FRANCELINA ROBIN, UN EJEMPLO DE SUPERACIÓN
Me hallo en un pequeño paraíso a orillas del mar Mediterráneo. Es un chalet con maravillosas vistas a la playa de Villajoyosa, todo él rodeado de una extensa terraza que más bien semeja un jardín por la profusión de flores, plantas e, incluso, algunos árboles que lo adornan, amén de graciosas figuritas de animalitos y, luces camufladas entre las plantas… Todo un pequeño paraíso terrenal en donde corretea feliz el cariñoso Pinky, perrito que sólo entiende el francés, que enseguida ha hecho amistad conmigo y cuando lo cojo en brazos me premia con sus besitos caninos.
Y aquí, en este idílico lugar, no podía faltar una reina que lo habitase: Francelina. Nombre y figura de muñeca, pero una gran mujer en toda la extensión de la palabra: luchadora donde las haya (“Si no puedes volar, corre. Si no puedes correr, anda. Si no puedes andar, gatea. Pero no te detengas”); artista; bailarina; maga de la jardinería (“En mi jardín las rosas hablan”); una chef de primera; esteticista; vidente (“No vengan a visitarme porque descubriré sus secretos”); filósofa (sus frases son tratados para reflexionar)… y no sé cuántas cosas más. Dios le ha repartido muchos talentos y Francelina Robin los ha sabido aprovechar y, saliendo de la nada, ha ido subiendo peldaños en la vida hasta situarse en el pináculo donde actualmente se encuentra gracias a su tesón, voluntad, trabajo y a no dejarse vencer por las vicisitudes que la vida le ha deparado, que no han sido pocas.¿Pequeña? ¿Frágil? ¡Grande!
Es un día de julio de 2017 e, invitada por Francelina y su amable esposo Claude, me dispongo a hacerle una entrevista, más bien una charla entre buenas amigas, sentadas en la terraza frente al mar y aisladas del mundanal ruido en este oasis de paz que es el hogar de los Robin.
Querida amiga Francelina, hace relativamente poco tiempo que nos conocemos pero desde el principio ha existido química entre nosotras y aunque tu español, mezcla de portugués y francés, a veces me cuesta entender, hemos conectado y nos profesamos una sincera amistad. Me has pedido que te haga esta entrevista y yo, con mucho gusto y mi mejor voluntad, doy comienzo a la misma. Tu vida ha transcurrido a caballo entre tres países: Portugal, Francia y España. Comencemos por…
PORTUGAL
C.- Cuéntame algo sobre tus primeros veinte años en tu país: Portugal, hermosa tierra que conozco. (¿Sabes que, anecdóticamente, en un teatrillo de Lisboa me atreví a “canturrear” un fado en “portugués”, o así? Cosas de la juventud).
F.- Comenzaré diciéndote que vine al mundo para recoger rosas y sólo cogí espinas pues mi vida fue un camino con muchas curvas. Nací en Portugal, en la barraca de mis padres, que era un lujo porque era de ellos. Desde el tiempo que recuerdo hasta mis 15 años pasé mucha hambre. Hice tan sólo dos años de escuela y cuando llegué me preguntaron lo que yo quería ser de mayor y yo respondí: Feliz. Desde los 7 hasta los 9 años hice hasta el tercer curso y obtuve mi diploma. Ahí terminó la escuela y tuve que cuidar de mis hermanos porque mi madre cayó enferma y no era obligatoria la asistencia al colegio. Iba de una casa a otra cuidando animales en el campo, en el monte, donde caía, comía mal, a veces sufría malos tratos para que me dieran unos trozos de patata y poder llevar a mis padres alguna cosa. En cuanto a la ropa, iba descalza y tenía un solo traje al año. Yo lloraba mucho, pero también cantaba mucho cuando iba a trabajar a casa de mi abuela pues ella me daba de comer y un escudo. Pude vivir triste, pero nunca me faltó la sonrisa.
