Portada » Desde el respeto y el dolor compartido
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Toñy Castillo

El domingo amaneció como cualquier festivo, pero en cuestión de segundos todo cambió. Un estruendo quebró la rutina de personas que prepararon sus maletas, se despidieron de familiares tras un fin de semana de ocio o colocaron sus papeles y enseres para iniciar una semana de trabajo en cualquier lugar, pero todo cambió bajo los asientos de trenes de ida y vuelta. Se rompió la mirada de sus ilusiones. Se pararon sus vidas.

«Miro las noticias de manera incansable esperando noticias favorables, pero solo siento tristeza…«

 El silencio de los pasajeros se quebró con sirenas, gritos, de miradas que no entendían lo que estaba ocurriendo en ese instante de miedo. El accidente de tren dejó vagones detenidos en sus tiempos y corazones varados en una espera de incertidumbre. En un instante, la vida se partió en dos para muchas familias.

 «No quiero pensar el dolor que debe causar la impotencia de lo desconocido, la ira contra lo no controlado…«

El dolor parece que se extendió rápido, como una herida abierta que atravesó pueblos que se desplegaron para ayudar a personas desconocidas, ciudades que adaptaron servicios y emergencias para atender necesidades de pasajeros sin maletas, hogares enteros que permanecen en la distancia unida a la tragedia.

 «No solo sufren quienes iban en vagones, sino todos aquellos que esperaban una llamada que nunca llegó…Y aquellos que ayudaban compartiendo en horror»

 Sigo mirando hoy martes las noticias, yo, que viajo con asiduidad, pienso en quienes aún hoy viven entre la esperanza y la ausencia de amigos o familiares que ya no responderán a abrazos que quedaron pendientes y preguntas que se quedaron en el cajón del pasado.

Pero en medio de la tragedia, hemos de sentirnos emocionados por tantas personas que han mostrado el lado más humano. Vecinos de pueblos y ciudades, sanitarios, equipos de emergencia, cuerpos de seguridad, tantas y tantas manos que dieron todo de sí, gentes desconocidas que ofrecieron aquello que pensaron que podía ayudar desde especialización, agua, mantas o consuelo.

«Personas que suman unas a otras porque entienden que el dolor compartido alimenta el vacío del alma».

La solidaridad se convirtió en el lenguaje común: silencios respetuosos, gestos sencillos cargados de significado, aportando lo mejor de cada uno. Y esto me hace pensar que cuando algo se rompe todos podemos contribuir unir los pedazos con empatía y humanidad.

Deseo enviar mis respetos a los pasajeros y sus familias, no como noticias, sino como personas que aman, están sufriendo o que habrán de aprender a vivir con ausencias no esperadas.

 Deseo acompáñalas sin prisas desde el duelo sin formas ni etapas.  

 «Deseo agradecer a cada una de las manos que apoyaron a otras porque eso me enseña la grandeza de ser humano.«

Toñy Castillo

Directora de la Academia de Las Ciencias, Bellas Artes y Buenas Letras

del Proyecto Global de Cultura Granada Costa

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