Crucero por el Rin: un viaje de amistad entre paisajes y recuerdos
Crucero por el Rin, de Isabel Pérez Fernández, es un relato de viaje lleno de recuerdos, paisajes, amistad y ciudades inolvidables entre Holanda, Alemania, Francia y Suiza.

Seis amigos, un madrugón y un río cargado de historia fueron el inicio de una experiencia difícil de olvidar. Desde Ámsterdam hasta Estrasburgo, pasando por castillos, viñedos y ciudades marcadas por el tiempo, este crucero por el Rin se convirtió en mucho más que un viaje: fue un recorrido compartido donde la amistad, la belleza y las vivencias quedaron grabadas para siempre.
CRUCERO POR EL RIN
un viaje con amigos,
que lo quiero recordar.
Caminábamos deprisa
y había que madrugar,
pero fue vello y hermoso
y no lo quiero olvidar.
El día 23 de julo, tomamos el vuelo de Valencia a Zurich a las seis de la mañana, por lo que a las cuatro ya estábamos en el aeropuerto.
Primer madrugón. Fuimos seis amigos: Laura y Vicente, Isabel y Juan y mi esposo y yo, los seis dispuestos a todo. A las doce, tomamos otro vuelo Zurich – Ámsterdam, dónde llegamos sobre las dos y media de la tarde, luego nos trasladaron al buque y embarcamos. A continuación, el capitán y toda la tripulación nos dieron una calurosa bienvenida a bordo y nos desearon un maravilloso crucero en las instalaciones del M -S Amadeus Queen. Luego, cena de bienvenida y música tradicional de los Países Bajos, después, velada con música en vivo.
Pudo ser una noche placentera y tranquila, pero los seis amigos decidimos salir para ver Ámsterdam de noche, sobre todo el barrio Rojo y la plaza Dam, donde se encuentra la Iglesia Nueva, el Palacio Real y el Monumento Nacional de la Liberación, monolito de mármol de 22 metros de altura; Recorrimos callejuelas llenas de farolillos rojos, bares y diversas tiendas. Estaba muy bonito. Tomamos la cerveza Heineken, que nos costó un riñón y luego regresamos al barco en taxi, pues ya estábamos cansados.
El día siguiente era la visita guiada, primero panorámica en bus y luego a pie. Nos contaron que Ámsterdam tiene más canales que Venecia y más puentes que Paris. Con más de 165 canales, los más populares son Herengracht, Prinsengracht y muchos más que no voy a mencionar. Al igual que los puentes, la capital de los Países Bajos tiene la mayor concentración por metro cuadrado de museos; como el de Van Gogh, Rijksmuseum y Stedelijkestos, que son los más famosos y más visitados. Nosotros no tuvimos tiempo de verlos, ni la casa de Ana Frank, pero si vimos una ciudad poco cuidada, los jardines con malas hierbas y hasta basura en algunas calles; pero, en fin, esa es la idiosincrasia de Ámsterdam.
La siguiente escala fue ya en Alemania, en la ciudad de Colonia, el día 25, dónde también tuvimos la visita guiada, en este caso a pie, ya que el barco atracó justo detrás de la catedral.