Mis padres nunca me mandaron a ningún lado, pero mi gran tristeza fue trabajar para grandes ricos y cuando salía de la casa dejaba la ropa y los zapatos y todo lo que me daban en cuanto estaba a su servicio. Pasaba de uno a otro para ver si ganaba más. Con el salario de un mes compré un reloj, que hoy ni vale 2 €, pero se lo di a mi madre y hasta los 86 años fue siempre su reloj. Tenía apenas 20 años cuando me propusieron si quería ir al extranjero. Para mí fue un relámpago en mi cabeza, necesité de la autorización de mis padres, ellos no querían pero tanto les pedí que me dejaran ir, que les cambiaría tanto su vida como la mía, que al fin accedieron.

C.- Pasemos a la segunda etapa de tu vida viviendo en un país totalmente desconocido para ti. ¿A qué edad y en qué año decidiste marchar a Francia, mujer valiente donde las haya, y cómo fueron tus primeros tiempos en París?
FRANCIA
F.- Apenas con 20 años, en el año 1965, recuerdo todavía hoy que tenía ganas de llorar, yo no hablaba ni una sola palabra de francés y un tío mío debía ir a buscarme a la estación de Irún. No vino, -después dijo a mi madre que me venía a buscar a Gare D’Austerlitz París-, salió toda la gente y yo me quedé allí y lloraba. Un señor me cogió del brazo y me puso fuera de la estación y yo lloraba. Vino un joven y me preguntó: “¿Por qué lloras?” Era un español y yo le conté mi situación, y lloraba como una Magdalena. “Dame tu dirección”- dijo- y me llevó al taxi. Entonces el taxi se equivocó y me dejó en 11 bis y era en el 11 solamente. Le di un billete de 10 francos y él me devolvió 5 francos. Ahí ya me pareció raro, pero yo no me di por vencida y fui a tocar a otra puerta, salió una señora y me habló en francés y yo no comprendí. Me cogió la maleta y la dirección y me llevó hasta mis jefes.
Llamó al traductor y yo le expliqué mi caso. Se reían. Al fin conseguí un trabajo pero pasado un año terminé mi contrato. Yo lo que quería era pagar los dientes a mi madre y una máquina de costura. Fueron mis dos primeros salarios. Al fin del año fui a Portugal, pero al volver a Francia ya no estaba mi jefe y me quedé sin trabajo. Así que volví a buscar otro trabajo y otro y otro… sirvienta, portera, cocinera… Ni puedo contar todo lo que me pudo pasar, no me declararon (aseguraron) tres jefes en siete años, ninguno me declaró.
Y en 1969, por desgracia, encontré a quien destruyó mi vida hasta hoy.
C.- Me imagino que te refieres a tu primer matrimonio. ¿Querrías comentar algo sobre el mismo, descendencia habida y vicisitudes pasadas, que sé no te faltaron en aquella época de tu vida?
F.- Así es. Era el año1968 y a mí hombres no me faltaban, ¡pero primero querían dormir contigo! ¿Eso era la moda? ¡Automáticamente te dejaban! Encontré, entonces, uno que respetaba todo, hasta el casamiento. Ni fumar, ni beber, era un diamante raro ¡tan raro! que todavía hoy lo estoy pagando. No sé cómo él pudo esconder beber y fumar, no trabajar y ser un ladrón. En 1969 le di una hija y en 1971, la segunda hija, por las dos casi perdí mi vida. Quien lea el resto de mi biografía juzgará mi suerte pues el amor nace de una gran mirada y de una sonrisa, pero muere de una lágrima. Y él me hizo derramar muchas y aún la herida no está cerrada porque la cicatriz estaba hecha de puntos suspensivos.
C.- Tristes años aquellos. Bueno, vamos ahora a entrar en tu etapa feliz. ¿Cuándo conociste a Claude, tu “príncipe azul”?
