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ENTREVISTA A FERNANDO GÓMEZ CASTRESANA

Un mes de febrero de 1980 viajaba yo a la Policlínica de Berna (Suiza) aquejado de una rotura de menisco que llevaba dos años molestándome, pero debido al trabajo importante al que me debía, no podía permitirme estar de baja algo más de un mes, o dos meses como a algún futbolista le pasaba por el mismo problema, y le tenía alejado de los campos de futbol.

   En el hotel Ivoir de Costa de Marfil (África) un catalán amigo me dijo: Julián, te veo cojeando desde hace tiempo y no te decides a operar de menisco… ¿Por qué no viajas a la Policlínica de Berna en   Suiza, donde hay un doctor que te hace la operación en unos minutos y al siguiente día puedes ir a trabajar?”

   Viajé a Berna.  Doctor Jacob, vengo de Madrid, tengo cita con Ud. para que me opere hoy o mañana de menisco si lo considera oportuno, ya que tengo unos dolores que no me permiten andar con normalidad…

 “El problema es que hasta el mes de junio tengo completa mi agenda y no puedo hacerlo antes. La artroscopia le resolverá el problema desde luego. Y quedaría Ud. perfectamente en unos días. Pero ¿por qué no se opera en Madrid?”

   Allí no conocen la técnica incruenta que Ud. aplica, y hasta los futbolistas se pasan dos meses sin jugar una vez operados…

“Un compañero mío del Mont Sinaí de Nueva York se encuentra en Madrid

y acaba de incorporarse a una clínica privada donde podría dirigirse a él. Si lo desea, mi secretaria le facilitará la dirección y su teléfono”.

   A los pocos días me reunía en Madrid con el Dr. Fernando Gómez Castresana y de inmediato me practicó una artroscopia de rodilla, técnica muy incipiente en España, y dejó nuevo mi menisco, de tal manera que pasadas 48 horas pude reanudar mi trabajo sin problema alguno. Por aquel entonces, era profesor titular de patología quirúrgica en la universidad Complutense.

   Con el ilustre traumatólogo inicié una relación de amistad íntima, que viene durando más de 40 años. Desde entonces, mis familiares, mis amigos y conocidos pusieron en sus manos sus problemas y yo mismo volví a ser protagonista de su mesa de operaciones, con una técnica quirúrgica que él introdujo en España para la hernia discal llamada quimionucleolisis,  consistente en inyectar un derivado de la papaya (quimiopapaína) que disuelve el núcleo pulposo y proporciona una recuperación instantánea para los problemas de hernia discal.

   Jamás pude pensar que la papaya, uno de los frutos de los que yo soy especialista y al que me refiero en mi libro Ruta de los Frutos Tropicales (2010) podía ser con el látex o papaína que contiene, una alternativa incruenta a la cirugía tradicional. Curiosamente, fue el Dr. Castresana quien durante una cena en Julián de Tolosa me diagnosticó sin yo saber nada, que tenía una hernia discal cervical…  Yo, sorprendido, le pregunté: ¿Y cómo lo has descubierto? Y me respondió: “por la forma de coger el cubierto con la mano, tus dedos me lo han anunciado” …

   Frente al famoso doctor y con una mesa repleta de huesos simulados con los que explica a sus pacientes la fórmula que empleará para resolver su problema, inicio la siguiente entrevista:

Fernando, aunque resides en Madrid, una parte familiar y tú personalmente compartes la sangre vasca con una mitad castellana. Ese traslado, esa lejanía… y la gran urbe ¿juega algún papel en tu profesión?

—-Previamente a mi traslado a Madrid, cursé mis estudios de Medicina en la Facultad de Medicina de Valladolid ya que no se podía estudiar medicina en Madrid para los que éramos de provincias. Elegí Valladolid por mis antepasados paternos, muchos de los cuales eran médicos. Nací en Vitoria, pero la mitad de mi sangre es castellana, aunque tenga el Rh negativo…

 Pese a los inconvenientes de aquellos tiempos, ¿te buscaste la manera de acabar en la capital del reino?

