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DIARIO DE UN POETA – EL DÍA QUE CONOCÍ AL CANTAOR JOSÉ HEREDIA “EL GRANAÍNO”

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Sucede muchas veces que personas que han nacido con facultades artísticas, por múltiples causas, no puedan desarrollar ese arte, bien por no tener la oportunidad de demostrar su valía o, quizás, por no arriesgarse. Muchas personas, hombres y mujeres, capacitadas para cantar no lo hicieron. Ellas por el qué dirán, en una época en que la honradez había que demostrarla día a día, y ellos, porque no veían futuro de triunfar y, por lo tanto, se resignaban y no emprendían la aventura de seguir un camino incierto, la mayoría de ellos mal viviendo yendo de pueblo en pueblo para ganar unas pesetas, pernoctar en pensiones de mala muerte, a la sombra del cantaor o cantaora que era la estrella del espectáculo. Así recorrían toda la geografía de España, de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad. En verano, con suerte, alguna vez, se podían permitir el lujo de dormir en un hotel y descasar como Dios manda.

            Es quizás por lo que José Heredia no quiso arriesgarse, pensando que vivir del cante en los años 70 era muy difícil, y, aun con un quejido en el alma, decidió buscar otro oficio, más sencillo y anónimo, pero más rentable y seguro para él y su familia.

            La afición por el cante flamenco nació con él y, de pequeño, cuando aún no medía un “palmo del suelo”, José Heredia ya cantaba por las tabernas de su pueblo y en las fiestas particulares que se organizaban. Era tan pequeño que los clientes lo cogían y lo subían a una mesa para que desde allí cantara, su recompensa era que los parroquianos le introducían en los bolsillos del babero monedas, lo que se llamaba “perras chicas”, que era la moneda en circulación de menos valor. No era raro verlo parado en la calle cuando de alguna casa del pueblo escuchaba a algunos de los cantaores y cantaoras del momento. Para nuestro cantaor de hoy, en aquellos años era como un milagro escuchar a La Niña de la Puebla, Manuel Torres, Manuel Vallejo, Pepe Pinto, Pastora Pavón “Niña de los peines”, eso motivó que más de una vez llegara tarde a donde iba y, en consecuencia, se llevase un tirón de oreja.

            El cante siempre fue una columna muy importante en la vida de José Heredia y así como iba creciendo se iba empapando de los grandes cantaores y cantaoras de la época. Pero, como aquellos años eran muy difíciles, José se veía en la necesidad de trabajar para ayudar a su familia. Poco a poco dejó de ser el niño que cantaba en las tabernas, para pasar a cantar en sitios más adecuados y, aunque tuvo por aquellos años la oportunidad de entrar en alguna compañía de cantaores, José nunca quiso arriesgarse, ya que sabía lo mal que lo pasaban los que no eran primerísimas figuras del cante, los demás cobraban cuatro cuartos con los que apenas tenían para vivir ellos y mandar algún dinero a su familia. Estuvo acertado José Heredia en su decisión de no participar en aquellas compañías ambulantes, a día de hoy, creo que sí estuvo acertado –esa es mi opinión–. Ya que ser una figura del cante flamenco es muy difícil, una vida llena de sacrificios y de pasar malos ratos. Dormir en pensiones de mala muerte y con comida escasa.

            José Heredia nació en Lachar, Granada (1943). Está casado con la magnífica pintora Pepa Cortés y tiene cuatro hijos. Aunque no ha sido un cantaor profesional o, mejor dicho, no ha vivido del cante, sí ha participado en innumerables concursos y ha cantado en la radio. Participó en el Concurso de Cante de Córdoba, en Cabra, Córdoba, en esta ocasión con el conocido cantante Luis de Córdoba, en Íllora, Granada. En el cincuentenario de la Peña la Platería de Granada, cantó tres veces en Frankfurt, Alemania, en el cuadro flamenco de Sancha, en la época en que residía en Alemania. Hizo una gira por España presentando la obra de Miguel Hernández en el teatro Dramático flamenco la Tabla de Granada. En Madrid realizó ocho actuaciones. En Petra, Mallorca, en el Monasterio de Sant Bernardí, interpretó tres misas flamencas, que fue todo un éxito. También interpretó tres misas flamencas en las Palmeras en Granada. Ha cantado para Manos Unidas en beneficio de Ruanda. Cantó en Alemania para los disminuidos de Japón, eso le valió figurar en la portada de una de las revistas de más tirada de Japón. Cantó en Molvízar, Granada, en el homenaje tributado al profesor-cantaor Alfredo Arrebola. En Fuente Vaqueros, Granada, cantó una noche en la caseta oficial de las fiestas patronales de dicha población. También ha cantado en la Facultad de Ciencias de Salamanca y en la Casa de España en Cuenca. Etc.

Tiene dos discos grabados, con fandangos, malagueñas, tangos, soleas, seguiriyas, etc. Ha sido el responsable de la escuela de flamencología de la Casa de Andalucía de Palma durante diez años.

            Conocí a José Heredia, hace ya bastantes años, en un acto organizado por el periódico cultural Granada Costa, a partir de aquel día, tenemos una amistad sana, ya que tanto José como su esposa son unas personas muy trasparentes y fieles amigos. Hemos participado en distintas fiestas literarias en donde se ha leído poesía (porque, aunque José no es poeta, sí siente la poesía como una necesidad y es un gran lector de ella). Hemos participado grupos de poetas en comidas en su casa y hemos pasado muy buenos ratos en el patio tipo andaluz de su casa que se puede definir y cotejar con los patios típicos de Andalucía, lleno de plantas y flores. En una palabra, se respira Andalucía. José ha cantado y grabado algunas canciones con letra mía. Todo un honor.

Marcelino Arellano

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