F.- Conocí a Claude por azar a la salida de un baile, al que fui llevada a la fuerza por una amiga. La vida siempre te da una segunda oportunidad y a mí las alas se me despegaron, volví a levantarme y volví a volar. Nos casamos un 28 de mayo de 1994 en el ayuntamiento de Boutigny sur Essone. ¡Pero ni todo lo que brilla es oro! Toma cautela del perro que no ladra. En casa no falta nada, regalos y todo, no me falta, me da todo. Mi príncipe azul es fiel como yo a él, pero lo mejor es que nunca vi una palabra de amor o de cariño y nosotras necesitamos que nos entiendan en el silencio pero una palabra de cariño puede llenar un corazón de felicidad.

C.- Comienzan tus triunfos bailando por toda Europa, cruceros de lujo, grandes hoteles, teatros, siempre mostrando tu arte, elegancia y glamour, junto a Claude, tu pareja perfecta. Háblame de esa etapa triunfal de tu vida.
F.- Vimos el anuncio de una Competición de Baile un día a la salida de un baile de domingo. Había una gran foto donde ponía “Baile del Emperador”, llamo y me preguntaron que si quería competir. Yo respondí: No sé bailar, pero guárdeme sitio que vamos a ver.


¿Fue un virus? Yo no sabía bailar pero le dije a mi marido que yo no era más estúpida que otra, así que compramos un vídeo y grabamos también. En casa le dije a Claude que sólo quería ganar una vez una copa. Esto fue en 1996, y también le dije que bailar como aquello que vi, yo también podría hacer lo mismo. Al día siguiente comenzamos a ensayar. En 1997 me presenté al campeonato de Illê de France y quedé séptima. En 1998 quedé primera y seleccionada para el campeonato de Francia. Gané el Campeonato de Francia y fui al de Europa, en Torremolinos en 1999. Después quedé seleccionada en todos los bailes de Europa, recorrí Francia entera. En 2001 tuve mi primer premio de Europa y el triunfo absoluto: periódicos, la televisión, vídeos que nos hicieron en casa… Luego fuimos famosos, no había ni vacaciones ni domingos. Hay mucho para contar, fueron momentos de risas, de lágrimas, mucho trabajo, muchos kilómetros, España, Portugal, y perfección para ser artista -yo no me considero artista, otros lo dicen-, cruceros, hoteles de lujo, actuaciones en las mejores salas y teatros con trajes suntuosos… Por todos los sitios de Francia nos aclamaban.


C.- Sé que en las Competiciones de Bailes de Salón has ganado más de cien premios, ¿de cuál de ellos te sientes más satisfecha?
F.- Para mí, que tanto bailé y tanto amor siento por el baile, tengo muchos premios que recibí, pero en el corazón debía haber otros que debían estar aquí. Illê de France me dio a conocer y luego todos los periódicos te ponían en primera página, pero mi Primer Premio de Europa fue como una bomba. Luego, ni tuve tiempo de entrar y tuve luego que ir en camino para hacer un concurso, diciéndome que era un carro pesado. ¡Pero, para terminar! Fui campeona y gané un crucero, organizado con Costa Fortuna Tele Star Feeling Dancing Factory, con campeones del mundo y de Europa de danza deportiva. Y aunque no bailaba como ellos ni había ido nunca a la escuela de baile, era nuestra manera de danzar lo que gustaba. Y es que el baile hace olvidar el dolor y la tristeza y lo que ahora siento, al no encontrarme bien de salud, es no poder bailar. Pero a veces, sacando fuerzas de flaqueza, Claude y yo hacemos alguna exhibición durante los Encuentros Culturales Granada Costa.


C.- Gloriosa etapa de tu vida, Francelina. Por fotografías conozco tu “pequeño Versalles”, que debía ser un precioso palacete. Cuéntame cómo era, su edificación, anécdotas, etc.

