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DIARIO DE UN POETA – EL DÍA QUE CONOCÍ AL CURA DON LUIS MELLADO MANZANO

Marcelino Arellano recuerda la llegada a Ítrabo de Don Luis Mellado Manzano, sacerdote granadino cuya sencillez, generosidad y entrega transformaron la vida espiritual del pueblo en los años 50. Su legado trascendió fronteras, llegando hasta Perú, donde fundó obras sociales que aún hoy lo mantienen vivo en la memoria colectiva.

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Después de la fratricida guerra civil española, el sacerdote que asistía la Parroquia de Ítrabo, era D. Antonio Bustos Sáez. Conocido popularmente como “el cura Bustos”. Tras su fallecimiento, allá por el año 1947. La parroquia de Ítrabo, durante unos años, fue asistida por el Párroco de Molvízar. Hasta que llegó el popular sacerdote D. Luis Mellado Manzano, procedente de Granada, que sirvió de revulsivo para que el pueblo despertara de su ostracismo religioso.

              La llegada de D. Luis, fue sobre el año 1950 (¿), recuerdo que era una persona delgada, alta y de facciones agradables, como era costumbre por la época llevaba el pelo cortado “al cepillo”. Fue recibido por las autoridades del momento, con alborozo y simpatía, ya que erróneamente se interpretaba, que un pueblo sin cura, no estaba completo, ya que el sacerdote era uno de los puntales -si no el más importante-, de la comunidad. Fue recibido oficialmente por el alcalde, el médico, el boticario, el maestro, el secretario del Ayuntamiento y el policía local y, y todos juntos marcharon hasta la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, dónde oficialmente D. Luis, tomó posesión de la Parroquia.

              Se hospedó -como no podía ser de otra manera-, en aquella época de hambre manifiesta, donde las clases sociales eran muy definidas, en casa de una familia pudiente del pueblo, de terratenientes y una de las familias por aquella época, que disponía de criadas al servicio de la casa y peones que cuidaban de sus tierras. Creo a no equivocarme, que no eligió la casa don Luis, sino que sería las fuerzas pudientes del pueblo quien la eligieron. Era una casa señorial, ubicada muy cerca de la Iglesia, que sería su lugar de trabajo. Como ya he dicho los habitantes del pueblo estaban un poco alejado de la religión, sobre todo, los hombres, que solamente expresaban su fervor religioso en Navidad, Semana Santa y especialmente el las fiestas de la Patrona la Virgen Santísima de la Salud, en dónde los hombres de la localidad se peleaban para portar las andas en dónde iba la Patrona del pueblo. Lucha en buena lid, ya que, aunque no asistían a misa los domingos y días de fiestas, no por ello, dejaban de creer en Dios y en los Santos.

              La llegada del cura don Luis, sirvió con su comportamiento y ejemplo el que hiciera que en cada acto religioso que se celebraba en la Parroquia, estuviese siempre llena. Personas que hacía años que solamente habían pisado la Iglesia, con motivo de algún acto religioso-social, fuesen de pronto los más fieles feligreses de la parroquia. Recuerdo siendo yo muy pequeño, que, en Semana Santa, desde un balcón de la plaza del pueblo, decía el “Sermón de las siete palabras”, que duraba varias horas, pues bien, la plaza se llenaba de gentes y allí estoicamente, aguantaban sin moverse hiciera el tiempo que hiciera, entre ellos un servidor. Fue un sacerdote inquieto, que fundó grupos de catequesis, creó también un coro de muchachas para que cantara en los actos solemnes que se celebraba en la Parroquia. Recuerdo que la responsable del coro y la que tocaba el órgano era la señorita María de la Salud Bustos, hija de los dueños de la casa donde don Luis residía, con el tiempo, María de la Salud, se casó con un hermano de D. Luis, abogado de profesión, tras la boda residió en Granada hasta su fallecimiento.

