HACES DE LUZ. Reflexión filosófico-teológica: DEISMO
He compuesto este artículo a petición de varios amigos interesados, aunque parezca raro, en temas teológicos. Como saben mis lectores, he dedicado tres comentarios sobre la “Indiferencia religiosa”, que tan graves problemas viene originando en la sociedad actual. Muchas horas he tenido que emplear en confeccionar este nuevo trabajo: El Deismo. Sin embargo debo decir que es una verdadera satisfacción espiritual gastar el tiempo averiguando la última razón del ser humano: Dios.
Ahora bien, si es cierto que la religión es para el hombre una necesidad de la que no puede librarse, porque es congénita con su esencia; si es cierto que la religión en forma de Dios o de ídolo debe llenar con mayor o menor intensidad, pero siempre con grandes resonancias, el corazón humano, ¿por qué no detener algunos momentos el curso arrebatado de nuestra vida diaria para auscultar lo que esa corriente vital de nuestra alma y de todo nuestro ser nos quiere hablar y nos exige escuchar?. Es ésta, precisamente, la finalidad de mis breves reflexiones filosófico-teológicas que, a través del Periódico “GRANADA COSTA”, vengo publicando.
Los creyentes cristianos disponemos de indicios más que suficientes para reconocer la presencia de Dios en nosostros y su “revelación” en Jesús, y que hacen razonable su acogida; pero el creyente no dispone de ninguna razón que le fuerce a creer, ya que Dios quiere que nuestra fe sea una opción libre, en respuesta al amor gratuito y libre de Dios. Se me vienen a la mente las palabras del libro de la Sabiduría: “Buscad a Dios con sencillez de corazón. Él se manifiesta a quien no exige pruebas; se revela a quien no desconfía de él” (Sab 1, 1-2). He creído conveniente, oportuno y didáctico, poner estas palabras preliminares para comprender – si es posible – el difícil y enigmático problema del Deismo, que fue condenado por el Concilio Vaticano I (1870) – cfr. “Enchiridion Symbolorum” ( Dz 1781-1800 1807-1810- 1813. Ed. Herder, 1957) -, a causa de la negación de lo sobrenatural y de la revelación, así como también a causa de la opinión, sentada explícita o implícitamente por el deismo, de que Dios creó el mundo necesariamente, lo que equivale impugnar la libertad de Dios ( con lo cual este sistema filosófico-teológico se enreda en una serie de contradicciones).
El hombre es un ser que, por naturaleza, quiere saber qué sentido tiene la vida y qué relación guardan las cosas entre sí. En el orden religioso, le sucede lo mismo. La filosofía de la “religión natural” es relativamente fácil, porque el filósofo recibe siempre la impresión de que está pisando su propio terreno; de que se encuentra en su propia casa, estudiando objetos que le son connaturales y hasta cierto punto familiares. Pero la filosofía de la “religión sobrenatural” tiene dificultades especiales, pues parece que lo sobrenatural escapa a las redes de la filosofía, conforme al pensamiento de Ismael Quiles en “Filosofía de la religión”, pág. 134. Col. Austral, 1949.
Es frecuente hablar de filosofía del arte, filosofía de la cultura, filosofía del lenguaje, filosofía de la vida, etc., etc. Sin embargo, cuando hablamos de “ Filosofía de la religión sobrenatural” tropieza nuestra inteligencia con un elemento que parece de suyo suprafilosófico, idest, la misma religión sobrenatural “parece” simplemente incompatible con la filosofía, y es cierto – objetivamente hablando – que existen caracteres suprafilosóficos por los que la misma religión sobrenatural “parece” simplemente incompatible con la filosofía. Y este elemento sobrenatural es “esencial” al objeto que estudiamos – I. Quiles – por lo que resulta, a primera vista, una incompatibilidad “esencial” entre la filosofía y la religión sobrenatural y, por consiguiente, contradictoria la expresión “filosofía de la religión sobrenatural”. He procurado – ¡y con mucho gusto! – leer a los más destacados estudiosos de religión – Cicerón, Lucrecio, Hume, Leibniz, Kant, Max Scheler, Burnett Taylor, Bergson, Xavier Zubiri, entre otros – y todos me hacen ver que aquello que en alguna manera afecta al hombre debe ser objeto de la filosofía, porque, a la verdad, el hombre es “esencialmente filósofo”, es decir, conocedor por su inteligencia y por su razón natural, y no puede admitir nada que sea contra su naturaleza, nada que sea antirracional y antinatural para él. El “hecho religioso” – tal como me lo enseñaron en Teodicea – no es, de ninguna manera, ni antirracional ni antinatural. El mismo Kant (1724 – 1804), internándose en el campo de lo abstracto y, partiendo de la duda, reconstituye la certidumbre por medio de la razón práctica y de la ley moral, admite la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.
Asimismo, podemos decir que Bergson, Otto, Scheler, Boutroux, por no citar los filósofos escolásticos, señalan como punto crucial de la “conciencia religiosa” este sentimiento de absoluta dependencia, de anhelo de salvación innato en el alma. Y en una mente, bien cultivada, está presente que una de las direcciones más modernas de la filosofía tiene precisamente como punto de partida la conciencia de la propia finitud, de la insuficiencia esencial, ontológica, del hombre, que parece estar en continuo peligro de caer en la nada. La angustia del hombre frente a la nada, al no-ser, el peligro de la existencia, es el núcleo esencial del Existencialismo.
Pues bien -pregunto-, ¿no es esto confesar la contingencia esencial del hombre, de donde nace inexorablemente la necesidad de recurrir a un principio superior del cual poder sostenerse?. Ahora me alegra recordar – aunque lo perdiera – aquel sentido librito “Inquietud metafísica del sufrimiento” que, entre la soledad y la terrible duda religiosa, compuse (1958) en mi pueblo: “POR AQUELLA NOCHE OSCURA/ YO IBA BUSCANDO A DIOS /SIN SABER QUE LO LLEVABA / DENTRO DE MI CORAZÓN (cfr. “Mi cante es una oración”. Lp. Málaga, 1988).
Era necesario hacer estas anotaciones para adentrarnos en el DEISMO: corriente filosófica que de una manera explícita y más sistemática ha admitido por una parte la existencia de Dios y de la religión natural, pero ha negado por otra la posibilidad de de la religión sobrenatural. El deismo admite la existencia de Dios a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de las llamadas religiones teistas como la revelación directa, la fe o la tradición. Dios es un creador u organizador del universo, es la primera causa. Un tema tan delicado, como éste, merece otro artículo. Lo haremos: “Deo volente et tempore permittente”, como se dice en el lenguaje taurino.
Julio 2016
Alfredo Arrebola,
Doctor en Filosofía y Letras