—-Aunque hoy día el panorama médico es diferente en nuestro país, en aquellos tiempos las posibilidades de desarrollo profesional y científico eran claramente superiores en la capital de España. Me incorporé a la Universidad Complutense, en el Hospital Clínico de San Carlos, considerada una de las dos mejores de nuestro país en aquel tiempo. La competitividad era enorme, despertaba el intelecto, contribuyendo a superarte constantemente. Oposité en muchas ocasiones para conseguir puestos relevantes. La “morriña” inicial desapareció rápidamente compensada por el rápido desarrollo profesional, de tal modo, que ya he vivido en Madrid 50 años y me siento madrileño.

¿Como estudiante universitario, por qué te decidiste por la medicina y por qué en la especialidad de traumatología?

—-Para mis profesores del bachillerato, hermanos corazonistas, fue una decepción que yo no estudiara una carrera de ciencias. Posiblemente influyó la ausencia en el curso preuniversitario de un profesor excepcional dedicado a la enseñanza de ciencias, pero su vocación sacerdotal le hizo desplazarse a Roma y dejarnos huérfanos. Inicialmente quería estudiar ingeniero de telecomunicaciones, pero cambié de opinión y me incliné por la medicina, quizá influido por los numerosos antecedentes médicos de mi familia paterna. Por mi carácter, las especialidades de medicina interna, de poca acción física o manual, no me llamaban la atención y sí las especialidades quirúrgicas. Cirugía viene del griego e indica una actividad con la mano. Gandhi situaba la felicidad en la vida en una actividad mitad manual, mitad intelectual. A pesar de formarme en esa época dentro de la cirugía general, la cirugía ortopédica y traumatología me atrajeron por su amplio campo de actuación y su rápido desarrollo en nuevas técnicas. Desde niño he manejado muchas herramientas y tenía una buena concepción espacial, esencial para esta especialidad.

¿Qué puedes contarnos de tus estancias en EE. UU. y Canadá?

—-Estuve en dos centros médicos en EE. UU., una en Búfalo NY, en el Eyrie County Medical Center y otra en Canadá, en London, Ontario, en el Hospital ligado a la Western Ontario University. Mi interés por las lesiones deportivas y en especial de la rodilla me hizo incorporarme al servicio del Prof. Kennedy, uno de los “padres” mundiales de la cirugía de rodilla moderna. Aprendí mucho de él. Desarrollamos una gran empatía de tal modo que me exhibía en su casa las conferencias que luego presentaba en Congresos y Symposios por el mundo. Me enorgullecía que me pidiese mi opinión sobre su contenido. Me pidió colaboración para un libro de lesiones deportivas pero su inesperada muerte frustró el proyecto. Tuve la oportunidad de colaborar en proyectos de investigación en el laboratorio del Prof. Cecil Rorabeck, experto mundial en síndromes compartimentales musculares. Allí fue donde descubrí el uso de la papaína para el tratamiento de las hernias discales, muy utilizado en Canadá en esa época y en EE. UU… Me llamó tanto la atención que me llevó a utilizarla en España. A lo largo de estos años he realizado miles de casos y he enseñado la técnica tanto para los casos de hernia discal lumbar como cervical y dorsal. He impartido cursos “hands on” en varios países aportando mi experiencia en Congresos Internacionales y con publicaciones en revistas científicas prestigiosas. Como curiosidad, yo mismo fui intervenido con este procedimiento por una hernia discal lumbar en Montreal por uno de los más expertos en el tema, el Dr. Sutton.

Entre tus numerosas actividades como cirujano, ¿Cuál de ellas consideras más delicada o peligrosa para el paciente?

—-A mi juicio, las intervenciones que se realizan en la proximidad de los nervios, poniendo en riesgo su integridad, son las más arriesgadas para los pacientes. Las secuelas por lesiones nerviosas suelen ser serias y de difícil solución muchas de ellas. Un ejemplo muy claro es la cirugía de la columna vertebral donde la médula espinal y las raíces nerviosas que nacen de ella se someten a riesgo de lesiones, que pueden dejar secuelas muy dolorosas o incapacitantes por parálisis musculares. En otras localizaciones son menos frecuentes, aunque existan, como en graves accidentes de todo tipo que pueden lesionar nervios de cualquier zona anatómica.

