El cansancio entre tanta incertidumbre e incompetencia
El hartazgo de tanta inseguridad ante una deseada normalidad es algo preocupante cuando se desconoce el umbral de su fin. Por si fuera poco ante una salud precaria, pobre economía, deficiente sanidad y enseñanza e injusta injusticia, la democracia tambalea con asaltos como el del Capitolio americano, con un futuro y limitaciones que no ha dejado indiferente a nadie. Además si el campo, el pequeño autónomo no salen a flote, si la jubilación también se pone en peligro porque se penaliza; la incertidumbre ante un futuro próximo o a corto plazo no promete nada halagüeño. Estamos ante decisiones tan indecisas que cuanto menos siguen remando con el miedo a favor, porque no se entiende cómo si se quiere generar empleo y que pueda sostener las pensiones públicas del futuro, se proponga jubilarse a los 67 años, pues sí es factible y a gustico desde un escaño de diputado; pero claro porque “no hacen ni el guevo”. Por favor menos estulticia, más honradez y un nuevo brote de esperanza de mejora, que bien hace falta. Ni que decir tiene que este año recién pasado supeditado a aprobar unos presupuestos y a poder seguir en el poder -valga la redundancia- es una página en blanco, pero el nuevo 2021 continúa mermado por las consecuencias de restricciones, y rebrotes vertidos de descontrol con la consabida 3ª ola, y no asumir la responsabilidad ante decisiones que gestionen mejor la pandemia. La esperanza que suscitan las vacunas convive con la estadística de las cifras por cada 100.000 habitantes de contagios y fallecimientos. Pero una cosa es la intención de llegar al verano con 25 millones de vacunas, y otra el ritmo tan lento de ejecución, y la falta de prevención de recursos humanos como viene siendo habitual. Y tampoco se ponen de acuerdo en cómo y cuándo administrar las vacunas. No podemos olvidar que hace unos meses los sanitarios luchaban contra un virus letal y desconocido sin equipos suficientes de protección, hasta envueltos en bolsas de basura. Sus familias y la ciudadanía están todavía pagando un precio muy alto, que presagian una cuesta de invierno más prolongada de enero, febrero y marzo, muy dura en todos los ámbitos. No sabemos exactamente la brecha económica, hasta dónde se podrá aguantar, y cuándo saldremos de ella, el número real de víctimas en todos los sentidos, porque las consecuencias podrían ser demoledoras si no impera el sentido de proteger a los más vulnerables. Porque el virus también es el desgobierno y que no haya un compromiso de luchar ante todo por el bienestar social y salvaguardando los intereses generales. Asimismo conocer y ser conscientes ante la realidad debería obligar a responder con estrategias de búsqueda y resolución común ante la misma problemática (salud, paro y formación) en tantos reinos de taifas, si no la pérdida va a ser irreparable. Que no vengan con monsergas a la hora de justificar, y ahora la injusta y desmedida subida de la luz en la época de más frío para que luego digan algunos, y sindicatos sin movilizarse porque están amordazados o inmolados. Así mostrados los hechos, son más deberes pendientes y no basta con buena disposición. Por eso no se entiende cómo no se vigila lo suficiente para que nos contagiemos menos ni cómo dejamos marchar a nuestros profesionales desatendidos de la ciencia y de la sanidad cuando son tan necesarios. Si no gestionamos y priorizamos bien, los efectos serán cada vez más devastadores, la catástrofe a corto plazo está al filo de la esquina. En este circo y mundo de mentiras, o de postverdad, la ficción se confunde con la realidad pero en el más triste de los sueños pues niegan la triste e incómoda realidad sin afrontarla lo mejor posible. Si la manipulación no predomina y todos los responsables van a una, mejorará la gestión y beneficiará a los ciudadanos ante la gran crisis que está sufriendo. Hará falta como decía Platón educar a los gobernantes si no queremos que peligre la democracia. Urgen más y mejores medidas que eviten la invisibilidad y no sálvese quien pueda ante la desprotección de nuestros mayores, jubilaciones dignas y no penalizadas, trabajadores de los sectores primarios y autónomos, prestaciones adecuadas. Políticas de Pacto de Estado, de integración y no de enfrentamiento, debería ser el gran reto para 2021; pero me temo que no hay ni por asomo un cambio de actitud. Por lo que tendremos que luchar contra los cínicos gobernantes, no nos queda otra. Nunca ha sido más necesaria la unidad política de moderación y sentido común, y pocas veces ha habido más tensión y alejamiento; de ahí que no podemos olvidar que las crisis son el caldo de cultivo de los más peligrosos y violentos populismos e intransigencias. Fortalecer el diálogo, el consenso, la mediación o el equilibrio son las únicas vías para que haya respeto y convivencia, y no indignación.
Francisco Velasco Rey

