CULTURA FLAMENCA (LXVII) FLAMENCO Y TOROS (XXXIX). HERMANOS “GITANILLO DE TRIANA”
“YO CREO, SERRANA,
QUE HABRÁ TORERÍA
MIENTRAS NAZCAN TOREROS GITANOS
Y EL SOL CADA DÍA”. (Cancionero Popular Taurino, pág. 60. Madrid, 1963).
Con fecha 28 de febrero de 2015 – cfr. “Granada Costa”, pág. 27 – escribí la semblanza biográfica y artística de Francisco Vega de los Reyes, conocido en el mundo de la tauromaquia por “Gitanillo de Triana” (1904 – 1931), también como “Curro Puya”, quien ha sido considerado como, posiblemente, el que mejor ha manejado el capote, desde que el toreo existe. Gitanillo de Triana/Curro Puya nació en el famoso e histórico barrio de Triana (Sevilla), cuna de artistas flamencos y toreros, que han inmortalizado a la capital de Andalucía.
Rafael Ríos, su biógrafo, nos dice que “… su oficio, para no desmentir la tradición gitana y trianera, fue la de herrero; y allí, en el duro yunque de las fraguas de la Cava, fue elaborando la idea de hacerse torero, torero de cartel, para que el “martinete” – cante fundamental del flamenco – que acompañaba su son en el trabajo fuera también su compás cuando se abriera de capa en verónicas monumentales”, cfr. “Tauromaquia fundamental”, pág. 105 (Universidad de Sevilla, 1974). Se corrió la voz que Sevilla contaba ya con un torero que torea a la verónica como nunca se había visto; que le da a cada lance una belleza y una lentitud que, más tarde, para definirlo, un destacado crítico diría: “Se me ha parado el reloj”. O aquella otra famosísima: “ A Gitanillo se le para el corazón en cada verónica”. Otra gracia, natural, importante de Francisco Vega “Gitanillo de Triana” será que con él se rompe ese comprobado miedo de los toreros gitanos. ¡Nada más lejano en el arte del trianero!.
De Curro Puya también se dice que fue artista – ¡y qué artista! – valiente, que jamás cayó en esa indolencia y ese pánico – más mítico que psicoantropológico – muy característico de los toreros calés. Era la valentía personificada; pero un toro, de nombre “Fandanguero” (Madrid, 31/05/1931), al darle un pase por alto, fue enganchado y derribado por él, infiriéndole varias cornadas, a consecuencia de las cuales falleció tres meses después: 14 de agosto de 1931. Sevilla honró su memoria dedicándole una calle: “Gitanillo de Triana”.
Valgan estas palabras mías como póstumo homenaje a Gitanillo de Triana (I) porque
no sólo fue extraordinario torero, sino que gustaba e interpretaba bien los cantes “más gitanos” del frondoso árbol flamenco: Tonás, Seguiriyas, Soleares, Tangos y Bulerías. Los cancioneros taurinos lo recuerdan con mucha frecuencia. Pongo aquí, al menos, esta famosa copla:
CAPOTE DE CURRO PUYA,
QUE SE QUEDÓ DONDE ESTÁ,
QUE LAS MANOS DE NINGUNO
LE PUEDEN NI TROPEZAR” ( Soleá, Caña, Tientos, Toná, etc…).
RAFAEL VEGA “Gitanillo de Triana” . Hermano del desdichado Francisco, nacido también en Sevilla, en el barrio de Triana, el 21 de marzo de 1915. Se presentó en Madrid, como “novillero”, el 22 de junio de 1933, para estoquear, junto a Florentino Ballesteros y Pericás, reses de Villamarta. Toma la alternativa el 19 de agosto de aquel mismo año, en Málaga, siendo su padrino Domingo Ortega (1908 -1988). En Madrid se la confirmó Marcial Lalanda (1903 -1990), el 24 de mayo de 1934, al cederle el toro “Mayoral” de la divisa de don Juan Terrones. Tras el obligado paréntesis de la guerra civil, vuelve a los ruedos pero con pocas actuaciones. En 1944 comienza a alternar con Manolete y pronto se nota el favor del diestro cordobés en el número de funciones que actúa Gitanillo de Triana, llegando a participar en 43 corridas en 1947, triste año para el mundo de los toros: muerte de Manolete en la plaza de Linares. Allí estaban Rafael Vega de los Reyes y Luís Miguel Dominguín. Su última corrida la toreó en la madrileña plaza de Vista Alegre (24/08/1952), en unión de Pepe Dominguín y Humberto Moro. El 24 de mayo de 1969 hallaron la muerte él y su hijo político, el matador de toros venezolano Héctor Álvarez, en accidente de automovil registrado en Belinchón (Cuenca) tras haber pasado la noche en una fiesta que Luís Miguel Dominguín había dado en su finca “Villa Paz”.
Este ilustre trianero fue, sin la menor duda, un matador de toros de gran clase y hondo sabor, pero también destacó por sus bailes flamencos y sus “cantes de ley” (Tonás, seguiriyas, soleares, tangos), que tanto admiraba su amigo y protector Manuel Rodriguez “Manolete”. Es cosa fácil de explicar el arte tauroflamenco de Rafael, sabiendo que procedía – como su hermano Curro Puya, heredero del sobrenombre familiar – de la ensolerada rama trianera y cantaora de los “Puya”, con la que aparecen asimismo emparentados los cantaores sevillanos Culata (Pepe y Enrique) y el actual cantaor Curro Fernández. Una añeja copla de Toná nos da cuenta de esta jonda alcurnia:
“A MI ME DICEN CURRO PUYA
POR LA TIERRA Y POR EL MAR,
Y EN EL BARRIO DE TRIANA
LA PIEDRA FUNDAMENTAL”.
Rafael Vega “Gitanillo de Triana” estuvo casado con una hija de la célebre bailaora Pastora Imperio (Pastora Rojas Monje,1889 -1979), y, además, realizó durante mucho tiempo la profesión de “Empresario flamenco”, de manera especial en el famoso “Tablao El Duende”, de Madrid, dirigido artísticamente por Pastora Imperio. Por tanto, Rafael conocía bien el mundo del espectáculo. Creo que ya habrán captado mis lectores el porqué de la estrecha relación entre Flamenco y Toros: dos manifestaciones artísticoculturales que definen la realidad histórica, social y cultural de Andalucía.
El famoso escritor Ramón Pérez de Ayala (1881 – 1962) nos dejó dicho: “El nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla…; así pues, las corridas de toros son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos”. Reflexionen, pues, los “ignorantes antitaurinos”.
Alfredo Arrebola, Profesor – Cantaor
