UNA MANSIÓN CON ENCANTO

Una novela debe ser tan real
que el lector olvide que es ficción
(William Boyd)
EN nuestra tertulia habitual – entre amigas- comentamos muchos temas, unos de rabiosa actualidad y otros no tanto. Hace poco, Emily y Beatriz hablaban de los libros y lecturas que más le habían gustado y también sorprendido, uno de ellos había sido Las Vírgenes del Paraíso, de Bárbara Wood, que nos lo recomendaron a todas, y ¿por qué? Yo después de haberlo leído tengo la respuesta. La autora narra a la perfección la forma de vida y costumbres de una familia egipcia, muy rica y poderosa, amiga de reyes y bajás, que vive en pleno centro de El Cairo, en una mansión de lujo, con vistas al Nilo, en la calle Vírgenes del Paraíso. Se trata de la familia Rashide.
Ibraim Rashide y su esposa Alice – de ascendencia inglesa- tienen varios hijos. Él es un médico famoso como lo fue su padre por ser el médico del bajá.
De la educación de los hijos se ocupará la madre de Ibraim, Amira, que también será la encargada de buscarles novios “adecuados” y casarlos – (matrimonios por conveniencia). Una abuela que conoce a la perfección la cultura árabe y se la inculca a todos los miembros de la mansión, conocedora de muchas historias y secretos de la saga familiar, pues forman un clan donde conviven niños de meses hasta adultos de más de 80 años, eso sí, separados los hombres de las mujeres.
Amira tiene un pasado oscuro y misterioso sobre sus orígenes. No recuerda nada de su vida antes de los ocho años, sólo recuerda que estuvo en un harén en la calle de La perla, donde conoció al padre de Ibraim, Alí Rashide, hombre importante, rico y poderoso – sus retratos presidian los lujosos salones, vestido con túnica y tocado- Amira había sido su última esposa, tenía 13 años cuando se casaron y él 53.
La autora narra con gran viveza y realismo todas estas historias y vivencias de sus personajes, parte real, parte adornada de su poderosa imaginación. Pero la mayoría son creencias muy arraigadas en su cultura que practican según indica el Corán. Ante cualquier desgracia o problema se resignan diciendo: “Es deseo de Alá, o del Todopoderoso”.
La novela se centra en la vida de sus dos nietas mayores, Jasmine y Camelia; dos jóvenes guapas, inteligentes, modernas y rebeldes que quieren romper muchas de las normas que les marca su tradición. Se quitan el velo apenas han salido de su casa. A Camelia le gusta el baile, no quiere estudiar y a escondidas de la abuela da clases con una profesora, estudia para actriz; y con los años llega a ser una bailarina famosa en todo Egipto, ese ha sido su gran secreto ante su familia.
En cambio, a Jasmine sí la casarán a los 14 años con un primo, pero el matrimonio de conveniencia durará muy poco – aquí la autora del libro saca a relucir el machismo y el maltrato hacia la mujer: Jasmine huye a casa de sus padres. Y es ahora cuando dice que quiere ser médico como su padre; se realiza como mujer libre y moderna. Tiene muchos sueños… Acaba la carrera en Estados Unidos, viaja mucho, ejerce su profesión, conoce otras ciudades -Londres, París- hace buenos amigos, tiene otra forma de ver el mundo…
CURIOSIDADES, BODAS, NOVIOS, MATRIMONIOS…
Amira e Ibraim pensaban que cuando nació la primera hija había sido una maldición de Alá, porque tenía que haber sido varón, pues las estrellas, según Amira aficionada a la Astrología, la constelación de Sirio y Orión -que marcaban su camino- eran los culpables. Sirio era la estrella de Osiris, un joven dios salvador. Cada año los egipcios contemplaban la primera aparición de la estrella como signo de la inminente resurrección de Osiris.
Amira y las demás mujeres conocían y utilizaban secretos de belleza y muchos beneficios de toda clase de hierbas de donde obtenían dulces fragancias y originales perfumes. Habían visto cómo la magia curaba lo que no curaban los medicamentos. Amira, ya vieja, cumple su sueño de peregrinar a la Meca -ciudad santa- reza y ayuna para poder entrar en el Ihram, el estado de pureza, apartando de su mente los pensamientos mundanos para concentrarse exclusivamente en Alá. Jasmine también buscaba la estrella de su nacimiento: Mirach de Andrómeda, para que le diera fuerza y rezaba plegarias y demás rituales, con galabeyas o caftán azul y turbante blanco.
Bárbara Wood ha reflejado a la perfección el choque y el pensamiento de dos mundos y culturas tan diferentes como la vida misma. Dos culturas que chocan en sus costumbres, sus tradiciones, su religión e incluso en la forma de ver la vida.
Y creo que lo reflejan muy bien estos versos de nuestra compañera Ana María López Expósito, de Madrid, en su poema ODA A LA MUJER ÁRABE:
La mujer árabe despliega su esencia.
Mujer de fuego, arena y estrellas,
guardiana de historias, siglos y leyendas.
Con alma de luna y espíritu astral.
/…/
Oh, mujer árabe, eterna y sublime,
en ti late el corazón del desierto…
/…/
Que nadie te calle, que nadie te oculte.
Que el mundo contemple tu esencia y tu paz.


Después de leer tu artículo, que reseña y desarrolla muy bien el libro, una se queda intrigada por conocer más detalles sobre tan fascinante tema.
Dá ganas de leerlo.
Así es Beatriz, he disfrutado mucho con la lectura de este libro.
Gracias por tu comentario