CUANDO RETORNA EL SOL
“Cuando retorna el sol” (Helena de Val) es un poema de renacer: tras la lluvia, el amor y la memoria iluminan lo cotidiano. Una ventana, un huerto y el azahar sostienen la esperanza, recordando que el ideal no es futuro: es el corazón aquí y ahora.

a Antonio
Las golondrinas trazan un arco en la ventana.
Ha dejado de llover y de cantar es tiempo.
En un instante vuelve a la mente, con fuerza,
aquella imagen en la que vibraba el sueño
de cambiar el mundo injusto en que vivíamos,
pero hoy resplandece el sol en nuestro huerto.
Un puñado de libros, premios, cuadros y plantas;
nuestra vida real por la ventana contemplo:
ese milagro que fueron todos esos logros,
lo mejor de esa ilusión en cada proyecto.
Y vuelta siempre a esta ventana creadora
de tantas quimeras, viajes y andaduras lejos.
No podría ser otra persona más que tú,
la que enciende el amor cada día y me sorprendo,
de sentir tras la ventana el aire del campo
por donde se filtra del pasado el recuerdo,
que integra el azahar con fe improvisada
y nuestra lucha por levantar el nuevo vuelo.
Tú me has hecho ser, sentirme mejor persona,
con la ilusión a la par hinchando nuestro pecho.
Sólo perseveran las cosas del pasado que
están en lugar adecuado, en su momento.
El futuro no es más que ese yo cambiante
y un ser enmascarado de miedo, incierto.
¿El ideal? tu corazón aquí y ahora.
Acalla tu mente. Quizá ser es solo eso:
el amor que logramos reinventar cada día,
saber abrirse como como un pétalo tierno
y poder dar paso a la vida que nos trae
el rayo de sol que nos ama en su regreso.

