Portada » A FEDERICO GARCÍA LORCA
Martinez Parra Ana

Me faltan las palabras para 

                                                                                    honrar al poeta en su justa medida.

Nadie supo qué pensabas
cuando te iban a ejecutar;
el miedo y la esperanza,
como espinas y dulce azahar,
es posible que lucharan
para tu mente calmar.

¿Qué sentiste, Federico,
en aquel paseo mortal?.
¿Cuál fue, poeta querido,
el último sentimiento
que pensaste en versar?.

¿Qué crimen te adjudicaron
que justificara apagar
esa fuente que manaba,
como dulce ambrosía,
miles de sensaciones
en teatro y en poesía?

¿A quién debemos culpar
por la atroz y cruel acción
de privarnos sin escrúpulos
de ese tu embrujo creador?.

¡Ay Federico admirado!
qué sentida soledad,
qué disparo despiadado
descargaron sobre ti
aquel día tan aciago.

Una flor crece en el campo,
diferente a las demás,
con una prestancia infinita
que la lleva a destacar.

Y por celos o por envidia,
ambos pecados,¡ los dos!,
hace que una mano indigna
la arranque sin compasión.

El campo se desarbola
ante tan pérfida acción
y pierde su identidad,
porque es muy raro, poeta,
que nazca otra nueva flor
que sea idéntica a la anterior.

La vida hace justicia,
y lo hermoso no se olvida,
porque el recuerdo pervive
pese a la brutal felonía
del que tuvo la osadía
de arrancarla aquel día.

Como esa flor eres tú,
Federico,
ser sensitivo, soñador,
creador de esa ambrosía
que son la bellas palabras
que dan vida a tu teatro,
a tu arte y tu poesía.

Y pervives, aunque les pese,
con tu obra, con tu acción
y esa capacidad tan tuya
de mostrar mil sentimientos
que bruñiste con ardor.

Ahí quedan como muestra
tu Camborio y su clamor,
tu llanto por el torero,
tus gitanos y su dolor,
la sangre en una boda
y los ficticios dolores
de un parto que no llegó.

Dulce néctar con que a los dioses
los supiste deleitar
por tu mente prodigiosa
a la hora de crear ,
que pobló de mil fantasmas
y negro luto agobiante
una casa de mujeres
de sensualidad delirante.

Federico, Federico,
de la luna embajador
un poeta como otro,
tan igual y tan distinto,
tan sublime y soñador,
que puso voz al silencio
marcando así su destino
con tan trágico final.

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