QUEDA

Se muere Venecia
se apaga la mar, pero algo queda.
Queda
sin ir más lejos
un tiempo de café
con sabor a confidencias.
Queda
la suavidad de las mejillas
que dan los besos de aire.
Queda
la fortuna de una moneda,
la dicha de un sueño despierto.
Queda
Diciembre que pone el tacto
de nieve.
La tragedia del rocío en los ojos.
Queda
una guía de pasos compañera
que te lleva de la mano,
para descubrir una ciudad.
Para descubrir las calles,
la playa, la arena
y las olas que abrazan.
Quedan
reflejos de la vida
capturas del alma,
una explosión de sentimientos
en un papel.
Todo eso queda
aunque muera Venecia
aunque se apague la mar.
Queda la presencia esencial
de lo preciso
de lo necesario.

