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La fábula de las tres hermanas.

Eran tres hermanas jóvenes llamadas Sesasi, Yamanik y Ajaniame. Vivian en un precioso poblado maya donde era costumbre que al llegar a la adolescencia se reuniesen con el chamán para que les diese algún consejo para su futuro o contestase alguna pregunta trascendental sobre la vida. Sus padres decidieron que había llegado el día para ellas, debían reunirse con el anciano. Las recibió y les ofreció té verde con jazmín. Después de darles los consejos que acostumbraba a dar a los jóvenes, ellas insistieron en formular una pregunta.

–¿Cómo podemos conseguir una vida feliz y plena? –preguntó Ajaniame en nombre de sus hermanas.

El anciano las miró asombrado por sus inquietudes siendo tan jóvenes, y entonces pensó que la mejor respuesta, seria que lo sintieran en sus propias vidas.

–Si de verdad queréis la respuesta a esta pregunta –dijo el sabio Chaman– debéis hacer lo que siguiente: Durante una semana tendréis que atar a vuestra muñeca lo que más amáis en el mundo. –El chamán les acercó un cordel rojo a cada una–. Después de esa semana os desprenderéis de lo que más amáis durante un día entero apartadas por completo y después volveréis a verme.

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Las jóvenes salieron de la cabaña algo confusas no sabían que significaría eso. Se preguntaban si la felicidad seria estar atado toda la vida a lo que más aman y eso les pareció la respuesta. Pero aun así decidieron seguir su consejo de modo que cada una pensó en lo que más amaban en el mundo.

Sesai, la mayor, estaba locamente enamorada de un joven llamado Masawa que significa viento nocturno, de modo que no lo pensó dos veces y ató su muñeca a la de este. Tendrían que convivir cada minuto de esa semana.

Yamanik la mediana tenía la colección más envidiable de piedras preciosas y adornos del poblado, por algo era la más presumida. Le encantaban sus aderezos y lo que más amaba era poseer cada vez más, de modo que ató su cuerda a una bolsa con las mejores y más grandes piedras preciosas que poseía.

Ajaniame era la menor y estuvo algún tiempo pensando en que es lo que amaba de verdad en la vida, pero no le fue fácil averiguarlo, de hecho ella amaba muchas cosas. De modo que volvió al chamán.

–Yo amo tantas cosas que no puedo atarlas todas. –dijo Ajaniame

–Hay una manera de averiguarlo –contestó el sabio después de apurar el ultimo sorbo de té–. Cuando tienes lo que más amas, sientes que aun estando lejos está cerca, y estando cerca dentro de ti fluye un manantial de paz, el tiempo se detiene y tú creces tanto que a cada momento eres más grande. No existe dolor ni reproche todo lo vano desaparece alrededor. Los sueños se hacen realidad delante de ti, tal como los soñaste y al momento de desprenderte sientes la pérdida, entristece tu alma y la vida carece de sentido.

–Entonces ya se a que atarme –se resolvió Ajaniame.

Pasó una semana y un día. Expectantes las tres hermanas se volvieron a reunir con el anciano chamán.

–¿Qué habéis aprendido durante esta semana? –Preguntó el sabio–. ¿Cómo os sentisteis al desprenderos de lo que más amáis?

–Lo único que he descubierto es que –comenzó Sesai impaciente– lo que yo creía que más amaba, no ha resultado ser así. Me até a mi novio Masawa. Al principio me pareció lo más hermoso del mundo, pero a medida que pasaban las horas y los días la cosa cambió. Comenzamos a sentir que aunque estábamos a gusto juntos, queríamos algo de libertad para otras cosas. De modo que al final nos agobiamos tanto que tuve que desatarme. Me avergüenza decirlo pero al desprenderme sentí cierto alivio, aunque siga queriéndolo mucho.

–Yamanik, ¿a ti como te fue? –le preguntó el chamán.

–Yo decidí atarme a mis hermosas piedras preciosas –contestó Yamanik algo cansada– a las que creía que más amaba en la vida, pero llevar ese peso todo el día fue agotador. En un momento dado tuve que correr debido a una emergencia familiar y el peso resulto ser un lastre, de modo que tuve que desprenderme de mis queridas pertenencias. Cuando volví para mirar las piedras ya no las vi tan hermosas al desatarlas de mi muñeca pude atender cosas más valiosas.

–Ajaniame, ¿cómo te fue a ti? –preguntó por último el anciano.

–He llevado durante toda la semana una libreta y un lápiz. –Contestó con sencillez Ajaniame–. Quiero a muchas personas y me encantan muchas de las cosas que tengo, pero amo escribir, he escrito más que en toda mi vida y me he sentido más feliz que en toda mi vida. Quiero escribir libros llenos de vivencias, pasiones y sueños. Quiero escribir toda mi vida hasta que sea una ancianita, quiero regalar mis pensamientos, quiero que otros puedan soñar a través de mis palabras, nunca me había sentido más viva. Yo creía que no tenía tiempo para dedicarme a lo que más amo, pero llevar esta libreta atada todo el tiempo me ha demostrado que estaba equivocada. Al desprenderme sentí vacío.

–Creo que habéis aprendido mucho. –Les habló el chamán–. Sesai tu nombre es muy apropiado para ti pues significa bonita, entiendo que Masawa se haya enamorado de ti. Pero si te atas a una persona para conseguir una vida feliz terminaras por ahuyentar el amor. Las personas nos pueden hacer sentir bien pero nuestra felicidad no depende de los demás, depende de nosotros mismos, de lo feliz que te hagas tú a ti misma. Yamanik tu nombre también parece apropiado pues significa esmeralda. Es cierto que en el mundo existen cosas muy hermosas, pero no dejan de ser objetos inanimados. Nuestro deseo de conseguirlas nos ata a muchas obligaciones para terminar deseando más cosas sin lograr nunca sentirnos satisfechos. Tanto nos pueden atar que olvidemos lo que de verdad importa y nos impidan movernos como te ha pasado a ti. Ajaniame tu nombre también es apropiado pues significa vida y eso es lo que has descubierto, como vivirla. Un maestro dijo una vez “Si quieres vivir una vida feliz, átala a una meta, no a una persona o a un objeto” Esa es la respuesta a vuestra pregunta. Las metas, el sentido de la vida es el sentido de logro. Todos tenemos alguna meta que aunque sientas que todavía está lejos, en tu corazón está cerca. Cuando estas con lo que te llena de verdad, fluye un manantial de paz en ti y el tiempo se detiene. Creces tanto que a cada momento eres más grande. No existe dolor ni reproche, conservas tu propia libertad, no te pesa nada, todo lo vano desaparece alrededor. Los sueños se hacen realidad delante de ti, tal como los soñaste, no como quizá los soñó otra persona. Cuando haces lo que te apasiona eres feliz. La felicidad no está fuera, ya sea en personas o cosas, está dentro de ti.

 

Manuel Salcedo Gálvez.

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