LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER Y LA MUERTE DE LOS RECUERDOS

La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia en Occidente. La mayoría de los pacientes inicia los síntomas de la enfermedad a partir de los 65 años, aunque un debut temprano, antes de los 40 años, también puede ocurrir, especialmente en aquellos casos afectados de una forma hereditaria de la enfermedad. La prevalencia de esta patología se dobla cada cinco años a partir de los 60, de forma que afecta a un 1% de los pacientes a los 60 años, a un 2% a los 65 años y a un 4% a los 70 años.
¿Cómo afecta la enfermedad de Alzheimer al cerebro? Los cambios que tienen lugar en el cerebro comienzan a producirse a nivel microscópico mucho antes de que las primeras señales de pérdida de memoria se hagan patentes.
El cerebro posee 100 billones de neuronas (células nerviosas). Cada neurona se conecta con muchas otras para formar redes de comunicación. Además, el cerebro cuenta con otro tipo de células que tienen la misión de ayudar y proporcionar alimento a las neuronas.
Cada grupo de neuronas tiene un trabajo especial. Algunos grupos nos permiten pensar, aprender y recordar. Otros nos ayudan a ver, oír y oler. Mientras que otros ejecutan la misión de dirigir el movimiento de nuestros músculos.
Las células cerebrales operan como si fueran pequeñas fábricas. Reciben provisiones, generan energía, construyen equipos y eliminan desperdicios. También procesan y almacenan información y se comunican con otras células. Para llevar a cabo todo esto de forma correcta se precisa de grandes cantidades de combustible, de oxígeno y de sistemas que lo coordinen adecuadamente.
En la enfermedad de Alzheimer no se sabe dónde empiezan los problemas pero, como en una auténtica fábrica, las averías e interrupciones en un sistema causan problemas en otras áreas. Mientras el daño se extiende, las células pierden la habilidad de hacer su trabajo y eventualmente se mueren.
¿Cuál es el papel de las placas y los ovillos en la enfermedad? Los cerebros de las personas con Alzheimer tienen placas y ovillos en abundancia. Las placas son depósitos de un fragmento de una proteína llamada «beta-amiloidea», las cuales se acumulan en los espacios existentes entre las neuronas. Los ovillos, en cambio, son fibras retorcidas de otra proteína denominada «tau», que se acumulan en el interior de las células.
Aunque los estudios llevados a cabo en autopsias indican que la mayoría de la gente desarrolla algunas placas de beta-amiloide y ovillos neurofibrilares al envejecer, las personas con el mal de Alzheimer poseen muchas más. Dichas placas y ovillos se irán depositando siguiendo un patrón predecible, pues comenzarán a acumularse en áreas importantes para la memoria antes de hacer lo propio en otras regiones.
Aún hoy día, los científicos no saben exactamente qué papel desempeñan las placas y ovillos en la enfermedad de Alzheimer. La mayoría de los expertos cree que juegan un papel fundamental bloqueando la comunicación entre neuronas e interrumpiendo los procesos que las células necesitan para sobrevivir.
La destrucción y la muerte de las neuronas es lo que causa la pérdida de memoria, los cambios en la personalidad, los problemas para llevar a cabo de forma correcta las actividades diarias, etc.
¿Cuáles son los factores de riesgo que hacen que aumente la probabilidad de desarrollar la enfermedad? 1. La edad: es el factor de mayor riesgo. 2. El sexo: es más frecuente en mujeres. 3. El historial genético familiar: los resultados de los estudios científicos indican que aquellas personas que tienen un familiar de primer grado con Alzheimer presentan un riesgo más elevado de desarrollar la enfermedad. Esto se explica porque en aproximadamente el 25% de los casos la historia clínica revela antecedentes familiares, lo cual puede ser debido a la presencia del alelo E4 de la apolipoproteína E en el cromosoma 19. Hay que destacar que no todo aquel que posea este alelo desarrollará más tarde o más temprano Alzheimer, mas se ha visto que están asociados en cierta medida. 4. La historia de traumatismo craneal previo.