Personalmente fuiste paciente de un colega tuyo en Canadá, cuándo acudiste a que te intervinieran de una hernia discal, con la quimionucleolisis. ¿Estuviste vigilando tu propia intervención a través de la pantalla y qué sensación tuviste?

—-Ya mencioné previamente mi propia experiencia en el tratamiento de una hernia discal lumbar muy incapacitante con afectación nerviosa. Me operé en el Saint Mary’s Hospital de Montreal y fue el Dr. Sutton quien la llevó a cabo. A los cirujanos americanos y canadienses en general no les gusta la anestesia regional y tienden a operar bajo anestesia general, quizá por problemas legales tan frecuentes en esos países. Por este motivo no fue posible ver en directo la cirugía. Yo siempre la he realizado con sedación y el paciente puede ver en la pantalla de rayos X el procedimiento. No obstante, el Dr. Sutton, al que conocía previamente, tenía toda mi confianza. Era Navidad y nevaba copiosamente en la ciudad. Al día siguiente pude pasear por la ciudad sorteando la nieve e incluso ir de compras. Dos días más tarde ya estaba en Madrid.

En España no se conoce mucho esta fórmula incruenta para la hernia discal. ¿Qué razón hay para que no se autorice, cuando en EE. UU.  y Canadá se emplea con cierta normalidad?

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     EN ESPAÑA SE UTILIZÓ MUCHO Y CON GRAN ÉXITO                                                                            EN UNA ÉPOCA Y CON MÍNIMAS COMPLICACIONES.

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Hace ya tiempo que no se autoriza en casi todo el mundo. El único país en el que produce la quimiopapaína es Corea del Sur bajo el nombre de Disken.  Ha habido una leyenda negra sobre esta técnica propiciada por cirujanos, sobre todo americanos, que veían como muchos pacientes con hernia discal eran tratados por internistas, radiólogos, reumatólogos y otros, mermando sus ganancias. Se le han achacado complicaciones que yo no he registrado en mi extensa experiencia. Es llamativo el hecho de que fue desplazado su uso por una técnica llamada nucleotomía percutánea que cosechó un fracaso absoluto por sus malos resultados. Utiliza una cánula que se introduce en el disco guiada por rayos X que lleva una cuchilla rotatoria con aspiración incorporada para absorber el material discal herniado. Hoy día existe una gran variedad de técnicas e instrumentos para el tratamiento de las hernias discales con métodos mínimamente invasivos. El sustituto de la quimionucleolisis con quimiopapaína es hoy día el Discogel, basado en la acción destructora de la hernia por el alcohol. Da muy buenos resultados según mi experiencia, pero inferiores a los de la quimiopapaína. 

Entre tus diferentes aficiones, la caza mayor te apasiona. ¿Cómo y por qué te iniciaste en tan dificultosos y costosos viajes para encontrarte con leones, elefantes y otra serie de animales selváticos?

—-Tal como he señalado previamente, mi carácter me inclina hacia la acción. Mi padre era muy cazador, pero de pluma. Con sus amigos se pasaba alguna temporada tirando a las palomas. Siempre tuve curiosidad por las armas y la caza, pero cuando tu actividad profesional te absorbe totalmente, no tienes tiempo de respirar. Es preciso considerar que realizaba unas 700 operaciones anuales. Cuando pude disponer de un poco de calma me introduje en el mundo de la caza mayor. Tengo amigos que eran fanáticos de esa actividad y me sumé a ella. De vez en cuando también le dedico un tiempo a la caza menor, pero de modo ocasional. La caza en África fue un desafío a la que me aficioné y he cazado por todo el sur de ese continente como Namibia, Botswana, Zambia, Zimbawe, Tanzania, Mozambique y Sudáfrica. Nunca me ha gustado tirar a los “gatos”. La caza del búfalo y elefante es la que más me gusta ya que requiere mucho esfuerzo y conlleva la adrenalina del riesgo.

