Portada » UNA FOTO Y UNA ÉPOCA
Rotativo

Hay algo de los años 60 y 70 en España que cuesta explicar con datos y, sin embargo, se entiende al instante cuando lo recuerdas (o cuando lo ves). Esta semana, revisando archivos antiguos del Proyecto Global de Cultura Granada Costa, nos encontramos con una fotografía preciosa: Carmen Carrasco Ramos, nuestra presidenta de honor, disfrutando de una noche de fiesta. No es una imagen “posada”; es de esas que te devuelven el sonido de la música aunque estén en silencio. Y, de repente, todo encaja: así se lo pasaban de bien los jóvenes entonces.

Porque salir en aquella época no era simplemente “ir a un sitio”. Era un pequeño ritual. A veces empezaba en un guateque, en el salón de una casa, con el tocadiscos como protagonista y los discos pasando de mano en mano. Bastaba una canción para que la timidez se aflojara: risas, miradas, pasos torpes pero valientes. Se bailaba suelto cuando tocaba, y cuando llegaba el lento se notaba un cambio en el aire: pedir el baile tenía algo de ceremonia, de “a ver si me dices que sí”. Hoy parece ingenuo, pero era auténtico. Y eso, al final, es lo que hacía grande la noche.

La foto de Carmen tiene justo esa verdad. No hay exceso, no hay espectáculo: hay alegría. Hay alguien que está donde quiere estar, compartiendo el momento con los suyos. Y me hizo pensar que, en el fondo, la fiesta de aquellos años era muy humana: no necesitaba grandes decorados para ser memorable.

En los pueblos, además, estaba la verbena, que era otra manera de entender la felicidad. Plaza, farolillos, orquesta, familias paseando y, por debajo, la energía juvenil buscando su sitio. Los jóvenes se reunían en corrillos, iban y venían, se encontraban “casualmente” una y otra vez. El primer refresco, la charla en un banco, el paseo antes de que empezara el baile… todo tenía importancia porque todo era convivencia.

Y luego llegaron los 70 con su punto de modernidad: pubs y discotecas, luces girando, altavoces marcando el pulso, pantalones de campana, plataformas, y esa sensación de que la noche podía durar un poco más. Se bailaba más suelto, con más libertad, pero la esencia seguía siendo la misma: salir para sentirse vivo, para reír, para pertenecer.

Por eso, cuando decimos que “se lo pasaban muy bien”, no lo digo como una frase hecha. Lo digo porque una fotografía como esta —guardada en nuestros archivos— lo cuenta mejor que cualquier explicación: una época en la que la diversión era sencilla, cercana, y por eso mismo, inolvidable.

La joven maestra de escuela Carmen Carrasco de celebración, junto a un amigo
José Segura
Presidente del proyecto de Cultura Granada Costa

Deja un comentario