¿Cuáles son las 10 señales de advertencia de la enfermedad de Alzheimer? Puede ser difícil saber la diferencia entre un cambio típico relacionado con la edad y la primera señal de la enfermedad. Ha de preguntarse si este cambio es algo nuevo. Por ejemplo, si la persona nunca tuvo aptitud para sumar y restar, el tener problemas con esta tarea, probablemente, no sea una señal de advertencia. Pero si su habilidad de sumar y restar se ha deteriorado mucho, debe compartir esa información con su médico.
Algunas personas reconocen los cambios en sí mismas antes de que se den cuenta los demás. Otras veces son los familiares o amigos los que se percatan de ello con mayor prontitud.
Por esto, la Alzheimer’s Association ha creado una lista de señales de advertencia de la enfermedad. Cada individuo puede experimentar una o más de estas señales en distintos grados de intensidad. Si le preocupa alguna de ellas, acuda a su médico lo antes posible.
1. Cambios de memoria que dificultan la vida cotidiana: olvidar información recién aprendida, fechas o eventos importantes. Pedir la misma información repetidamente. 2. Dificultad para planificar o resolver problemas. 3. Dificultad para desempeñar tareas habituales en la casa, en el trabajo o en su tiempo libre. 4. Desorientación de tiempo o lugar. 5. Dificultad para comprender imágenes visuales y cómo objetos se relacionan uno al otro en el ambiente: tener problemas visuales, dificultad en leer, juzgar distancias y determinar colores o contrastes. 6. Nuevos problemas en el uso de palabras en el habla o en lo escrito: dificultad en seguir o participar en una conversación. 7. Colocación de objetos fuera de lugar y la falta de habilidad para volver sobre sus pasos: a veces acusan a otras personas de haberles robado. 8. Disminución o falta del buen juicio: regalar grandes cantidades de dinero a las personas que venden productos y servicios por teléfono o descuidar el aseo personal. 9. Pérdida de iniciativa para tomar parte en el trabajo o en las actividades sociales. 10. Cambios en el humor o la personalidad: las personas afectadas pueden llegar a estar confusas, deprimidas, temerosas, ansiosas y sospechar de otras. Se pueden enojar fácilmente en casa, en el trabajo, con los amigos o en lugares donde están fuera de su ambiente.
¿Cuál es el tratamiento más apropiado? Hoy en día no existe una cura definitiva para el Alzheimer y ninguna manera de detener la muerte de las células cerebrales. Sin embargo, sí se dispone de algunos fármacos que pueden retrasar, en determinadas etapas de la enfermedad, la progresión de la patología.
Se utilizan los anticolinesterásicos o inhibidores de la acetilcolinesterasa, fármacos que elevan los niveles de acetilcolina en el cerebro. Donepezilo, Rivastigmina (también disponible como parches transdérmicos) y Galantamina están indicados en las primeras etapas de la enfermedad. Con estos medicamentos se mejoran las fases iniciales y moderadas de la patología, retrasando el deterioro de la memoria y la atención. La Memantina es el último fármaco introducido en España, el cual se emplea en las etapas moderadas y severas. Este tipo de tratamiento específico se combina con otro sintomático, que se administra a medida que el paciente va denotando diversos síntomas que acompañan al mal de Alzheimer, tales como la depresión, estados de agitación, alteraciones del sueño, o complicaciones más tardías del tipo incontinencia de esfínteres, estreñimiento, infecciones urinarias, úlceras provocadas por la inmovilidad o tromboflebitis.
La vacuna AN-1792, de reciente aparición, se basa en una forma sintética de la proteína beta amiloide, proteína que conforma las placas en los cerebros de los pacientes con Alzheimer y que estimula al sistema inmunológico para eliminar dichas placas ya formadas y, al mismo tiempo, evita la aparición de otras nuevas.