Actualmente en España, algún partido político está presionando para erradicar la caza, lo que ocasionaría un problema para ciertas regiones que viven de ello. ¿Crees que lo conseguirán?

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EN ESPAÑA COMO EN EUROPA LA CAZA ES NECESARIA Y MENOS ARRIESGADA Y SE DISFRUTA MUCHO EN LAS MONTERÍAS PARA CAZAR REBECOS, CORZOS, Y “COCHINOS”.

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—-La caza crea riqueza. Es maravillosa para conocer sitios recónditos, paisajes espectaculares y gente maravillosa. Te da la oportunidad de conocer lugares imposibles de descubrir si no eres cazador. La caza crea fuertes vínculos de amistad perdurable. Suele haber una cierta inclinación por la escritura entre los cazadores lo que propicia la amena lectura de historias cinegéticas.

Tienes alguna anécdota interesante que contar, ¿qué te haya pasado en tus numerosas cacerías?

—-Recuerdo una en Mozambique allá por el 2003. Cazábamos en una concesión del gobierno a la salida del río Quelimani al mar Índico. Un sitio precioso con palmeras en el estuario del río cuyas playas eran infinitas, bordeadas de cocoteros. Desde el pueblo de Quelimani se accedía al cazadero por el río en una motora fuera borda de unos 5-6 metros y se tardaba como unas dos horas y media a tres horas río abajo. Se pasaba por pueblecitos indígenas y se veía a pescadores recoger los famosos camaroes de entre agua salada y dulce. Son gambones típicos de la gastronomía del país. Tras salir al mar se llegaba al campamento. La vuelta fue complicada. El “capitán” de la embarcación arrendada por nosotros, los cazadores, que éramos 4, se paró para recoger a unos “polizones”, una mujer con una niña y bultos con pollos y luego a otro nativo. La embarcación se sobrecargó con 8 personas río arriba más los bultos.

Cuando habíamos recorrido un 60% del trayecto, se paró el motor y quedamos a la deriva en un río muy ancho. No existía ni ancla ni remos, como es habitual en África. Quedamos varados en una orilla arrastrados por la corriente junto a unas ruinas de una antigua estación de bombeo de agua medio derruida. Descubrimos unos jóvenes sospechosos de ser soldados de la antigua guerra de Mozambique. Abrimos las cajas de los rifles “por si acaso”. El “capitán” nos dijo que era un problema del aceite del combustible y que existía un poblado a unas dos horas andando donde podría conseguir aceite. El segundo “polizón” se quedó sujetando la embarcación metida dentro del agua. No teníamos agua ni sombra. Afortunadamente no pasó nada.

Cuatro horas más tarde regresó el “capitán” con media botella de aceite de coco que mezcló a modo de pócima con la gasolina y logró poner en marcha el motor. Llegamos a Quelimani donde nos esperaba el orgánico de la caza que le propinó una bronca monumental al “capitán” ya que teníamos que desplazarnos a Maputo para tomar el avión de vuelta a Madrid. Uno de nuestros amigos le dio una generosa propina a quien creía que era el que había sujetado la embarcación durante horas. Se equivocó de hombre y se la dio a unos de los empleados que esperaban en Quelimani y que nada tuvo que ver con el auxilio prestado.

Conozco tus conocimientos gastronómicos y eres un buen crítico de ellos. ¿Qué tipo de comida consideras como de las mejores del mundo?

—-A mi juicio, vivimos en el país con la mayor riqueza gastronómica del mundo.  Lo tenemos todo, la materia prima de los pescados de nuestro litoral, el marisco gallego, la insuperable y bien elaborada cocina vasco-navarra-riojana insuperable, las verduras de Navarra y Murcia, los asados de la meseta, los arroces del levante y la fritura andaluza. Ya hemos hablado de los vinos, complemento esencial de nuestra gastronomía.

