Cuando Vivir(te) dejó de ser solo mío
RosAlma Saavedra comparte la emoción vivida durante la presentación de Vivir(te) en San Juan del Puerto, una tarde en la que sus poemas encontraron nuevas voces y pasaron a formar parte de sus lectores.

San Juan del Puerto acogió el 23 de septiembre una presentación de Vivir(te) en la que poesía, música y emoción se encontraron sobre un mismo escenario.
Hay tardes que terminan cuando se apagan las luces de una sala. Y hay otras que continúan viviendo dentro mucho después de que todo haya acabado.

La presentación de Vivir(te) en San Juan del Puerto fue, para mí, una de esas tardes.
El salón de actos del Centro Sociocultural Jesús Quintero se convirtió en un espacio donde las palabras salieron del papel para transformarse en voces, música, recuerdos y emociones compartidas.
Presentar un libro siempre tiene algo de entrega. Quien escribe llega con una obra entre las manos, pero también con una parte de su propia historia. En el caso de Vivir(te), esa sensación es todavía más intensa porque cada poema nació en momentos diferentes de mi vida: algunos desde la alegría, otros desde las heridas, los aprendizajes, las despedidas o la necesidad de volver a encontrarme.
Y aquella tarde ocurrió algo especialmente hermoso: mis versos dejaron de tener únicamente mi voz.
Distintas personas aceptaron prestárselas, entrando durante unos minutos en palabras que un día escribí desde lugares muy íntimos. Escuchar un poema propio en la voz de otra persona es una experiencia difícil de explicar. De repente, aquello que conoces de memoria cambia. Aparecen otros matices, otros silencios, otra manera de sentirlo.
Entonces comprendes que un poema no termina de escribirse cuando su autora coloca el último punto. Vuelve a nacer cada vez que alguien lo lee, lo interpreta o encuentra dentro de él una parte de su propia historia.
La tarde estuvo conducida por Lola Guevara Garrido, escritora y una mujer a la que me unen ya mucho más que los libros y los encuentros culturales. Nos conocimos por una de esas supuestas casualidades en las que cada vez creo menos. Nuestra conexión fue inmediata y, desde entonces, hemos tenido la fortuna de compartir proyectos, escenarios y una amistad que valoro profundamente.
También volvió a acompañarme al piano Francisco Ramón Camuñas Díaz. Su historia dentro del camino de Vivir(te) comenzó en Manzanilla, cuando mi amiga Carmen tuvo la idea de invitarlo a una de mis presentaciones. Desde entonces, cada vez que le he pedido que vuelva a acompañarme he encontrado un sí. Y tener cerca a alguien con su sensibilidad, su nivel y su arte es uno de esos regalos que una aprende a valorar profundamente. Hay momentos en los que mis palabras terminan y su música parece saber exactamente cómo continuarlas.





La presentación contó con el respaldo del Ilmo. Ayuntamiento de San Juan del Puerto, al que agradezco la acogida dispensada a mi obra. Mi gratitud a su alcaldesa, Rocío Cárdenas Fernández, y a Juan Martínez Toro, concejal de Cultura, por seguir abriendo espacios donde la literatura, la música y la palabra puedan encontrarse con las personas.
Durante el encuentro también pude compartir con el público la historia que existe detrás de Vivir(te).
Conté que muchos de sus poemas llevaban años escritos antes de convertirse en libro. Habían aparecido en revistas, periódicos y antologías, pero durante mucho tiempo fui posponiendo la publicación de una obra completamente mía.
Hasta que un 5 de enero decidí hacerme un regalo de Reyes: dejar de esperar.
Aquella noche elegí definitivamente los poemas, terminé de construir los cinco estados del alma que articulan el libro —Despertar, Elegirte, Pausar, Avanzar y Volver a ti— y envié el manuscrito.
Aquel día nació Vivir(te).
Pero también nació una versión de mí que, por fin, se había atrevido.
Desde entonces han ocurrido cosas que jamás habría imaginado. Su primera edición se agotó en apenas día y medio, llegaron lectores que comenzaron a contarme sus propias historias y recibió reconocimientos como el Premio Sócrates de las Letras.
Sin embargo, los momentos que más profundamente continúan emocionándome no caben en una estatuilla.
Están en frases como:
“Parecía que habías escrito una parte de mi historia.”
Porque ahí reside, quizá, el verdadero milagro de la literatura.
Un libro nace de una persona, pero llega un momento en el que deja de pertenecerle.
Pertenece también a quien subraya una frase.
A quien llora con un poema.
A quien recuerda.
A quien encuentra una respuesta.
A quien, durante unos minutos, siente que alguien consiguió poner palabras a aquello que llevaba mucho tiempo sintiendo.
Y eso fue precisamente lo que sentí en San Juan del Puerto.
Llegué con Vivir(te) entre mis manos.




Y regresé sabiendo que algunos de sus versos ya se habían quedado allí.
En una voz.
En una mirada.
En una emoción.
Quizá en alguna persona que, mientras escuchaba, pensó en silencio:
“Esto también era para mí.”
Si ocurrió aunque solo fuera una vez, todo tuvo sentido.
Porque entre tantas obligaciones, prisas y responsabilidades, seguimos necesitando recordar algo aparentemente sencillo y, sin embargo, profundamente difícil: que no basta únicamente con vivir.
A veces también necesitamos detenernos, escucharnos, perdonarnos, elegirnos y regresar a nosotros mismos.
Necesitamos, de vez en cuando, vivir(te).
RosAlma Saavedra 🦋
