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Dedicado a las mujeres de la posguerra. Mujeres de antaño Día 8 de marzo

Poema homenaje por el 8M a las mujeres de la posguerra: manos callosas, dignidad silenciosa y coraje cotidiano. Un canto a quienes sostuvieron hogares y campos cuando todo parecía derrumbarse, y a su legado de luz, memoria y resistencia.

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Ocho de marzo en el calendario brilla
Memoria viva de la antigua
De aquellas almas que en la dura silla
Del tiempo amargo tejieron el nido.

Mujeres de antaño, sombra de la guerra
Que dejó heridas profundas sin sanar
Vuestra existencia sobre la tierra
Fue un constante y silencioso remar.

La posguerra tejió su manto gris
Sobre los campos y el hogar deshecho
Y vosotras con noble cicatriz
Sostuvisteis el mundo maltrecho.

Qué fatiga anidaba en vuestros ojos
Reflejo fiel de noches sin consuelo
Llevando el peso de ocultos abrojos
Bajo un inmenso y opresivo cielo.

Grandes penas vuestras almas contenían
Secretos mudos de la adversidad
Mientras las horas lentas se mecían
Buscando apenas un poco de piedad.

Trabajabais sin tregua ni descanso
Para que el pan humilde no faltara
Un sacrificio diario y manso
Que la vida frágil sustentara.

En el campo la espalda se doblaba
Bajo el sol ardiente o lluvia fría
La tierra dura vuestro cuerpo amaba
Con la entrega de cada nuevo día.

Segando el grano con manos callosas
Sembrando vida donde había estruendo
Vuestras faenas nobles y hermosas
Alimentando un futuro tremendo.

Con sudor que la frente humedecía
Y valentía que el miedo no apagaba
La fuerza oculta que os sostenía
Era la fe que el corazón guardaba.

Y del hombre, a veces, el mal trato hería
Una espina oculta en la labor diaria
Pero vuestra dignidad no se rendía
Ante la sombra de una suerte precaria.

Mujeres fuertes, coraje encendido
Vestidas de paciencia y de tesón
Con puño firme, aunque a veces rendido
Dejasteis firme vuestra propia sazón.

El coraje de la paz en vuestros gestos
Se dibujaba con tenue claridad
Aunque luchabais contra viejos pretextos
Buscando siempre la fraternidad.

En vuestros rostros, marcados por el sino
Se reflejaba el anhelo de calma
Un horizonte libre y genuino
Que nutría vuestra inagotable alma.

Por vosotras, que fuisteis el cimiento
Cuando todo parecía desmoronarse
Honramos hoy vuestro sufrimiento
Y la promesa de no olvidarse.

Mujeres de la posguerra, eternas guías
Vuestro legado es luz en la memoria
Son vuestras luchas nuestras melodías
Un canto firme de perenne gloria.

Victoria Expósito

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