LANJARÓN
Pueblo de las Alpujarras granadinas, sendero florido con más de 100 manantiales de aguas medicinales diferentes.Y 32 pilares donde caen continuos chorros de aguas frescas y cristalinas. Los lanjaronenses o cañoneros como se les llama, saben cual es buena para cada cosa.
Hoy voy a escribir sobre Lanjarón, pueblo de las Alpujarras granadinas, sendero florido con más de 100 manantiales de aguas medicinales diferentes, como Capilla, San Vicente, La Salud, Capuchina, ect. Y 32 pilares donde caen continuos chorros de aguas frescas y cristalinas. Los lanjaronenses o cañoneros como se les llama, saben cual es buena para cada cosa. La de Santa Lucía para la vista, la de la Casita de Papel para el riñón, otras para el hígado; en fin, se las saben todas. Lo que me impresionó, fue como en cada Pilar había un poema dedicado al agua, en su mayor parte de García Lorca.
Hemos estado 11 días en el Balneario, en compañía de dos buenos amigos, Laura y Vicente. Coincidimos con las fiestas del pueblo. La noche de San Juan celebraron la fiesta del agua, la cual tiraban con cubos, con mangueras y hasta desde los balcones. Impresionante. Al día siguiente, esperábamos que pasara la cabalgata cuando nos comunicaron que se suspendía, pues un incendio provocado acabó con la vida de dos personas y varios heridos de consideración. Eso apagó la alegría de un pueblo tan bonito, donde los turistas pueden adentrarse por rutas y senderos increíbles. En el pueblo se puede visitar el parque del Salao, los museos de la miel y del agua, el casco antiguo, con el barrio del Hondillo, placeta de Santa Ana, donde hay una casa que ocupo en varias ocasiones el poeta Granadino Manuel Benítez Carrasco. Esta placeta parece un patio cordobés, con tantas macetas de flores. También la plaza de Juanito Valderrama, la barriada de la Paz, los miradores del Castillo, de la Cañona y el del Visillo, la ruta del agua con sus 32 pilares, las ermitas y la de los cañones, en fin un monumento; no se puede pedir más. Allí dicen con amor simplemente Lanjarón.
Termino mi canto a Lanjarón con este poema:
POEMA A LANJARÒN
Lanjarón, ruta de flores,
de hornacinas y de agua,
de ermitas y de cañones
y la ruta de las tapas.
En San Juan te descubrí,
rebosabas alegría;
y cada pilar que vi
me regaló una poesía.
Eres fuente de agua pura,
con poesía lorquiana,
que se cuela por las venas
y se te queda en el alma.
Desde el parque de El Salao
hasta el barrio del Hondillo,
pasando por Santa Ana,
vi las cosas más hermosas
de todas las Alpujarras.
Manuel Benítez Carrasco,
poeta del Albaicín,
se vino de vacaciones
y se enamoró de ti.
Seguro que le inspiraste
las mejores poesías
que en Granada se escucharon,
y en toda mi Andalucía.
Puso el caballo en tu puerta,
y en la orillita del río
puso un huerto con limones,
y un arroyito de frío
que va sembrando canciones.
Y mira si fue “desprendío”,
que un día pasando el puente
tiró tus penas al río.
Y ante tanta maravilla
yo voy a pedirle a Dios,
que si voy al Paraíso
me mande al de Lanjarón.
Eres un jardín florido,
perfumado Lanjarón;
murmullo de manantiales,
fuente de la inspiración,
agua clara de poetas
que quisiera beber yo.
También visitamos otros pueblos de las Alpujarras, como Capileira, y de la costa tropical granadina. En Salobreña disfrutamos de sus preciosas calles y del castillo y de sus playas, así como en Almuñécar.
Estando allí, estuve tentada de visitar la redacción del periódico y a su fantástico director, Don José Segura.
Y como no, visitamos Granada de nuevo, paseamos por sus calles y plazas, visitamos la Alhambra, el Sacromonte y el Albaicín. En fin, una pasada de viaje, encontrándonos siempre con gente maravillosa como son todos los Andaluces.
Incluyo mi poema a Granada:
GRANADA
Quisiera ser Boabdil
y pasear por Granada,
para poder descubrir
todo lo que encierra en ti,
tras los muros de la Alhambra.
Varias veces estuve allí,
para verte, vida mía,
no paseaba, corría,
y a veces casi volaba,
como volaban los días.
Una noche dimos
un paseo por el Sacromonte.
Y desde un mirador,
contemplaba Granada
llena de esplendor.
La Alhambra,
me parecía una falla;
un volcán en erupción,
rebosándole la lava.
De día, crucé tus muros.
Visité el Generalife
y la Torre de la Vela.
De nuevo te contemplé,
como a una diosa morena.
Y en los patios junto al agua,
como un manantial fluían
las notas de una guitarra,
que inspiró a Manuel de Falla,
la más pura melodía,
que se inspiró en la Alhambra
un parque tiene Granada,
dedicado a García Lorca.
La luna va deshojando
heliotropos y amapolas
lleva polisón de nardos
y mil pulseras de nácar
y anillos en dedos largos
en Granada las gitanas,
gritan desde el Albaicín.
Huye luna, luna, luna,
No busques en el jardín,
que Federico se ha ido,
dando saltos de delfín.
Granada, tiene una plaza,
donde el sentimiento rueda
alrededor de una dama,
que es Marianita Pineda.
Isabel Pérez Fernández


