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DIARIO DE UN POETA – EL DÍA QUE CONOCÍ AL POETA HERACLIO LÓPEZ BONILLA

Recuerdo íntimo del poeta Marcelino Arellano sobre su amistad con Heraclio López Bonilla, figura clave de la poesía en Palma. Un relato de aprendizaje, admiración y lealtad en el mundo literario.

Heraclio web

He conocido a lo largo de mi vida, a tantos poetas, escritores, pintores, artistas y personas de ambos sexos, importantes, que podría publicar un libro voluminoso, y aún así, me quedaría corto. Unos más importantes y conocidos que otros, pero, que, para mí, en ese momento fueron importantísimos. Todos ellos y ellas me regalaron algo de su sabiduría y saber. Con todos ellos y ellas, aprendí a saber diferenciar determinadas cosas, que, en aquellas fechas por mi juventud y poca experiencia, no sabía valorar en su justo término.

          Unas de las personas más amables buena gente y muy poco endiosado fue -para mí-, el poeta, corrector y amigo Heraclio López Bonilla. El me tenía en alta estima y, cuando estábamos en alguna reunión literaria y había gentes a las que yo no conocía él me presentaba como un poeta y activista cultural grande. Es decir: exageraba en sus alabanzas hacia mí. Eso dio motivo a que después yo le dijera que no exagerase sobre mí persona. Él respondía que yo me lo merecía. Eso produjo en algunas ocasiones que me encontrase incomodo ante algunas personas.

          Sé que Heraclio era sincero y así lo sentía cuando se refería a mí, fue super comprensivo y fue un amigo leal, ya qué, lo mismo que me alababa, que me corregía cuando algo, según su criterio, no lo había realizado según él lo entendía. No debo ocultar que un día discutimos ¿—¿y su amistad hacia mí decayó bastante. Durante un par de años, estuvimos distanciados, hasta el día que se presentó en mi trabajo, para pedirme que intercediera en la empresa para distribuir un libro suyo. Nos saludamos efusivamente y, por supuesto, su libro se distribuyó y mi sorpresa fue ver que me había dedicado uno de los poemas del libro. Desde aquel día, volvimos a participar juntos en los eventos literarios que yo organizaba.

          En el año 1980 siendo Heraclio, corrector del Diario Baleares, acudía yo algunas noches a dicho diario a dónde llevaba notas para que fuesen publicadas en el periódico, pero, cómo era gratis, tenía que esperar hasta que los dos correctores, terminarán de corregir las galeradas y si quedaba sitio en el periódico poner las notas que yo llevaba. Normalmente llegaba al periódico a las 10 de la noche y esperaba en la oficina en la que estaban los dos correctores, Heraclio y Rafael Jaume (?). afortunadamente siempre hubo un hueco en el periódico para publicar mis notas. Una vez que se cerró el periódico Baleares se incorporó al gabinete de prensa del Aeropuerto de Palma. Su jefe inmediato por aquellas fechas era el periodista y buen amigo Mateo Cladera.

Conocí a Heraclio López Bonilla, precisamente en el periódico Baleares, fue a partir de ese momento cuando empezó nuestra amistad y como no, al saber que escribía poesía, lo invité a que participara en la revista que dirigía entonces Sa Roqueta y posteriormente en la revista que fundé y dirigí Arboleda. Heraclio participó en la mayoría de actos que organizábamos y más de una vez, acudí a él para que me aconsejara, ya que Heraclio era un hombre de una amplísima y vasta cultura, sencillo, amable y tolerante. Según él a los 16 años ya había escrito 69 cartas a su novia en la que confiesa la influencia de Víctor Hugo.

Heraclio López Bonilla nació en Cuenca en 1935 y falleció en Palma, el día 8 de noviembre de 2021. En 1960 fijó su residencia definitiva en Palma hasta su fallecimiento. Estaba casado, pero no tuvo hijos.

     Era un poeta muy purista en el uso del idioma y perfeccionista al máximo, poeta intimista y de lo cotidiano de naturalismo campestre. Algunas de sus obras publicadas: Viento de siempre y otros poemas para leer I y II (Málaga, 1976). No tengo miedo a vivir (Palma, 1979) Y voy y vengo y vuelvo (Málaga, 1985. etc. 

Marcelino Arellano

CANTO Y ELEGÍA A CUENCA

I

Audaz equilibrio, magia

de casi trágico destino. Abismo.

El verso se hizo río,

canción el álamo,

la piedra catedral,

azul la nube.

El eco se hizo voz

y te repite cada día,

paridora de ilustres

-venus de piedra-

soñadora de olvidos,

yen el nombre de él

-sí, del olvido-

yo te bautizo: Cuenca.

II

Mas, ay, mi deseo, mi caminar mi pulso,

¿de qué nos sirve, amor,

mi permanente y desdichada compañera,

de qué nos sirve, digo,

tan feliz belleza, tan noble historia, tantos recuerdos?

Ya sé, ya sé que muchos te cantaron,

que te cantan. Yo soy de piedra y nube,

corre resina por mis venas,

pero renuncio, francamente, a tu belleza

si siempre he de llorar -por ti- contigo

Heraclio López Bonilla

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