Portada » Mujeres que dieron un paso al frente (3)

Mujeres que dieron un paso al frente (3)

image001

Beryl Markham

Muy pocos lectores, incluso ingleses, sabrán a quien nos referimos si decimos Beryl Clutterbuck, y menos aún Beryl Purves or Schumacher. Pero si decimos Beryl Markham ya algo comenzará a sonar familiar, aunque sea otro de esos tantos personajes, tanto hombres como mujeres, que deslumbran al mundo en su época pero que con el discurrir de los años van cayendo en el olvido. Sin embargo la hazaña está allí, única.

¿Pero por qué habría que recordar a esta mujer? Muchos son los motivos. Empecemos y avancemos de a poco.

Beryl nació en Ashwell, Condado de Rutland, el 26 de octubre de 1902, hija de Charles Clutterbuck y Clara-Agnes Alexander. A pesar de no haber entrado en el recuerdo con el nombre de su padre, Clutterbuck, nos parece que sí lo hizo gracias a él.

Su vida fue una constante aventura y su legado una constante controversia.

Apenas acababa de cumplir cuatro años cuando fue desarraigada de las calles empedradas y grises de Ashwell y llevada a las sendas polvorientas y luminosas de Njoro, Kenia, cerca del Gran Valle del Rift. Motivo: su padre, Charles Clutterbuck, se instaló allí como criador y adiestrador de caballos de competición, tanto de carrera como de salto. El ambiente en que crecería no era nada común, y nada del gusto de toda la familia, porque no tardó mucho su madre en cansarse de África, de los caballos, de su marido y seguramente de la incontrolable Beryl, y a Inglaterra que se volvió con su hijo mayor, dejando a Charles y a su hija solos en ese rincón del mundo a la vez salvaje y de moda en esa época, o veremos más adelante.

Charles Clutterbuck, paradójicamente, fue la mayor influencia en su vida: se despreocupó de ella. Beryl fue al colegio en Nairobi gracias a una vecina. Allí tuvo problemas de disciplina, porque ella estaba hecha de otra pasta, y prefería su vida no entre los niños europeos de Nairobi sino entre los niños Masai de esa parte del Serengueti. Con ellos aprendió a usar la lanza, aprendió a cazar, incluso jabalíes, aprendió a rastrear, aprendió a vivir libre, que era algo que ya llevaba dentro.

Al mismo tiempo fue aprendiendo la profesión de su padre, al que también ayudó en la crianza y venta de animales. Y no sólo fue la primera mujer en obtener la licencia de criadora y adiestradora de caballos en África sino que los suyos batieron el record de ganar seis veces el Gran Derbi de Kenia.

¿Es por esto que se la puede, y debe, recordar? Ya era un record, algo único, pero su vida alcanzo vuelos mucho más altos de los que puede dar un hipódromo.

En 1919, cuando aún le faltaban diez días para cumplir los diecisiete, contrajo matrimonio con Jock Purves, dieciséis años mayor, que, como antes su madre, no tardo en cansarse de África, de los caballos, de la misma Beryl, y a Inglaterra que se volvió. Corría entonces el año 1922, cuando cumpliría veinte, y su padre, en el salón de la gran casa de Njoro, le comunicó la gran noticia: continuaría su trabajo en Perú y allá que se fue. Beryl quedó sola en África.

Pero era impetuosa, decidida, y prosiguió con el trabajo de su padre.

A lo largo de su vida tuvo tres maridos, (Jock Purves, Mansfield Markham y Raoul Schumacher) pero hay historiadores que a esos rasgos “impetuosa” y “decidida” le agregan también el de “insaciable”, porque se le conoce una ristra de amantes, entre ellos Prince Henry, Duke of Gloucester, hijo del rey Jorge V de Inglaterra, que se dice que enloqueció por ella.

¿Cómo era eso posible en medio de África, una región del mundo salvaje, peligrosa, atrasada, tercer mundista diríamos hoy? Beryl estaba en África, pero en el Gran Valle del Rift, al que se conocía entonces como el Valle Feliz. Allí invertía y se radicaba la beautiful people de Europa. Para que puedas imaginarte esa sociedad, lector, recuerda la película Memorias de África (por cierto un libro maravilloso). En los papeles principales, Meryl Streep como la escritora danesa Karen Blixen, que firmaba con el nombre de su padre, Isak Dinesen, y Robert Redford como el piloto y cazador Denys Finch Hatton. Se conocen y comienzan un romance, algo no insólito en el Valle Feliz. Él un día debe hacer un vuelo largo, a una zona que a ella la atraía,  pero él decide no llevarla. Ella (Karen Blixen-Meryl Streep), compungida, pregunta: “¿Otra mujer?” (¿Recuerdas la escena?). Él baja la cabeza y responde “Sí”. Esa otra mujer era Beryl Markham. Pero finalmente Beryl Markham no fue por estar enferma, o quizás, como dicen otros, por “malos presagios”, que se cumplieron, y él se estrelló perdiendo la vida.

