EL TIEMPO
“El tiempo”, de Val Marchante Leganés, convierte el reloj en río: campanas, café y calendario se desbordan hasta dejar una casa vacía. Un poema sobre lo que se escapa, las ausencias que resuenan y la certeza final: nada captura del todo los años escritos en la piel.

Ni el dique más fuerte es capaz de contener
el espacio que maneja el reloj en sus agujas.
Todo cuanto se vierte entre golpes de campana
tiene prisa por perderse en las aguas del río.
Se distorsiona el contorno de la imagen
mientras intentas recordar las escenas del camino,
las mañanas derramadas entre granos de café
y las tostadas antes de salir de la casa.
Te olvidaste de cerrar las puertas,
la corriente se llevó los días del calendario
y cayeron los meses usados sobre las baldosas.
Duele la mirada al recorrer la casa vacía
y escuchar las ausencias de las paredes golpeando en los oídos
mientras piensas que hubo poco tiempo entre las manos.
Ni el retrato más grande es capaz de capturar
los años escritos en la piel del cuerpo.

