I don’t speak
En I don’t speak, Agustín Hervás plasma con humor, ironía y aguda observación una escena cotidiana convertida en retrato humano. Entre el silencio y la incomunicación, el poeta desvela el absurdo del lenguaje y la distancia cultural, con ritmo, ingenio y una mordaz sensibilidad contemporánea.

Con bigote y cejas pobladas.
Huraño.
Alto. A sudor oliendo. Fuerte.
Extraño.
El judío advierte primero.
(Pausa es)
Es un taxista con mostacho.
¿Francés?
No habla español, dice, ni inglés.
¡Hotel!
Pues yo no hablo judío yidis.
¡Qué lío!
A la ciudad en su Mercedes.
¡Placer!
Después de todos los olores.
Intento.
Es que quiero agradar al chófer.
El tiempo.
Con media sonrisa en la boca.
Dentada.
Me advierte por segunda vez.
Sonora.
No habla español, dice, ni inglés.
Me callo.
Silencio sepulcral mi cara.
Fielato.
¡Pues que se joda! Yo me digo.
Un higo.
La palabra no le dirijo.
Niñato.
A Tel Aviv en el trayecto.
Petardo.
Del aeropuerto a la ciudad.
Tan vano.
Eso, en silencio sepulcral.
¡Arrea!