En ese Valle Feliz de adinerados y vividores, de fiestas y amantes, de fieles e infieles, nuestro personaje de hoy conoce al instructor de vuelo Tom Campbell, mucho mayor que ella. ¿Fue una relación padre-hija? ¿Fue una relación de amantes? ¿De amigos? Lo cierto es que fue una relación instructor-alumna: Tom Campbell le enseñó a pilotar un avión. Y ella, como había aprendido a manejar la lanza y como había aprendido a dominar caballos, pronto aprendió el arte de volar; un verdadero arte en aquellos días de dudosos altímetros, sin radar, sin radio, sin partes meteorológicos fiables –sus cinco accidentes lo demuestran. Aunque nunca abandonó la crianza y adiestramiento de caballos, obtuvo su licencia de piloto de monte y se dedicó a llevar pasajeros de aquí para allá, a hospitales, a la costa, al encuentro de safaris, sobrevolando las sabanas, los bosques, los humedales de Kenia, la tierra que sería su tierra. Como ella dice en un libro inolvidable:

“África es mística; es salvaje; es un infierno sofocante; es el paraíso de un fotógrafo, el Valhalla de un cazador, la Utopía de un escapista….. Para mí, es simplemente «mi hogar».”

Y pronto surgió la idea: sobrevolar el Atlántico. Era el año 1936. La aviación, a pesar de sus treinta años, todavía estaba en pañales. Charles Lindbergh ya lo había hecho (1927) pero de oeste a este, ella lo haría en sentido contrario: de este a oeste. Y nació aquel vuelo fantástico, aquel vuelo con la noche. Un vuelo sin radar, sin radio, sólo con un primitivo altímetro. Despegó de Inglaterra y se estrelló en América. Sí, por falta de combustible no aterrizó, se estrelló en Nueva Escocia antes de llegar a Nueva York, el destino previsto, lo que dio pie a los negacionistas de siempre a decir que no había logrado volar sobre el Atlántico.

Su vuelo: veinte horas de noche interminable, sola con las estrellas, con el murmullo del mar, con el zumbido de su motor. Imagínate a ti mismo, imagínate a ti misma, sentada en esa cabina, una hora, y otra hora, y otra hora y la noche y el murmullo del mar y el zumbido del motor. Y más horas.

Llevada a cabo la hazaña, volvió a África, a sus caballos, a su intensa vida social entre la beautiful people. Murió en 1986, a los 84 años. Sus cenizas fueron esparcidas por el hipódromo de Nairobi, o sea “home”.

Escribió dos libros maravilloso: Al Oeste con la Noche (West with the Night), su vuelo, que realmente comenzó cazando jabalíes con lanza, y The Splendid Outcast, cuentos de África. Ernest Hemingway, el gran “macho” de la literatura recordarás, escribió a un amigo:

“¿Has leído el libro de Beryl Markham, Al oeste con la noche«? …Ha escrito tan bien, tan maravillosamente bien, que me sentí completamente avergonzado de mí mismo como escritor”.

Si tú lo lees, sentirás la selva y la sabana, sentirás la noche, las estrellas, el runrún del motor surcando el silencio.

Diego Nieto Marcó
Ana García Pulido

Diego Nieto Marcó

Ilustraciones: Ana GPulido

4 pensó en “Mujeres que dieron un paso al frente (3)

  1. Eternamente agradecida por compartir esta increíble bibliografía de Beryl. Gracias por transportarnos en el tiempo a esos momentos épicos de mujeres que amaron la vida con libertad, pasión y valentía. Sobre todo, GRACIAS por esa forma mágica de transmitir la historia de mujeres que cambiaron el mundo: «enlightening»…

  2. Como siempre nos tiene acostumbrados y acostumbradas, de nuevo otra historia fascinante. Ojalá volver a leer pronto más artículos de este autor. Cuánto se aprende y qué manera tan precisa de escribir sobre cada época y contexto social.

Deja un comentario