humildes presentes: miel, queso, pan, alguna ovejita, y, sobretodo, su amor. ¿Leyenda en esa noche fría? Es la santa tradición de muchos siglos de religión cristiana y la religión es para creerla, no para pensarla, pero, sobre todo, para sentirla.

     Hermosas Nochebuenas las que, después de la cena familiar, se cantaban villancicos alrededor del belén, acompañados de panderetas, zambombas, cañas en las puertas, y la botella de anís del Mono rascado por una cuchara.

Luego, era tradición asistir a la misa del gallo, dando las doce de la noche, besar los pies del Niño y volver a casa llenos de paz, deseándonos todos una Feliz Navidad. Sí, una Feliz Navidad, no unas “felices fiestas”. ¿Fiestas? ¿De qué? ¿De carnaval? ¿De disfraces? ¿Laicas?

     Me da pena que el auténtico protagonista de ellas haya dejado de ser el nacimiento del Niño Jesús, sustituido por un muñeco copiado del extranjero, (no San Nicolás, que ese sí es cierto que existió), que unas veces era de color verde, otras rojo o de cualquier otro color según el producto que anunciara.

Y esa noche en que nació Jesús fue anulado, o sustituido, esperando los regalos de “Papa Noel”, anunciado hasta la saciedad y esparcido por todas partes. De pena, lo siento así, pues esa noche, la Nochebuena, es la noche del Niño Jesús.

Las estrellitas que hay en el cielo

forman un velo de blanco tul.

Y se destaca como ninguna

la clara luna en el cielo azul.

Todas son piedras preciosas

que han venido a descender

a la cuna donde duerme

el Niñito de Belén.

     Soy partidaria, y además me encanta, que se adornen los hogares con los preciosos abetos, a cual más originales. Abetos artificiales, cuya imitación es casi perfecta, no arrancando millones de árboles para luego, una vez que ya no sirven, tirarlos a la basura. Son seres vivos que arrancamos a la madre Naturaleza que tan generosa es con los humanos y a la que debemos cuidar y respetar.

Y no hablemos de esos gigantescos pseudo pinos a ver qué ciudad lo pone más pronto y más alto, que casi roce el cielo, cual torre  de Babel, rivalizando para epatar a los de otras localidades. Crematísticamente son “muy rentables”, claro, por los numerosos visitantes que curiosos acuden a ver el espectáculo.

Y si se trata del alumbrado, ya no hablemos. A ver quién pone más luces, más bombillas, más guirnaldas y demás aros, bolas e inventos que no tienen nada que ver con la Navidad. Ya no se ven ángeles, estrellas o Nacimientos en fachadas, sino tiras de luces asépticas colgando de grandes almacenes, calles y avenidas, cuando hace unos años las adornaban con preciosos motivos navideños.

EL ABETO Y LA LLUVIA

(naïf)

Un pajarito le dijo

que Jesús había nacido

en un humilde portal

junto a una mula y un buey,

ovejas y pastorcitos.

Él también quería adorarlo

mas, prisionero en la tierra

y con profundas raíces,

imposible era moverse

pues era tan solo un árbol.

Su corazón de madera

con gran tristeza latía

queriendo ir a Belén

para acompañar al Niño

aquella noche tan fría.

Al no poder ver al Niño,

qué triste estaba el abeto.

Todos iban al pesebre

llevándole sus regalos,

¡y él estaba prisionero!

Y de pronto, cual milagro,

cayó una lluvia del cielo

que la tierra remojó

removiendo sus raíces

y arrancándolas del suelo.

Y feliz el arbolito

hasta Belén caminó

cruzando alegre los campos.

Y postrado ante el portal

al Niño Dios adoró.

     En cuanto a los Reyes Magos, desplazados igualmente por el “Noel”, sucede exactamente lo mismo. Los niños ignoran ahora quiénes fueron y que una estrella mágica los dirigió hasta el portal para adorar a un Niño Dios y ofrecerle: Oro, como rey. Incienso como hombre. Y mirra como Dios.

Lo único que saben, salvo excepciones, claro,  es que la noche de Reyes salen suntuosas cabalgatas con tres personajes coloristas subidos en carrozas y repartiendo caramelos. Quizá, con suerte, lleguen a saber que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar y que esa noche, por supuesto, van a recibir de nuevo regalos.

Solo los muy pequeños aún conservan la inocencia e ilusión que antaño se tenía, aunque fuésemos mayores.

De niña solo recibíamos regalos la noche de Reyes que, para todos, chicos y grandes, era mágica, pues siempre había alguna sorpresa. No esa profusión de juguetes que los pequeños sacan de las cajas y los abandonan enseguida para abrir más cajas con más regalos, y más cajas con más regalos…

Lamentablemente, hay niños en el mundo para los cuales no hay ningún regalo de Reyes.

    De pequeña,  y como anécdota, recuerdo que un año me trajeron unan enorme pelota y a las seis de la mañana, ya despierta y nerviosa por ver qué me había traído Baltasar, mi favorido, me levanté a jugar con ella cantando: Tengo una pelota que salta y bota. Cuando se me rompa tendré otra. No dejando dormir a los vecinos de al lado que, de seguro, estarían deseando que se me rompiese la dichosa pelota.

Otro año me trajeron una preciosa muñeca, la Gisela, que aún conservo. Aquel año Sus Majestades fueron muy generosos conmigo. Será que me habría portado bien y no hice demasiadas travesuras.

¡Ah! Y en Melilla los Reyes venían antes en camellos de verdad. Y Baltasar era negro, como debe ser, no esos famosos pintarrajeados cuya pintura, medio descolorida, muestra una cara llena de churretes blancos y negros.

Afortunadamente, parece ser, que ahora ya sale el auténtico Baltasar morenito.  

TRES SILUETAS REALES

Por el horizonte

se ven las siluetas

de tres personajes

de lejanas tierras

portando presentes.

Siguendo una Estrella.

vienen desde Oriente.

La Estrella divina

que con sus destellos,

por ruta estelar,

a los Reyes Magos

guía hasta el portal.

Y ante aquel Infante,

a sus pies postrados

con gran humildad,

le ofrecen su oro,

le ofrecen su mirra,

le ofrecen incienso,

Y adorando al Niño,

que en su humilde cuna

feliz sonreía,

su misión cumplida,

marcharon en paz.

Por el horizonte,

y a lejanas tierras

camino de Oriente,

se ven tres siluetas

por Dios bendecidas.

     Bueno, diréis que hoy me he levantado reivindicativa de las Navidades tradicionales y le he dado un buen vapuleo a la actual Navidad, medio laica y comercializada, pero es que añoro mucho las de mi niñez con sus dulces caseros y la inocencia, ingenuidad y alegría de aquellos años. Y es que ya me he hecho mayor… Habéis de disculparme.

Pero… es Navidad y, aunque cuando leáis esto ya haya pasado, os deseo a toda la gran familia de Granada Costa un feliz año 2026. Mucha salud, lo primero, paz, armonía y éxitos personales y literarios, y en especial a su presidente, D. José Segura Haro y familia.

Sed felices y sigamos creyendo que un 25 de Diciembre una estrella de Oriente bajó de los cielos para alumbrar a un recién nacido: el Niño Jesús.

Vuestra amiga Carmen Carrasco.

Carmen Carrasco Ramos, Delegada Nacional Granada Costa

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