EL OCASO DORADO

El cielo se iba tiñendo
de naranjas y dorados,
y el sol se iba reflejando
en la orilla del mar bravo.
Era un momento de ensueño
de silencios y de ocaso,
que Lucía con melancolía
lo admiraba junto a Dámaso.
Y sentados junto al mar
sintiendo como bailan las olas,
el alma se llena de esperanza
con la fresca brisa del ahora.
En ese momento difuso
de mucha paz y de cambios,
le dicen adiós al astro sol
y a la luna el hola esperado.