Catedral de Colonia
Ésta ha sido durante siglos el monumento más famoso de la ciudad y uno de los más conocidos de Alemania. Este monumento impresiona por su majestuosidad, con la característica de sus agujas gemelas de estilo gótico. Colonia no fue la ciudad que imaginaba; al haber sido bombardeada, casi todo era de construcción nueva. Al bajar del barco, nos encontramos con el Teatro; un edificio super moderno y feo lleno, de colorines, justo detrás de la Catedral. Los nativos, a este edificio lo llamaron “la caca”. Luego, junto a la Catedral, un museo, que era una gran mole de hormigón que no deja ver la fachada derecha. Recorrimos sus calles y plazas y regresamos al barco, no sin antes degustar el famoso “codillo” en una cervecería bávara.
El día siguiente, visitamos Cochem. El barco, abandonó el Rin para navegar por el Mosela, a lo largo de los valles fluviales más hermosos de Alemania. Sus laderas están cubiertas de viñedos dispuestos en terrazas y numerosos castillos dominan las cimas de las colinas sobre pueblos y ciudades vinícolas que bordean la orilla. Llegamos a Cochem, enclavada entre viñedos bosques y crestas de la cordillera de Eifel y Hunsrucken, en una de las numerosas curvas del Mosela. Es una pequeña pintoresca y romántica ciudad, integrada en la naturaleza, con edificios históricos de más de 1000 años de antigüedad. El paisaje vinícola, el rio y el castillo, hacen a Cochem única. Fue arrasada por los franceses hace 300 años y severamente bombardeada durante la segunda guerra mundial. La ciudad ha sobrevivido y es más prospera y hermosa que nunca. Allí recorrimos sus calles estrechas, llenas de bares, sus plazas, la fuente del mercado, la Iglesia de san Martín y el castillo. Un lugar para volver, limpio y muy cuidado.
La ruta Romántica del Rin:
Volvimos a navegar por el Rin. El valle, es una importante atracción turística desde el siglo XIX, además alberga a unas 450.000 personas. Debe su singular aspecto, tanto a su forma natural como a sus poblados. Durante dos milenios, ha sido una de las rutas más importantes para el intercambio cultural. Situado en el corazón de Europa, fue a veces frontera y a veces puente entre diferentes culturas. La historia Del valle, refleja la historia de Europa Occidental, con sus numerosos monumentos, sus colinas repletas de viñedos, sus asentamientos apiñados en las estrechas riberas y las hileras de castillos alineados en las cimas. Se considera el epitome del romanticismo romano. Inspiró a Heinrich Heine a escribir su famoso poema “Lorelei”. Cuenta una leyenda que Lorelei una joven y bella campesina que enamoró al hijo de un noble, el cual, ante la insistencia del muchacho, concedió permiso para que se casaran, pero mandó a sus soldados para que la secuestraran y tiraran al rio desde una peña grande. En ese lugar levantaron una estatua. En el barco, al pasar frente a ella, sonó una melodía evocadora y sirvieron champañ. Los pasajeros, cogimos sitios en las terrazas y balcones; todo un movimiento increíble, para ver algo como la sirenita de Copenhague o el “Torico” de Teruel, algo que si no estas alerta, ni lo ves.

Seguimos navegando y atracamos en Heidelberg, la ciudad más romántica de Alemania.
Esta ciudad nos conquistó, es famosa en todo el mundo, es una de las favoritas de los turistas internacionales. La ciudad tiene mucho que ofrecer, encanto y caracter entre el puente viejo y el imponente castillo, encaramado en la ladera del monte Konigstuhl. Es fácil ver, porque también junto al puente viejo que cruza el rio Neckar, el castillo y sus edificios vecinos se encuentran entre los lugares más impresionantes de cualquier parte de Alemania. Heidelberg puede presumir de tener una de las estadísticas de visitantes más impresionantes de Alemania, Europa y probablemente del mundo.
Por la tarde, visitamos Espira. Igualmente hicimos el recorrido por los principales monumentos, visita a la catedral, conocida como catedral de Santa María y San Esteban. Es el monumento más destacado de la ciudad. Se veía una ciudad con poderío. Tiene también un tonel de 1560 litros, que cada nuevo obispo, debía llenarlo de vino para el disfrute del pueblo. Quizás este sea el origen de la feria del vino de la catedral. Cada año, en septiembre y octubre se celebra el festival internacional de música en la catedral. Se ofrecen conciertos de coro y orquesta, así como recitales de órgano.
El día 29, Llegamos a Estrasburgo, Francia, En la región de Alsacia-Lorena. Esta región fue creada en 1871 por el imperio alemán. Desde entonces Estrasburgo ha cambiado de manos francesas a alemanas y viceversa hasta cinco veces según los avatares de las batallas libradas entre ambas partes.
En Estrasburgo hablan francés el 95% de los habitantes, siendo el 5% los que hablan alemán.
La Marsellesa, himno nacional francés, fue compuesto aquí en 1792 por laude Joseph Rouget tras la declaración de guerra de Francia contra Austria. Originariamente se titulaba “Canción de guerra del ejército del Rin”. Pasando después a llamarse “La Marsellesa” por partir las tropas reagrupadas desde Marsella.
El casco antiguo, bien conservado, la “Ile” de la Cité”, está rodeado por el erío Ill y fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1988.
La principal atracción es la Catedral, de estilo románico y gótico. La plaza de la catedral está considerada como una de las más atractivas de Europa.
Una de las zonas más pintorescas es el antiguo barrio de los curtidores, llamado “Petit France”, con sus estrechos callejones, pequeñas casas con entramado de madera y peculiares tejados, rodeado por un sistema de canales del río Ill.
Aquí se encuentran parte de las instituciones europeas, como El Parlamento Europeo; El Consejo Europeo, El consejo de Derechos Humanos; la Corte de los Derechos Humanos y la Comisión Central.
Después de esta visita, embarcamos rumbo a Basilea en Suiza, desde donde nos llevaron en bus a Zurich y volamos desde allí a casa.

