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BUCEANDO EN LAS ALMAS – UN FARO DE LUZ EN LA RESIDENCIA DE MAYORES

Cristina-G

El tiempo que estuve de voluntaria, en el acompañamiento de personas Mayores, de las Residencias de Málaga y Granada, fue una experiencia inolvidable.

Me dieron una lista con varios nombres de señoras que vivían en los aparamentos tutelados. Ambas tenían un denominador común, hacia poco que residían allí. Y estaban todavía adaptándose a esa nueva vida.

Unas, habían ya repartido sus enseres entre familia, Cáritas, amistades, ONG… Otras dejaban el piso o la casa, para ir de vez en cuando. Todavía no daban el paso, de hacer un reparto en vida. Mi querida y estimada Miriam, era del grupo reducido de las primeras. Una vez tomada la decisión que, para ella, era irrevocable, se decidió a regalar: sofás, aparadores, muebles pequeños y grandes, etc. No había vuelta atrás para esta soltera por elección personal, maestra de niños por vocación profesional. Yes que hay hombres y mujeres que se sienten para vivir solos e integrados a las múltiples causas humanitarias, de caridad en el servicio al prójimo, o alejarse del mundo para la oración y contemplación junto a labores agrícolas, etc.

Miriam, me comentaba: «Me he quedado limpia».

Realmente le pesaba dejar una casa montada. Y la entiendo perfectamente, era una preocupación.

Todas las mañanas me relataba las vicisitudes externas que había tenido la tarde del día anterior o las reuniones en su apartamento con otras compañeras de residencia, haciendo sus ya famosas «almendras garrapiñadas».

Ella era y es como un faro iluminando la soledad de las almas. Y es que no hacía falta que fueran espíritus afines. El simple hecho de estar allí, bien voluntariamente o impuesto por los hijos, ya era el lazo de unión para que se aproximase al que viese triste, ensimismado o ausente. Captaba las emociones ajenas como si se tratase de una brisa marina, de un viento o huracán. Y con dulzura, lo cogía del brazo y le preguntaba: «¿Cómo te sientes?».

Esa sola pregunta, era suficiente, para que una catarata de emociones, se desbordase en frases, a veces entrecortadas por las lágrimas o la sonrisa. Y les iba hablando despacio… Al ver que, con una determinada conversación, les brillaban los ojos y se emocionaban; Miriam se daba cuenta, a sus más de 90 años, que ese era el Tema Estrella, que le hacía recuperar la sonrisa y dejar la apatía o tristeza en la que se hundían. Algunas de ellas, habían sido amigas de infancia en el colegio y se reencontraban al cabo de los años en esta situación «peculiar».

La soledad, tiene muchas caras. Se puede estar rodeado de personas y sentirse uno ausente o alejado de empatizar en un ambiente determinado y nos aislamos por sentido de autoprotección. y nunca mejor dicho, nos vamos a nuestra isla interior.

Desde su apartamento, podía ir a la Casa Central, donde tenían el desayuno, comida, merienda y cena incluidos. También la limpieza, lavado, planchado, enfermería, fisioterapia, consultorio médico, actividades recreativas… Además de dormitorios compartidos e individuales y personal sanitario pendiente de los residentes.

Había un imponderable Nuevo. Su visión, se estaba afectando progresivamente. Empezó a perder primero, la vista de un ojo, después del otro. Los escalones de entrada y salida del edificio de apartamentos se le desdibujaban al subir o bajar.

Tuvo un accidente en el plato de ducha, y allí tomó conciencia de su nueva discapacidad. Era más dependiente, pero no por ello, menos feliz.

Debía dejar el apartamento y marchar a la Casa Central, a una habitación compartida.

Empecé a visitarla en el que ahora, era su nuevo hogar. Recuerdo un amanecer que nos fuimos a un balcón desde dónde casi se podía tocar La Alhambra. Tañían las campanas en la Iglesia de Santa Ana, se disolvía una bruma de amanecer, y el sol relucía la piedra roja de la Ciudadela. Esa escena casi irreal, sería la última vez, que podría medianamente visualizarla.

Poco a poco, la luz de sus ojos se iba apagando, pero la luz de su alma aumentaba.

Siempre, he tratado de hacer que ella se sintiera un ser importante en mi vida. Y para mí, fue y es la madre que me hubiera gustado despedir, día a día, lentamente. Sin interferencias familiares y por supuesto una amiga del alma. Ella se refería a mí, como «su tesoro», un regalo que Dios le tenía guardado para el final de sus días.

Han pasado, más de 7 años, es raro el día que no la llamo.

¡Cuántas veces, realizamos obras y bien pronto vemos el fruto de dicha acción!

En ocasiones, comentábamos: Unos, marchan hacia la otra vida siendo infantes, jóvenes, adultos. Otros, rodeados de familia, hay quienes en completa soledad. Y al final de sus días en estas Residencias, encuentran a otra familia, la Familia del Corazón, que no de sangre. Empatizan, se acompañan y escuchan …

Miriam se siente, en un Umbral, con un pie pisando la tierra y otro levantado, hacia el Reino Inmortal.

Nos comprendíamos de una manera especial. Aun siendo yo mucho más joven, también me sentía, en un mundo en cierta forma ajeno y con la mirada interior viendo en el horizonte, Los Paisajes de La Eternidad.

¡Qué 90 años, los de Miriam, tan preciosos!

-Le dije- probablemente pasarás El Umbral, antes que yo. Si un día vengo o te llamo y me dicen que ya te fuiste, es solo un corto espacio de tiempo… Nos vemos en La Eternidad.

Cristina Gómez-Tejedor Álvarez

1 pensó en “BUCEANDO EN LAS ALMAS – UN FARO DE LUZ EN LA RESIDENCIA DE MAYORES

  1. Hermosa lección de vida, solidaridad, amistad, afecto, comprensión mutua, y admirable final….»es solo un corto espacio corto de tiempo….Nos vemos en La Eternidad»
    Sin duda en el CIELO será vuestro nuevo reencuentro. Enhorabuena
    Antonia Pérez Bolaños. Madrid

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