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¡FELIZ  NAVIDAD  Y NO FELICES FIESTAS!

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EL 25 de diciembre es una fecha en la que todos los cristianos celebramos el nacimiento del Hijo de Dios, en la humildad y sencillez de un establo rodeado de animales. Su nacimiento es un acontecimiento histórico extraordinario que no puede ser explicado por la lógica. Jesús no es un concepto ni una mera palabra sino una presencia, una persona que nació de unos padres, María y José, que creció, que fue niño, adolescente, joven y que no llegó a viejo porque lo mataron a los 33 años.

Le adoramos y hablamos con Él en cualquier lugar y a cualquier hora del día o de la noche; en un templo para participar en el banquete de la Última Cena y para que nos hablen del amor, de la amistad, de la paz, de la caridad, de la esperanza en un mundo mejor… Con los problemas y preocupaciones de hoy a todos los cristianos y no cristianos sin diferencias de razas ni color de la piel deseamos que las palabras de Cristo se hagan realidad. Así lo leemos en Corintios, 9- 20-22. Cristo es quien une a todos por encima de todas nuestras diferencias. Nos felicitamos la NOCHEBUENA, NAVIDAD, EL AÑO NUEVO, deseándonos salud, amor, paz, felicidad, alegría, bendiciones de toda clase, y el cumplimiento de todos nuestros sueños… Y también pedimos lo mismo a los REYES MAGOS DE ORIENTE.  Cada año se hace viral el poema de Gloria Fuertes:

         EL REGALO QUE YO QUIERO

         “Yo no deseo un regalo

         que se compre con dinero.

         He de pedir a los Reyes

         algo que aquí no tengo:

         pido dones de alegría

         y la canción de un jilguero,

         y la flor de la esperanza

         y una fe que venza el miedo.

         Pido un corazón muy grande

         Para amar al mundo entero.

         Yo pido a los Reyes Magos

         las cosas que hay en el cielo:

         un vestido de ternura,

         una cascada de besos,

         la hermosura de los ángeles,

         sus villancicos y versos,

         y una sonrisa del Niño.

         El regalo que yo quiero.

La vida de Jesús está compuesta de alegría, penalidades, dolores… recordemos que murió crucificado en una cruz.

 Lo que hoy conocemos como Europa nació sobre el trípode de Grecia, Roma y el Cristianismo que transformó a las dos y las hizo suyas.  De esa fusión de culturas afloró la que fue conocida como Cristiandad. Por ello, las plazas y calles de nuestros pueblos y ciudades en las naciones de Occidente se engalanan con iluminaciones extraordinarias para celebrar el Nacimiento de Jesús de Nazaret, cuya vida ha constituido la raíz primera, la piedra angular de varias religiones que componen el Cristianismo, cuyas principales ramas son el catolicismo, el protestantismo y la ortodoxia. El cristianismo es la religión más extensa del mundo con 2400 millones de seguidores.

        En España vivimos una realidad anticristiana de manera acelerada y agresiva, impulsada por los políticos laicistas que de facto son anticlericales. En los últimos años ha surgido entre los políticos y las instituciones una especie de complejo – se podría decir- con el que tratan de silenciar, acallar y hasta omitir voluntaria y conscientemente todo cuanto tenga que ver precisamente con las creencias religiosas. Y por supuesto toda connotación que tenga que ver con LA NAVIDAD.

Es lo que acabamos de ver en unas declaraciones que hace poco ha hecho la Comisaria de Igualdad de la UE que tuvo la osadía de dictar unas recomendaciones para los funcionarios comunitarios en las que pedía no felicitar la Navidad, sino las “fiestas” a fin de no molestar a los no creyentes o no cristianos.  Cuando hemos visto a otros políticos, incluso el presidente Sánchez felicitar a los musulmanes en la celebración del Ramadán. Y en cambio, no felicita la Navidad a los españoles católicos que representan una absoluta mayoría de la población. ¡Qué contradicción!  La moda de hoy es ir contra la familia, el matrimonio, contra la religión… la cultura mal llamada de inclusión; el lenguaje woke y demás tonterías; y todo lo que lleva la AGENDA 2030. También sobre esto se ha pronunciado Pérez-Reverte, recordando lo que nos recomienda la Comisión Europea que se feliciten las “fiestas” Y no “la Navidad”; él dice: “Cuando se celebre el día del Orgullo del Gilipollas no vamos a caber en la calle”.

Llegado a este punto, hemos de recordar que hasta Jean Paul Sartre, declarado abiertamente ateo, escribió una obra de teatro sobre la Navidad, cuando estaba preso en un campo de concentración en 1940 tras la caída del Ejército francés. En ella hay un capítulo sobre la simbología cristiana para conseguir la unión entre cristianos y no creyentes.  Nos preguntamos lo mismo que el periodista J. Fernández Miranda ¿No podría el Presidente del Gobierno felicitar la Navidad sin recurrir al eufemismo de “felices fiestas”, ¿Tanto le cuesta?  “Quítese el corsé de progre y felicite la Navidad y los Reyes Magos, que es perfectamente compatible con un Estado aconfesional”.

No olvidemos que eso que llamamos cultura y tradición es el cimiento de las sociedades y civilizaciones. Son las razones profundas que explican y hasta justifican las celebraciones festivas de toda una sociedad de siglos y milenios.

La identidad histórica de España no se explica sino es desde la defensa y expansión de nuestra religión fundada por quien hoy nace en Belén para abrir las puertas del Cielo a todos los hombres de buena voluntad.

Aurora Fernández

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