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El tercer ojo

En El tercer ojo, Ana Martínez Parra reflexiona sobre la obra mística atribuida a Lobsang Rampa, descubriendo en su lectura no solo un relato esotérico, sino una profunda búsqueda espiritual. Entre la verdad y el mito, la autora rescata su mensaje esencial: la fe en la mente humana y en la trascendencia del alma.

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                                          “Un libro que  me trasladó a un mundo totalmente desconocido   

                                           y   me causó confusion a la vez que despertó mi interés por  

                                                                    saber y comprender”.

Publicado en 1956, *El tercer ojo* se presenta como la autobiografía de un joven monje tibetano, Lobsang Rampa, que desde niño es seleccionado para ingresar en un monasterio de Lhasa, el Chakpori Lamasery, donde recibe una rigurosa formación espiritual y física. El relato describe la vida monástica en el Tíbet antes de la invasión china: la disciplina diaria, los ejercicios de meditación, los estudios de astrología, medicina tibetana, telepatía y los ritos esotéricos. El punto culminante llega cuando los lamas realizan en él la apertura del ‘tercer ojo’, un procedimiento simbólico y místico que le permite ver más allá del plano físico y captar las auras de las personas. La obra termina con el anuncio de que Lobsang Rampa debe abandonar el Tíbet para transmitir su sabiduría a Occidente.

La obra se presenta como una autobiografía iniciática, escrita en un lenguaje accesible pero lleno de descripciones exóticas, símbolos y terminología tibetana. Su estilo directo y confesional cautivó a los lectores occidentales, fascinados por el misterio del Himalaya y las prácticas espirituales orientales. El ritmo alterna pasajes de acción con reflexiones filosóficas sobre la vida y el alma. El protagonista , Lobsang Rampa, representa al iniciado que atraviesa el dolor físico y espiritual para alcanzar la iluminación. En realidad, el texto pertenece al género esotérico-filosófico, con elementos de fantasía mística y novela de formación espiritual.

El eje central del libro es la búsqueda de la trascendencia del ser humano. Rampa propone  una espiritualidad basada en la meditación, el control de la mente y la compasión universal. El “tercer ojo”  simboliza la percepción espiritual y el despertar interior. El texto también expone la idea de la reencarnación y el karma como leyes que explican la evolución del alma. Otro tema importante es el choque entre la espiritualidad oriental y la mentalidad materialista occidental, donde Rampa actúa como mediador entre ambos mundos.

Cyril Henry Hoskin

Pocos años después de la publicación, se descubrió que Lobsang Rampa no era un lama tibetano, sino Cyril Henry Hoskin, un fontanero británico nacido en Devon en 1910. Tras una investigación periodística, Hoskin admitió que nunca había estado en el Tíbet, pero aseguró que su cuerpo había sido ‘ocupado‘ por el espíritu del lama Rampa. La revelación provocó una gran polémica: algunos consideraron la obra un fraude, otros una revelación simbólica. Hoskin siguió escribiendo bajo el seudónimo, defendiendo su papel como canal de sabiduría oriental.

Cuando leí El tercer ojo,  la obra me deslumbró. Me ofrecía una ventana abierta a un mundo misterioso y lleno de significado en una etapa en la que todo parecía buscar su sentido. Más allá de su autenticidad histórica , me impresionó la idea de que la mente humana puede ir más allá de lo visible. El libro me transmitió una sensación de pureza y búsqueda, de disciplina espiritual y de fe en algo más grande que nosotros. Hoy, con distancia, reconozco que la obra mezcla invención y realidad, pero su valor reside en su capacidad de despertar preguntas. En un mundo materialista, Lobsang Rampa —o Cyril Hoskin— nos recuerda que la espiritualidad, incluso nacida de la imaginación, puede ser una forma de verdad interior.

Ana Martínez Parra

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