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DESDE  EL  MÁS  ALLÁ

Hallarás mucho de inverosímil

e inaudito que, no obstante, es

genuino y real. (San Jerónimo)

      El día 15 de octubre descansaba yo en la Costa Tropical  granadina cuando recibí un whats app con este lacónico y doloroso texto: “. Néstor ha muerto, el funeral hoy a las 7 de la tarde en el cementerio de Granada”.  Debo decir que no me sorprendió su muerte porque dos días antes le había visitado en su casa y lo encontré ya en “las últimas”. Como en cierta ocasión dijo el escritor Balzac, “su mirada era pensamiento visible”, además él me manifestó con verdadera convicción su deseo de partir, y los deseos de esta clase se suelen cumplir por una misteriosa percepción interior.

         Sus últimos años de vida terrenal no fueron tan agradables como correspondía a su comportamiento como padre de familia, como ciudadano ejemplar y como persona creyente y practicante. Él no se hacía preguntas filosóficas ni teológicas, pero cumplía al pie de la letra el mandamiento Divino: “comerás el pan con el sudor de tu frente”; y su norma de conducta fue el cumplimiento de los diez mandamientos de la Ley de Dios. Por eso a los 89 años sólo le quedaba la esperanza en Dios que está por encima de todas nuestras debilidades y miserias: por encima de la muerte.

         Llegué al tanatorio y me fui directamente a la capilla y al pie del altar mayor destacaba una lujosa caja donde ya descansaba el cuerpo de Néstor, que no su alma. Acabado el oficio religioso y las palabras de consuelo del oficiante a la familia y amigos, acto seguido se lo llevaron al crematorio y al poco tiempo un empleado le dio a los familiares una cajita donde presumiblemente contenía lo que había quedado de Néstor.

Allí me encontré con un amigo común que una vez terminado todo tomamos el autobús para el centro de Granada y nos bajamos en Puerta Real. Durante el trayecto hablamos muy poco y sin sustancia, pues en estas circunstancias el ánimo no da para mucho. Además, el día estaba triste no sólo por la muerte de nuestro amigo sino porque acababa de caer un fuerte chaparrón de estos de verano y todo estaba encharcado y el cielo negro amenazaba con otro golpe.

Acompañé a mi amigo hasta su casa en Reyes Católicos y al pasar por la plaza de la Fuente de las Batallas, siempre tan concurrida, esa tarde-noche estaba completamente vacía, corrijo, una persona sola ocupaba un banco. Al llegar a su altura le miré y él giró la cabeza y también me miró. Inconscientemente di unos pasos para acercarme, de pronto me paré en seco y un fuerte estremecimiento recorrió todo mi ser: aquella persona sentada en el banco era NÉSTOR al que acababan de incinerar. Retrocedí espantado y le pregunté a mi amigo que señalando al banco y le dije: ¿Ves a ese que hay en el banco? Su respuesta fue: “ahí no hay nadie, el banco está vacío”. Yo seguía mirando y allí continuaba Néstor que me miraba fijamente y sonreía. No quise insistir y continuamos andando, pero volví varias veces la cabeza para mirar y Néstor continuaba en el banco. La expresión de asombro  de mi cara y mi acentuada palidez, no pasó desapercibida para mi amigo que es médico me dijo al despedirme de él: “tienes mala cara,  será porque  la muerte de Néstor te ha afectado mucho y este agua que nos ha caído encima ha hecho el resto.  Cuando llegues a casa te tomas un paracetamol y algo caliente y te acuestas porque seguramente tendrás fiebre”. Le dije que así lo haría y nos despedimos.

En principio, cuando me quedé solo, pensé en volver a la plaza de la Fuente de las Batallas para comprobar lo que había visto, a Néstor sentado en el banco, y hacia allí me dirigí, pero a mitad del camino me volví. Sí, no me da vergüenza decir que a mi edad, como ocurría cuando éramos niños, me daban miedo los muertos. Siempre he pensado que los miedos de niño nunca desaparecen. Los tenemos en el subconsciente tengamos la edad que tengamos, y emergen cuando se dan las circunstancias. Eso fue lo que a mí, sin duda, me ocurrió.

En el trayecto hacia mi casa me hice muchas reflexiones y preguntas sobre lo que me había ocurrido y lamenté no haber insistido en el momento oportuno con mi amigo Paco cuando vi a Néstor sentado en el banco para hacerle algunas preguntas obvias. Pero, por otra parte, si yo hubiera insistido en que allí estaba sentado Néstor al que él había visto amortajado en la caja, y después incinerado, no me habría dicho sólo que me tomara un paracetamol y me metiera en la cama; me hubiera dicho que fuera al psiquiatra porque padecía de una psicosis alucinatoria o que mi inconsciente me la había jugado con una proyección de Néstor, o que tal vez, fue un fenómeno subjetivo de mi pensamiento por la emoción, por mi estado anímico. Por supuesto, que estos condicionamientos pueden desencadenar o coadyubar a la aparición de fenómenos paranormales. Pero eso no resta ni suma nada al hecho concreto que estamos narrando: Néstor estaba sentado en el banco y lo vi con toda claridad.

       Desde aquel día, y han pasado ya dos meses, no he descansado leyendo libros y revistas y he consultado con algunas personas que han tenido experiencias paranormales y he llegado al convencimiento de que la “muerte es vida”, que el espíritu, el alma vive en otra dimensión, en otra esfera de vida más amplia en la que no hay penalidades como las conocemos físicamente en la tierra.

Todos los estudios que se han hecho a aquellas personas que han estado clínicamente muertas entre esta vida y la otra, coinciden en la enorme sensación de paz y felicidad que sintieron al conocer el más allá; otra coincidencia es la LUZ. Es un mundo de luz que no ciega, colores y sonidos extraordinarios.

         ¿Qué podemos decir de aquellas personas que pueden hablar y comunicarse con los muertos? El que fue rector de la Universidad de Birmingham, Sir Oliverio Lodge, eminente físico, dijo en una conferencia de intelectuales científicos: “He conversado con mis amigos difuntos lo mismo que podría hacerlo con cualquiera de los aquí presentes. He tratado durante varios años de encontrar algunas explicaciones, mas he ido eliminándolas todas. La conclusión ha sido que la supervivencia está empíricamente demostrada por investigaciones científicas”.

¿Qué podemos decir sobre las materializaciones?

El doctor Carlos Richet que fue profesor de la Facultad Médica de París y Miembro de la Academia de Medicina afirmó lo siguiente:

 “ Los hechos me parecen innegables. Tengo la convicción de lo que he visto es realidad. No sabría decir en qué consiste la materialización, pero no vacilo en sostener que hay en ella algo de misterioso que cambia de arriba abajo nuestros conceptos sobre la naturaleza y la vida”.

Naturalmente, que para que se produzcan todos estos fenómenos paranormales se necesitan ciertas condiciones; pongamos como ejemplo en la vida normal, la transmisión televisiva en la que se necesita un emisor y un receptor. En estos casos del espíritu suelen darse en los místicos y en las personas con ciertos dones que se llaman MEDIUMS, cuando entra en esa especie de estado hipnótico que se llama TRANCE.

         De lo que no cabe duda es que existe un mundo más amplio y complejo del que conocemos ¿complejo? Quizás sea inmensamente más simple de lo que nos creemos

     Para terminar hagámoslo con palabras de Voltaire: ”Esta vida es un sueño, y la muerte , un despertar”.

ROGELIO BUSTOS  (17-10-2022)

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