LA FUENTECILLA
Poema de Marcelino Arellano que evoca la naturaleza, el paso del tiempo y la esperanza. Una metáfora sobre la vida, donde todo muere y renace con cada primavera.

Había una fuentecilla de agua oculta.
Oculta, entre carrizales y adelfas.
De noche la luna se reflejaba
en el agua de la fuentecilla quieta.
Sobre esta, unas flores de oro, granas
dejada allí la semilla, por un pájaro errante,
creció al refugio del agua cercana
bajo el espeso manto de los eucaliptos.
A veces, hasta la fuentecilla viva,
tras el duro caminar por los senderos,
les llega el penetrante perfume de las flores
que siempre están frescas y elegantes.
Pero llegará el verano y las flores, al amparo
de los altivos y grandiosos árboles,
se secarán pues hasta ellas ya no llega
por el aire la humedad del agua.
Pero sus semillas quedarán en la tierra
esperando de nuevo la primavera.
Brotará de nuevo la fuentecilla
y servirá de descanso para los caminantes.

