¿QUÉ CAMINO CONDUCE A LA FELICIDAD?
En ¿Qué camino conduce a la felicidad?, la profesora Maria Vives Gomila revisa la visión de grandes pensadores —de Platón a Nietzsche— para desentrañar el equilibrio entre razón, emoción y trascendencia. Una invitación serena a cultivar la vida interior, aprender del silencio y reconciliar el alma con la sabiduría.

Una cuestión bastante antigua y que nos habremos planteado en alguna que otra ocasión, radica en qué consiste la felicidad y si hay un camino para alcanzarla.
Para algunas personas, la felicidad reside en obtener poder, poseer bienes materiales; para otras, sin embargo, está en realizar sus objetivos, una carrera, organizar una empresa, tener una familia.
Siempre se ha dicho que para vivir bien se han de tener sueños, que puedan llevarse a término. La mayoría de personas pide sólo amar y ser amadas, tener un trabajo estable y salud. También hay otras que lo único que desean es vivir el presente de la mejor manera posible.
Bauthman, en uno de sus últimos artículos, publicados en ‘El Mundo’, plantea otro tipo de necesidades para ser feliz. Se refiere a la formación permanente (leer, investigar, comunicar), al trabajo en equipo y buscar espacios de silencio donde recuperar energía y disfrutar de los pequeños placeres, como han hecho y hacen tantas personas, ayer y hoy.
En su artículo ‘The Atlantis’, A. C. Brooks sostiene que “uno de los secretos del bienestar a largo plazo es entender la desolación espiritual, no como un obstáculo para el bienestar, sino cono un camino que augura crecimiento personal, puesto que si sabes cómo superarla, te espera un consuelo todavía mucho mayor”.
Se trata de aprender de los errores y pactar con las dificultades para que dejen de erigirse en conflictos.
Si vamos a los orígenes, y observamos cómo consideraban la felicidad los clásicos, partiendo de Platón, Aristóteles y posteriormene de Nietzsche, obtendremos respuestas, tanto coincidentes como discrepantes.
Según Platón, la felicidad es una manera de vivir, de estar en el mundo con tendencia a buscar el equilibrio interior. Consiste en ejercer un control sobre las emociones sin que signifique ignorar aquello que deseamos realizar. Vincula la felicidad a la justicia y la virtud. Para Platón, ésta se consigue cuando se alcanza una armonía entre la parte racional del ser humano, sus emociones y sus necesidades físicas.
En el Diálogo a Fedro, Platón expresa cómo llevar a término la felicidad. El mito del auriga representa la lucha del ser humano, que contiende entre sus aspiraciones más elevadas y sus tendencias más irracionales. La contienda está dirigida por un auriga, que, manteniendo el equilibrio entre los dos animales, que representan aspiraciones y tendencias, trata de guíar su alma hacia el conocimiento superior.
Para Aristóteles, la felicidad es el fin último de la vida humana siendo la virtud el camino para alcanzarla. De ahí, que potencie el equilibrio y la armonía con la razón a través del desarrollo moral y la sabiduría. La ética individual repercute en la sociedad potenciando un estilo de vida contemplativo.
A diferencia de Aristóteles, Nietzsche considera que la felicidad no es el objetivo último de la vida sino que depende del poder de cada ser humano para superar las dificultades y limitaciones personales que se le presenten para llegar a ser lo que ahora somos. De ahí, el concepto de ‘superhombre’, un ser que se supera a sí mismo, incluso en la adversidad y el sufrimiento.
La percepción de la belleza y la bondad generan sentimientos, que equilibran nuestro ser. La búsqueda del conocimiento interno, siempre por descubrir, facilita que la persona sea el auriga de su propia vida. En la búsqueda del equilibrio constante entre conocimiento, sentimientos, deseos e instintos, este ser humano va a necesitar cuidar su vida interior buscando ‘tiempos de silencio’ que le recuerden su caminar hacia la trascendencia.