F.- Mi pequeño Versalles era un sueño donde toda la gente se quedaba encantada. Cuánto trabajé con mi marido en mi pequeño Versaille, domingos, fiestas, no había descanso, piedra a piedra, jardines, fuentes, arcos, muro alrededor haciendo la forma de barco… Cuando acabamos era un hermoso castillo, un paraíso. Allí celebramos grandes fiestas con gente importante del espectáculo, con amigos… Incluso rodaron allí una película sobre San Antonio, con Gérard Depardieu y Gérard Lanvin. Por eso, al trasladarnos a España, se vendió con gran rapidez. Pero allí quedó mi libertad, la montaña, mis animales salvajes a los que les hablaba y daba de comer, las plantas comestibles y los 2.500 metros de terreno. Pero mi marido se quería venir a vivir a Villajoyosa por el sol. Además, fui yo quien lo trajo aquí, pues me daba miedo, ya que él no comprendía una palabra de español. Aquellos fueron buenos momentos. No puedo olvidar que nos llamaban los del pequeño Versaille.

C.- Bien, y dejando atrás esa etapa feliz en París de triunfos en el baile y fiestas en “Versalles”, ahora pasemos a tu actual etapa en…
ESPAÑA
C.-¿En qué año decidisteis fijar vuestra residencia en España, concretamente en Villajoyosa (Alicante), y cómo fue tomar esa decisión?
F.- En el año 2003 fui a Portugal a pasar las vacaciones con mis padres. Le dije a Claude: “¿Quieres conocer un país nuevo?” y me dijo que sí. Y traje a mi marido a Villajoyosa. Tanto fue así, que se le metió en la cabeza y en el mismo momento que lo llevé en septiembre ya estaba en la playa y viendo la construcción de un chalet me dijo: “A ver si vienes conmigo allí arriba”. Yo nunca pensé en comprar nada aquí pero en julio del año siguiente, en 2004, vinimos a vivir a Villajoyosa definitivamente y me dijo que se sentía como pez en el agua. Pero a él fue el sol y la Competición del Baile en España lo que lo trajo más rápido. A él le gustaba más Portugal pero las aguas son más frías. Y desde entonces vivimos en este pequeño paraíso, como tú dices, Carmen, a orillas del mar Mediterráneo.


C.- Sé que Dios te ha repartido muchos talentos, que ya enumeré en la introducción a esta entrevista, pero, no contenta con todo lo que has hecho, ahora irrumpes en el mundo literario y te haces escritora y poeta. ¿Cuándo sentiste la vocación por la literatura y qué te motivó a escribir?
F.- Cuando estuve muy mala interna en el hospital en 1978 – soy como una fruta madura, con rico color, que si la abres está podrida por dentro de dolencias-, allí devoraba libros. Era capaz de leer un libro en dos días, pero los compraba de segunda mano porque no tenía dinero, eran series de 10 libros del mismo autor. También tenía correspondía con los soldados de la guerra, les escribía poemas para que ellos pasaran el tiempo, era joven y escribía cartas de amor enviadas al viento. Pero nunca vi ningún hombre de estos, todos murieron en la guerra.
Un día, cansada de que mi primer marido y la vida me hicieran tanto daño, me dije que era el momento de aclarar toda mi vida en la escritura.
C.- ¿Cuántos libros has publicado en Granada Costa hasta ahora?
F.- Desde 2014 he publicado cuatro libros: El camino de mi vida, una autobiografía. Un poemario titulado Una poesía y una rosa. De las tres hermanas, ¿a cuál llamas cariño? Continuación de El camino de mi vida. Y Un poema de amor y una sonrisa, libro asimismo de poemas. Todos en el Club Selección Granada Costa.
C.- Tu trayectoria como poeta y escritora ha sido vertiginosa, por lo que me cuentas, pese a tu handicap con el idioma, y sé también que no te han faltado premios en los dos años, más o menos, que llevas en el Proyecto Cultural Granada Costa, entre ellos la Medalla de Oro -que te entregó D. José Segura, nuestro Presidente-, uno de los máximos galardones que se otorgan. Háblame de esos premios.
