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¿Es lógica la lógica en nuestros días?

Reflexión por el Día Mundial de la Lógica (14 de enero): en una época de eslóganes, bulos y polarización, la lógica se ve desplazada por el ruido. El texto propone recuperarla con pensamiento crítico, contexto, argumentos y una unión sana entre lógica y empatía.

final-Francisco Ponce

Celebrar la lógica debería ser, por definición, un ejercicio de claridad.

Sin embargo, en los tiempos que corren, la pregunta se impone casi sola: ¿sigue siendo lógica la lógica que practicamos como sociedad?

El Día Mundial de la Lógica, instituido todos los (14 de enero) para honrar una de las herramientas más valiosas del pensamiento humano, actualmente se enfrenta a una paradoja inquietante: mientras se celebra su existencia, se normaliza su ausencia en demasiados ámbitos de la vida pública y privada.

La lógica nació para ordenar el pensamiento, para ayudarnos a distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre el argumento y el ruido. No es una imposición fría ni un arma para vencer al otro, sino un puente hacia el entendimiento.

Sin embargo, en la práctica cotidiana, asistimos a una transformación preocupante: lo lógico es desplazado por discursos retorcidos, consignas vacías o bulos emocionalmente eficaces, pero racionalmente frágiles. El absurdo se presenta como opinión válida y la coherencia es acusada de rigidez o insensibilidad.

Esta deriva no es inocua. Cuando la lógica se sustituye por la tozudez, el diálogo se convierte en confrontación y la discrepancia en amenaza. En lugar de acercarnos como comunidad, nos fragmentamos en trincheras discursivas donde importa más imponer que comprender.

Paradójicamente, esta pérdida de lógica no solo nos aleja de los demás, sino también de nosotros mismos, generando una rebeldía interna que se traduce en frustración, cansancio y desconfianza.

No se trata de idealizar una lógica deshumanizada, ajena a las emociones o a la complejidad social. Al contrario: la lógica auténtica necesita de la empatía para no convertirse en dogma, y la empatía necesita de la lógica para no disolverse en confusión.

Separarlas ha sido uno de los errores más costosos de nuestro tiempo.

¿Hacia dónde caminamos, entonces? La respuesta no está en abolir la lógica ni en celebrarla como una reliquia académica una vez al año. Está en recuperarla como práctica cotidiana: en la educación, fomentando el pensamiento crítico; en los medios, priorizando el contexto sobre el impacto; en la política, sustituyendo el eslogan por el argumento; y en la vida personal, aceptando que cambiar de opinión no es una derrota, sino una forma de inteligencia.

Tal vez este Día Mundial de la Lógica deba ser menos una celebración y más una invitación. Una pausa para preguntarnos cómo razonamos, cómo escuchamos y cómo disentimos. Porque solo desde una lógica abierta, humilde y humana, el mundo podrá hacer que se avance unidos y en concordia.

Francisco Ponce Carrasco

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