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Ganad el sueldo, políticos. Cambio de actitud popular

En multitud de ocasiones, a lo largo de mis encuentros con alumnos, vecinos, compañeros de trabajo, y algunos de mis lectores, me han hecho propuestas para que representara o hiciese escritos  críticos con el fin de que hiciese llegar sus quejas a las Autoridades, bueno a algunas con el máximo respeto podríamos considerarlas así pero otras lamentablemente dejan mucho que desear pues viven del  cínico protocolo y de la desfachatez e irresponsabilidad que se han procurado para el cargo. Digo todo esto porque la gente tiene un espíritu crítico o cuanto menos no conformista, y una sensibilidad acorde con los tiempos desmedidos en cuanto a valores humanos se refiere. Sin embargo hace falta valor y como mínimo una capacidad voluntaria- que no un deseo sin acción ni volición- según requiera la  miserable situación a considerar. Pero como yo sólo soy un humilde educador,  un negado para la parafernalia  del gran teatro del mundo según diría Calderón, y un compositor “antiorquesta”- como bien sabe todo aquel que me conoce, que me gusta mucho las artes del alma-. Continúo con la mochila de mi viaje, con  la sinceridad y mi sensibilidad  por delante sin perder el ánimo; como se lo hago saber a mis interlocutores, en el momento que me plantean o conversamos sobre algún descosido, desarreglo, injusticia o problema de convivencia.

Mi pregunta y quizá mi mejor respuesta es que todo depende de lo que estemos dispuestos a hacer nosotros mismos, lo que esté al alcance de nuestras manos. No obstante esa posibilidad se convierte en remota por la rutina y por no poner de nuestra parte, para decir basta ya de tanta impostura y tantos sinvergüenzas. Hay que empezar por nosotros mismos para que se produzca el cambio. Hay que cambiar de actitud, ser alegres y convincentes para con nosotros. Algunos dicen que van a lo suyo, en cambio dando un respingo hacia atrás y poniendo una cara de asco y poco asombro, no es suficiente, no se consigue nada si nos quejamos y no movemos o no hacemos nada.  Por eso no entiendo esa actitud insolidaria, no entiendo que con propuestas  bastantes numerosas y provechosas para todos, seamos inertes en nuestra actitud crítica silenciada. Porque la vida hay que arreglarla y debemos colaborar en su mejora.  Consiste en eso, en arrimar el hombro y en llamar a las cosas por su nombre; no vaya a ser que  a lo que rechazamos no sepamos decir no y dar la cara. No se trata de un oasis en el desierto. No se debería negar y se debería aceptar y mostrar los conocimientos que poseemos ante cualquiera, sin miedo.

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Lamentablemente así es hoy día y por desgracia ocurre mucho más de lo previsible.

En este sentido no se entiende la convivencia sin un provecho comunitario, digno de una política social que se precie; no obstante si no es así deberíamos mantener la distancia, lejos de una política que sólo satisfaga su provecho propio. De modo que se nos hace raro poder entender  cómo se silencia por la sociedad los males que sufre, que los políticos no denuncian o luchan por erradicar, cumpliendo con su función. Asimismo, a veces por televisión, otras veces por radio asistimos a una exposición cuanto menos melodramática de situaciones vergonzosas que padecen ciertas víctimas, en las que nos podríamos involucrar cualquier alma humana. Asuntos que parecen de otra época si no se mostrasen también por internet  pero pasamos de largo como si con nosotros no fuera, y sólo estamos pendientes de que los demás también lo estén. Para tranquilizarnos, rápidamente pensamos en lo que puede haber detrás, no teniendo así cargo de conciencia, sin dejar muestra de lo que podemos hacer como si no nos correspondiera esa función, sin ser consciente de que también hay altruismo y  solidaridad en las personas y que hay motivos para actuar por nosotros mismos.

Mientras desgobiernan o no se ponen de acuerdo nuestros dirigentes podría pasar de todo,  a ellos no les importa las calamidades que se están viviendo en la caverna que han construido para la parte más vulnerable de la población, se puede observar como los jugadores políticos de partidas oportunistas mueven a sus peones en beneficio propio a cambio de ocupar el trono del poder, sin importarles las consecuencias posibles.

No es extraño ver cómo de repente los que juegan a favor de los intereses del mejor postor, nos muestran una aparente mejora, recuperación, colaboración, esfuerzo, talento y ánimo disponible creado para beneficio propio de unos buitres que sólo están demostrando posicionarse para comerse lo poco que queda de la carroña  a la que han convertido este país.

Por todo esto y lo que está ocurriendo con no ponerse de acuerdo o no servir para demostrar que se han responsabilizado de gobernar, o porque no sirven para ello, yo me pregunto: ¿Qué pasa con la generación de empleo, con el apoyo a los autónomos, a los pacientes, a los estudiantes, a nuestras pensiones, a las personas más necesitadas? Algo que muchos de nuestros dirigentes parece que olvidaron después de la llamada electoral. A más de uno se le debería caer la cara de vergüenza y que no se lucrase o  se mantenga económicamente sin cumplir unos objetivos políticos dignos. Juegan, sin ninguna clase de escrúpulos, con la desesperación de los crédulos y los desfavorecidos. Por eso concluyo, tenemos que confiar más en todos nosotros y no en ellos, ser valientes y dar la cara porque tendremos que aprender a luchar como soldados y no como gerifaltes para ganar la batalla.

Francisco Velasco Rey

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