HACES DE LUZ PERO, ¡¿“DIOS HA MUERTO”?!.
PERO, ¡¿“DIOS HA MUERTO”?!. Dice la voz popular: “Aquel que empieza una
obra / razón será que la acabe, / para que nunca se diga / que la dejó por cobarde”, tomada de “A mi sombrero, flor de romances”, del poeta granadino Rafael Delgado Calvo-Flores, pág. 5 (Granada, 2017). Esta copla me ha llevado ineludiblemente a proseguir mis reflexiones sobre la razón óntica del fundamento de mi fe: CRISTO. Nuestro venerable y admirado Papa Francisco nos exhorta a que “ no nos dejemos robar el fundamento de nuestra esperanza que es precisamente éste: XRISTÓS ANESTI: “Cristo ha resucitado”.
Mateo, al final de su Evangelio, cuenta los últimos acontecimientos de la vida terrena de Jesús. El ha resucitado y ha llevado a cumplimiento su misión: anunciar el amor regenerador de Dios por cada criatura y volver a abrir el camino a la fraternidad en la historia de los hombres. Para el evangelista Mateo, Jesús es el Dios con nosotros, el Enmanuel prometido por los profetas y esperado por el pueblo de Israel. No podemos, pues, tener miedo a enfrentarnos a cuantos han tratado no sólo borrar la “imagen innata” de Dios en el ser humano, sino todo lo que haga referencia al cristianismo. De ninguna manera. Cristo, Hijo de Dios y Hermano Mayor nuestro, nos lo ha dejado dicho: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fín del mundo” (Mt 28,20).
Ahora bien, en la historia del ateismo, si prescindimos de las formas más antiguas y relativas, en el sentido de que se consideraban ateas todas las negaciones del “verdadero” Dios – o considerado como tal – ya fuese el Dios de la “polis o civitas”, o bien el de la revelación judeo-cristiana, y más tarde islámica, se distinguen para la época moderna las siguientes: “Ateismo ilustrado” y “Ateismo contemporáneo”, llamado “Humanista”, cfr. “Diccionario Teológico Interdisciplinar (I-II), pág. 501.
El primero ha sido calificado por mi admirado filósofo Jacques Maritain (1882 -1973) – convertido al catolicismo en 1906 por influencia de León Bloy – como “negativo”, mientras que al segundo se le ha llamado “positivo”; el primero insiste en las razones de la no existencia de Dios y por tanto en la crítica de las distintas clases de demostración, en la burla de las creencias y ritos religiosos, etc., retomando con frecuencia temas de la vieja polémica antirreligiosa; el segundo, por el contrario, aun cuando no omite la crítica negativa, pone todo su empeño más bien en el hombre como absoluto, es decir, de lo que se trata no es tanto de derribar los ídolos como de que el hombre tome conciencia de su propia autonomía (“humanismo”, por tanto, cerrado a toda trascendencia). Es aquí, pues, donde reflexionamos sobre el terrible problema del “Nihilismo” de FEDERICO NIETZSCHE (1844 – 1900). El afamado escritor francés Victor Hugo (1802 – 1885) nos dejó dicho que “…la negación de lo infinito conduce directamente al nihilismo” que, metafísicamente analizado, es la negación de toda realidad y de toda verdad, o la afirmación de la imposibilidad absoluta de conocerlas.
A vuelapluma, y antes que la memoria falle, debo subrayar la influencia del idealismo absoluto alemán (Kant) que, en cierto modo, es una trasposición de la teología cristiana – les diré a mis lectores que Fichte, Schelling y Hegel fueron, en sus inicios, estudiantes de teología – en clave espiritualista-inmanentista, en la cual lo absoluto es el espíritu humano en su devenir ético-histórico. Como también decir que no es casualidad que en la “izquierda hegeliana” surgieran los dos primeros exponentes del humanismo ateo contemporáneo: Feuerbach y Marx, quienes serán objeto de nuestras reflexiones teológicas.
Ahora bien, con Nietzsche y Sartre ya no estamos directamente en la línea hegeliana de la razón dialéctica; prevalece, por el contrario, de manera especial en Nietzsche, el mito dionisíaco del superhombre que impone su voluntad de poder. Fueron muhos los factores que intervinieron en la vida de Nietzsche, hijo de un teólogo, en el desarrollo de su filosofía nihilista. El ateismo fue para él no fruto de una conversión, sino una especie de institno de siempre, algo que existe de por sí, como he deducido de su obra “Ecce homo” (1889).
Se sabe perfectamente que tuvo en la infancia y en la adolescencia un sincero fervor religioso, fomentado por el ambiente familiar, y que lo que provocó la crisis “ fue el contacto con las corrientes intelectuales de la época, agnósticas, y en las que cristianismo y religión en general quedaban reducidas a una sublimación de las profundas aspiraciones humanas. La pérdida de la fe no se produce sin graves heridas internas. Nietzsche critica a Hegel (1770 – 1831), a quien considera como “el último obstáculo del ateísmo honesto” y prefiere a Schopenhauer (1788 – 1860), “el primer ateo convencido e inflexible que hemos tenido los alemanes”, dice en su obra “El eterno retorno”; defiende un ateismo lúcido, y del que puedan extraerse todas sus consecuencias. Nietzsche da por supuesto que Dios sólo existe en la conciencia de los creyentes, pero esta creencia es alienante, impide al hombre crecer y afirmarse; para desprenderse de ella de una vez por todas, más que rechazar las pruebas de la existencia de Dios, trata de mostrar la forma en que tales creencias han podido nacer e imponerse en la conciencia de los hombres. Y encuentra su motivación en el sentido de impotencia y desconfianza que se apodera del hombre en la búsqueda de la propia felicidad, como leemos en “Así habló Zaratustra” (1883).
Está admitido que el rechazo de Dios en Nietzsche es un aspecto y una consecuencia del rechazo de todo lo que pretenda imponerse al hombre, a su conciencia, tanto en el orden de lo verdadero como en el del bien. Este poder creativo del hombre – el superhombre – excluye toda referencia a Dios: “¿qué podría yo crear si hubiera Dios? Se pregunta Zaratustra. En este contexto, el deber moral, el “tú debes” lo llama Nietzsche “el “gran dragón” (Op. cit.pág.253)). De ahí precisamente su crítica encarnizada contra el cristianismo, religión de los débiles, que impulsa a someterse a la voluntad de Dios, a su palabra.
El eminente profesor Sánchez Trigueros, en su obra “El Hechizado”.Vaguerías , nos describe la “mala suerte” que le sobrevino, “en un hospital de los Alpes suizos”, a quien se atrevió anunciar que “Dios ha muerto”. “Y Dios, que no podía soportar el odio retórico, pensó por un momento en suicidarse, pero para qué ese esfuerzo inútil – se dijo – si voy a resucitar al tercer o cuarto día” (pág. 21). Una vez más volvía a repetirse: ¡“VENCISTE, GALILEO”!, de Juliano el Apóstata (332-363).
Para Nietzsche la religión, especialmente el cristianismo, es un crimen contra la vida; es también hipocresía (el hombre se busca a sí mismo); enemiga de la razón,sometida
a la fe; es intolerante: cree tener la verdad.
Alfredo Arrebola, Doctor en Filosofía y Letras