Nuestras carnes como la rubia gallega, la asturiana, la avileña o la retinta andaluza nada tienen que envidiar a una simmental del norte de Europa. Añadámosle la calidad de nuestras frutas y no existe un país con tal diversidad y calidad de cocina.

Si a ello sumamosla diversidad de vinos de excelente calidad y precio extendidos por toda la geografía española, nadie puede competir con nosotros.

Y entre las bodegas españolas ¿Cuál o cuáles tienen tus preferencias?

—-Aunque procedo de la cultura vinícola de La Rioja, mi bisabuela era de La Bastida en La Rioja alavesa, me gustan casi todos los vinos. Hoy día en cualquier zona de España podemos degustar vinos de extraordinaria calidad. Ya no se reducen a los de Rioja o Ribera. Hasta los Cariñena, denostados por Muñoz Seca en la Venganza de Don Mendo, hoy día son buenos. Y qué decir de nuestros blancos, sean del norte o del sur. Mi amigo Carlos Moro, creador de Matarromera, Emina, Rento, Carlos Moro y otras bodegas de Toro y Galicia sabe mucho de ello. He sido fiel en mi juventud a los vinos del Marqués de Riscal y a los de Rioja Alta pero mi abanico de gustos ha superado esa fidelidad porque me gustan casi todos.   

Eres un   gran catador de los vinos de Oporto. ¿Qué diferencia y categoría distingues, entre los vinos de Oporto y los de Jerez?

—-Aunque han sido los ingleses los creadores de ambos tipos de vinos, léase Domecq, Osborne, Terry, Byass, Sandeman, Croft, Duff Gordon, Harveys, etc…, nada tienen que ver unos con otros, un fino, una manzanilla o un oloroso con un oporto. Me apasionan los oportos cuyo origen es el mal estado en que llegaban los vinos “mareados” a Inglaterra por su transporte en barco desde Portugal. El coñac añadido en destino mejoraba en cierta medida su tolerancia. Más tarde se mejoró la técnica añadiendo aguardiente en origen, interrumpiendo la fermentación del vino, aumentando el grado alcohólico y conservando cierta cantidad de azúcar no fermentada. A diferencia de los oportos Ruby, que no pasan por cuba, me gustan más los Tawny que sí lo hacen y modulan de modo exquisito su sabor y color, más ámbar. Si son vintage, de 10, 20 ó 30 años son para nota. Ir a visitar las bodegas de Vila Nova de Gaya, frente a Oporto en la otra orilla del río Duero es obligado si a uno le gustan estos vinos.  Los vinos de Jerez son una historia aparte. Qué no darían los franceses por tener esa riqueza de vinos con madres centenarias, origen de su extraordinaria calidad. Serían inasequibles por precio. Yo no me puedo decantar por un determinado tipo de vino de Jerez ya que cada uno tiene su momento. ¿A quién no le gusta un Pedro Ximénez para acompañar un postre? Los finos, las manzanillas, los palos cortados, las rayas, los amontillados y los olorosos tienen sus momentos. ¿Quién puede igualar esta diversidad?  Y no olvidemos que las cubas de los vinos de Jerez son imprescindibles para elaborar el whisky escocés.

¿Alguna sugerencia más, para enriquecer la entrevista?

—-En el mundo médico, como en otros científicos, la curiosidad, la autoexigencia y la autocrítica son fundamentales para crecer profesional y científicamente. Bajo estos principios me he desarrollado y he tenido la suerte de ser pionero en técnicas novedosas como la artroscopia o las técnicas mínimamente invasivas de columna. El camino no ha sido fácil encontrándome con la oposición de las ideas fijas contrarias a cualquier novedad, hasta el punto de prohibir estas técnicas en mi propio hospital.  He desarrollado instrumentales quirúrgicos para técnicas novedosas y sigo disfrutado mucho con mi práctica quirúrgica. He estado involucrado en proyectos de investigación plasmados en publicaciones científicas de alto nivel y espero, si Dios quiere, seguir dedicado a mi profesión si mi salud y mis pacientes me lo permiten.

Que así sea, querido Fernando.

Entrevista por Julián Díaz Robledo

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