LA VOZ QUE SUENA
Un poema existencial sobre el hombre que camina sin mapa: duda, construye sobre arenas movedizas, justifica cadenas y aun así persiste. Entre la voz interior y el silencio aprendido, la incertidumbre aparece como patria humana: temblar, no saber… y seguir.

El hombre camina sin mapa,
con los bolsillos llenos de preguntas
y la mirada gastada de tanto futuro.
No sabe si avanza
o si da vueltas alrededor de su miedo.
Levanta ciudades sobre arenas movedizas,
pronuncia verdades que caducan al decirse,
jura fidelidad a ideales
que abandona cuando pesan demasiado.
Su fe es intermitente,
como una luz que tiembla en pasillos largos.
Vive entre lo que desea
y lo que le permiten desear.
Entre la voz que grita dentro
y el silencio que aprende afuera.
Cada decisión es un umbral
y cada renuncia, una cicatriz invisible.
El hombre duda incluso de su sombra,
porque sabe que cambia con la luz
y que no siempre lo sigue.
Se pregunta si es libre
o solo hábil para justificar sus cadenas.
Ama con temor,
cree con reservas,
espera con cautela.
Ha visto demasiadas promesas romperse
como vidrio fino entre las manos,
demasiadas certezas convertirse en ruinas.
Y aun así, persiste.
Avanza sin respuestas,
construye sentido donde no lo hay,
se aferra a gestos mínimos:
una palabra justa,
una mirada limpia,
un acto que no traicione del todo su conciencia.
Quizá la incertidumbre sea su patria,
el único lugar donde es verdaderamente humano:
allí donde no domina,
donde no sabe,
donde tiembla…
pero elige seguir caminando.