F.- No puedo explicar y ni me puedo juzgar a mí misma y nunca fui persona de engrandecerme, sólo quien me ha visto luchando para ver si puedo salir lo máximo posible, como en la escritura, me falta el idioma, el tiempo, nunca yo lo pensé y me hace recordar la etapa del baile. La Medalla de Oro, ni en sueños lo hubiese pensado, ni siquiera otros premios, tal como quedar finalista en el Certamen de Cuentos Infantiles 2016, pues me siento frenada en cuanto a la poesía al escribir los libros, incluso esta entrevista me ha sido traducida. El idioma me hace falta para poder avanzar e ir más lejos, yo que siempre soñé con un best-seller. En el periódico Granada Costa tengo siempre que contar las líneas porque nuestro director, José Segura, me dice: “Francelina, tienes casi una página y la poesía, igual”. Cuando alguien pensaba que no saldría mi primer libro, me costó pero en él me desnudé, puse mi vida ante el público.
C.- Si no me equivoco, creo que tienes en mente un nuevo libro en prosa, ¿qué tema tratarás en él? Dame alguna primicia acerca de su contenido que, a todas luces, será tan sincero y aleccionador como tus dos anteriores en los que narras tu intensa vida, ejemplo de superación.
F.- Pienso publicarlo en noviembre. Creo que no cambiaré el título, se llamará Te di la vida y tú me deseaste la muerte. Se trata de la última parte de la autobiografía, ya que salieron dos anteriormente, éste será el tercero. Después pasaremos a otros si Dios me ayuda, si Dios me protege, pues muchas veces las hojas caen, pero los árboles no mueren. Y yo soy como un árbol. Por eso no me desanimo frente a las dificultades.
C.- Por último, amiga Francelina, como estamos en tierras levantinas, vayan unas últimas preguntas a modo de mascletás:
Un poeta: F. Federico García Lorca. Un músico: F. David Guetta. Un libro: F. La vida de la princesa Diana. Un país: F. Francia. Un color: F. Blanco. Un perfume: F. J’adore, Dior. Una flor: F. Orquídea. Un paisaje: F. Un campo de flores. Una canción: F. Edith Piaf- Non, je ne regrette rien. Y un deseo F. La paz en el mundo y salud para todos y ser reconocida como una gran escritora y poeta.
Me gustaría terminar esta entrevista diciendo que: La vida me arrancó mis lágrimas, pero no consiguió apagar mi sonrisa.
El tiempo se ha ido deslizando callada y suavemente y las sombras del crepúsculo comienzan a invadir la terraza envolviéndonos en una relajante penumbra. Pero yo sé que esas sombras pasarán de largo y que el hogar de Francelina y Claude permanecerá iluminado por la claridad que emana de las personas que se aman.
Francelina, como alegre despedida, cantemos a dúo, una vez más, esta optimista canción que tan bien te va: “Voulez-vous danser, Grand-mère?”. Y deseo que por siempre sigas bailando. Que tu vida sea una eterna danza.
Merci beaucoup, Francelina. Bisous y mis mejores deseos con este poema dedicado a ti:
BAILARINA
Elévate por encima del mundo;
por encima del amor.
Bailarina, sigue bailando.
Viste de nuevo tu cuerpo de sílfide
con una nube de tul ilusión.
Calza tus pies diminutos
con zapatillas aladas de raso.
Olvida aquella perdida ilusión.
Y sigue bailando.
Mueve tu grácil figura al compás
de la música que armónica suena.
Vuela por los aires, incorpórea, etérea,
cual flor en el viento,
ligera, sin peso.
Olvida tu cruel desengaño.
Y sigue bailando.
El mundo rendido tendrás a tus pies,
hechizado ante la belleza
que tu danza encierra
creando, cual ninfa, mágico ballet.
Cálidos aplausos irán mitigando
la amarga traición. Olvida el fracaso.
Y sigue bailando.
Danza, danza, bailarina.
Que nunca se paren tus ligeros pies.
Y tu cuerpo siempre en movimiento,
cual graciosa muñeca girando
al compás del son,
hallará en la danza el único amor.
¡Francelina, sigue bailando!
Tu amiga Carmen Carrasco, verano del 2017.
