“A quién le importa lo que nos digan”
Nuestro gobierno a nivel estatal, autonómico y local está recogiendo lo que han sembrado, descrédito, hastío, desafección y evidente cansancio, heredado de la corrupción y falta de transparencia que manifiesta con sus actuaciones. Tanto unos como otros reflejan desganas y actúan por inercia. Véase con qué desfachatez y cínica ignorancia declara nuestro presidente en el caso Gürtel, desconocer la gestión económica del PP. Ante la sociedad o buena parte de la que no tiene clientelismo ni fans de equipos de partidos, la opinión pública y crítica exige reparar los desarreglos o que les den cuenta de cómo gestionan, pues el descontento sigue y cada vez si cabe hay más asco o repulsa hacia las declaraciones públicas y los servicios públicos que nos ofrecen, sintiendo sus palabras, manifestaciones y propósitos muy lejos de la problemática real de la gente. En este sentido es notorio la decisión del parlamento catalán de crear una nueva norma que establece «un régimen jurídico excepcional» para intentar celebrar el referéndum de independencia y se amparará en la legislación internacional, contraviniendo y burlándose de la Norma suprema Constitucional.
También no es menos increíble como hay alcaldes que se siguen subiendo el sueldo ingente y desproporcionadamente. Por esto, la sensación de agnósticos o de no creer en ellos, nos referimos por supuesto a los representantes políticos es algo muy evidente, hoy por hoy. Ni que decir tiene si trasladamos lo aparentemente positivo como la recuperación del empleo pero estacional, la precariedad es obvia al sentir de los nuevos trabajadores, su opinión es triste y desalentadora, no ven soluciones compensatorias ni remedios económicos a lo que ven que no se pone arreglo ni se presiona sindicalmente. Es más la percepción del vaso casi vacío, siempre es de la gente que está harta de tanta taberna y parafernalia, o palmeros. Vistas así las cosas, yo me atrevería a decir que no se trata de ignorancia porque todos los sabemos que nos engañan pero hasta cuándo.
Es como si las consignas fuesen “que cada palo aguante su vela”, es cuestión de mantenernos lo más desapercibidos, no llamar la atención. Baste con dejar pasar el verano y más ahora con las fiestas y vacaciones que tenemos y “tienen los que pueden para disuadir”. No hay regeneración ni frescura, ni recambio, los asuntos o problemas siguen siendo los mismos, los siguen gestionando las mismas personas aunque con distintos cargos a su cargo. Obsérvese en los representantes de los partidos o de los sindicatos, algunos viven de ello, llevan desde 10 a 30 años; más de lo mismo siempre. Como comprenderán ustedes no surgirán cambios significativos en propuestas y objetivos si no cambian los planteamientos ni los planificadores. Su actuación política o sindical es limitada, porque tienen mucho por callar y poco por cambiar. El asedio del clientelismo y la corrupción condiciona bastante. Lo mejor es que siempre la culpa es de los otros y nadie quiere realmente colaborar con su adversario, ni asumir su responsabilidad porque es motivo “para quítate tú para que me ponga yo”. No obstante, se asignan y se crean comisiones de participación o investigación como si fuesen la solución, que habría que ver cómo funcionan o responder qué hacen pues da la impresión de una labor de burócratas y de “apaños”. Los ministros o consejeros no pueden crear proyectos de ley, porque están demasiado ocupados en defenderse de las reprobaciones o acusaciones.
Parece que se aprecia un desánimo a hacer política renovadora, miedo a meter la pata fuera de la lógica del partido, a asumir riesgos o políticas de consenso. Nadie quiere dejar de ser o se quiere aparentar ser protagonista. El cambio del paso paraliza y se traduce, lógicamente, en una falta de impulso e iniciativa política. Puede parecer que hay acción política pero la situación es muy difícil cuando nunca se reconocen los errores y no aprendemos de ellos. Y todos pueden llevar parte de la razón pero hay que asumir la responsabilidad, y no se está por la labor. Buena muestra de ello es el pacto por la educación, la independización de la justicia y el gran problema del referéndum de la autodeterminación catalana.
Francisco Velasco Rey