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              Conocí a D. Luis Mellado, obviamente, cuando llegó a Ítrabo para hacerse cargo de la Parroquia. Durante el tiempo que estuvo ejerciendo su ministerio, era raro no verlo siempre rodeado de niños, por su simpatía, afabilidad y carisma, entre esos niños me encontraba yo y, a pesar de mis pocos años, trataba siempre de acompañarle a dónde iba. Pero un día, lo mismo que había llegado, casi sin despedirse, se marchó con destino Granada. Una vez, estando ya viviendo en Palma, en uno de mis viajes a Ítrabo, pude enterarme donde vivía y fui a verlo, se alegró mucho de verme, y tras una media hora de conversación me despedí de D. Luis, nunca más lo volví a ver.

              Durante el tiempo que estuvo en Ítrabo, sirvió de revulsivo, para que ingresaran en órdenes religiosas, muchachos y muchas, algunos de ellos, con el tiempo, dejaron de ser frailes y regresaron nuevamente al pueblo. Contaré dos episodios acaecidos a D. Luis Mellado Manzano. Para que se puedan hacer una idea de como era. Un día de lluvia venía D. Luis de la Iglesia y debía pasar por delante de la antigua pescadería, que era el sitio a dónde iban los jornaleros a que lo contrataran para trabajar. En el sitio indicado, quedaban unos cuantos trabajadores, al llegar D. Luis, les preguntó:

              -¿No se trabaja hoy?

              -No, hoy hace un día malo para poder ir al campo.

              Don Luis se metió la mano en el bolsillo y sacó unos cuantos billetes, qué pienso que no serían muchos, ya que todo lo que tenía lo daba.

              -Tomar y comeros hoy un cabrito.

-Gracias D. Luis, pero no podemos aceptar.

              El cura insistió tanto que uno de los hombres cogió el dinero y le dijo:

              -De acuerdo D. Luis, aceptamos con la condición de que venga usted a comer con nosotros.

              Tras pensarlo unos breves minutos, aceptó en acompañarlo en la comida. Una vez terminada la comida y al momento de marchar, la persona que había cogido el dinero se lo entregó al sacerdote.

              -Tome usted D. Luis, para la Iglesia y muchas gracias por compartir la comida con nosotros.

              -Pero este es el dinero que yo os he dado.

              -Usted, nos dio un dinero para comer todos nosotros y así lo hemos hecho, ahora le damos un donativo para la Iglesia y no puede usted, rechazarlo.

              El cura cogió el dinero y sin decir nada se marchó, se le notaba que estaba visiblemente emocionado. Otra vez, iba por la calle y vio a un mendigo, se quitó la camisa y se la dio. Otro día al llegar a la casa donde vivía pregunto a la dueña:

              -Doña Asunción, ¿Qué hay hoy para almorzar?

              -Para los trabajadores migas con arenques y para nosotros guiso de carne.

              Don Luis respondió:

              -Para mí ponga usted también migas, que, si ellos son trabajadores suyos, yo soy un trabajador de Dios.

               Existen muchos hechos más, de generosidad, sencillez y entrega, pero no quiero extenderme más, si no, este artículo iba hacer muy extenso. En 1962 fue designado como sacerdote en la ciudad de Tecna (Perú). Un día 14 de julio se traslada a Tecna, para cumplir una misión invitado por el Obispo de Tecna. Ante el abandono de niños fundó la “Casa Hogar del Camillita” y por si no fuera poco, donaba en anonimato su dinero para aquellos niños que lo necesitaban. En 1964 decidió fundar la Parroquia “San Martín de Porres”, y fundó la Universidad Católica de Tacna. En 2004, se retira de Tacna y regresa a Granada. Todavía miles de personas le echan de menos y le consideran un santo. Existe un Instituto que lleva su nombre y en los jardines del Instituto hay una estatua con su imagen. Don Luis quería ser enterrado en Tacna, pero ha sido enterrado en Granada. Pienso que se debería cumplir su voluntad y ser enterrado en Tecna, como deseaba.

Marcelino Arellano

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