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Libro recomendado «Jesús el Galileo (El poeta de Dios)» de Diego Sabiote

Características del libro:

Medidas: 17×24 cm

Nº de páginas: 398

Tapa dura con sobrecubierta

Bilingüe: Castellano y Hebreo

PVP: 25€ (portes e IVA incluido)

Puede adquirir el libro dirigiéndose al siguiente correo: editorial@granadacosta.net o al teléfono: 958 62 64 73

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Prólogo

 

SALTERIO (Diego Sabiote)

Este libro es un salterio en el que se oyen cantos de alabanza, gritos de júbilo, torrentes de acción de gracias, himnos de adoración, cánticos de agradecimiento, plegarias de esperanza, promesas de fidelidad. Salterio de un poeta que se une a la larga cadena de generaciones que han cantado a quien en nuestra tierra fue un relámpago de luz y un amanecer de futuro nuevo. Nunca la tierra es extraña para entonar los cánticos del Señor y nunca está Dios tan lejos que no podamos elevar hasta él nuestra palabra dolorida y amorosa, en quejumbre o en exultación.

Cánticos cantados delante del Dios que nos envió a aquel en quien se nos dijo y se nos dio, al que los hombres conocieron naciendo de María y creciendo en Nazaret; el que convivió en Galilea y yendo a su pasión en Jerusalén compartió nuestra vida y nuestra muerte, nuestros gozos y dolores. Él cuyo nombre es Jesús y a quien invocamos como el Señor, excluido por los hombres y echado fuera de la ciudad, pero asumido por el Padre, hecho partícipe de su vida inmortal e identificado así como el Hijo, el Mesías esperado, el Cristo iluminador, redentor, santificador.

Cristo, nos dice el autor, es el poeta de Dios y a quien desde los mismos comien-zos los creyentes han cantado agradecidos porque en él encontraban la presencia san-tificadora del Santo, que es Don y Perdón. Cristo a quien los cristianos se referían con los mismos términos con los que se referían al Padre que nos le había enviado. Uno de los primeros testimonios paganos sobre Jesús es la carta de Plinio el joven, enviado por el emperador Trajano a la provincia de Bitinia, quien como legado imperial y con facultades de gobernador tenía que informar sobre los cristianos, sobre los que habían permanecido fieles en la persecución y sobre los que habían dejado esa fe. ¿Qué decían de sí mismos estos cristianos al ser llevados a los tribunales? ”… que solían reunirse un día fijo antes del amanecer, alternándose en los cánticos a Cristo, considerándole como Dios (carmenqueChristo quasi Deo dicere) y se compro-metían con juramento a no cometer delitos, ni hurtos, ni robos, ni adulterio, ni infide-lidad, ni malversar los bienes confiados” (Plinio el Joven, Carta X,96 a Trajano).

A ese Cristo se ha seguido hasta hoy correspondiéndole con cánticos: a él que era el poeta de Dios, la Palabra, se le ha respondido con palabras nuevas; a él que era la Parábola de Dios se he ha traducido creando nuevos relatos invitando a revivir su mise-ricordia con los pobres, enfermos, niños, extranjeros; a él que era la Profecía de Dios, cumplida con el pueblo de la primera alianza, se le ha seguido queriendo cumplir con fidelidad el programa de vida que nos dejó en ese su retrato que son las Bienaventuran-zas bella aventura de quien se aventuró y tuvo buena ventura; a él que es la Promesa de Dios correspondemos día tras día en la fidelidad, en la paciencia, en la abertura al Fu-turo absoluto que se nos anticipó en los días de su vida en nuestro mundo y con quien van nuestros pasos por el camino de Emaús, hasta reconocerle en la fracción del pan.

Cristo ha vencido al silencio, ya que sigue generando hasta hoy nuevas de pala-bras; ha vencido al olvido porque nadie ha sido invocado, expresado en el arte y cantado en la música como él; y ha vencido al tiempo, ya que sigue dejándose sentir contempo-ráneo nuestro porque al participar su humanidad de la vida propia de Dios, existe en inmediatez con cada uno de nosotros, y él ya no es tiempo, sino inherente a lo que el tiempo significa y anticipa: la vida eterna. En esa contemporaneidad con los hombres sigue siendo fuente de palabra y de paz, de perdón y de alegría, es decir salvación.

Conocemos a alguien si sabemos de dónde viene (contexto), qué hizo (historia) y cómo su vida, mensaje y destino influyeron sobre la historia humana (repercusión). ¿De dónde viene Jesús? “Este es Jesús: el profeta de Nazaret de Galilea” (Mateo 21,11). En el evangelio de San Juan aparece esta pregunta para ser respondida con una pizca de humor e ironía respecto de las otras. ¡Todos parecen saber quién es Cristo por saber que viene de Nazaret en Galilea!. Pero eso solo es no saber casi nada de él. Él no viene sólo de esa cercanía terrestre, identificable en los mapas de cualquier geografía. La respuesta del evangelista Juan es de otro orden: el origen de Jesús es Aquel que hizo el mundo y creó al hombre, justamente conforme a él. Para responder a esa pregunta escribió su evangelio y lo inició con estas palabras: “En el Principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios… y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (1,1-2.14). El hombre es el anticipo que Dios se creó para luego poder él existir encarnado. De aquel en cuyo seno está siempre es de donde Jesús viene, con quien está siempre, por ello nunca en soledad y siempre creador de compañía.

¿Cómo ha perdurado Jesucristo en la historia de los hombres? Él ha sido siempre:

  1. Recordado. No ha sido nunca olvidado y su palabra siempre ha resonado.
  2. Narrado en unos relatos con las historias mejor contadas jamás (evangelios).
  3. Celebrado. Nuestro recuerdo es su actualización sacramental comunitaria.
  4. Admirado por la trasparencia de su personalidad y el coraje de su acción.
  5. Amado porque nos ha hecho sentir el don y el perdón, el amor del Padre.
  6. Imitado porque sus obras fueron actos de misericordia y dignificación.
  7. Acompañado en su pasión que aún está abierta hasta la salvación de todos.
  8. Respondido a su llamada. “Ven y sígueme” siempre ha encontrado seguidores.
  9. Cantado en palabras y en sonidos, en literatura y música, en poesía y prosa.
  10. Esperado ya que aguardamos un futuro como el suyo: glorificación por el Padre.

Al coro de voces que no han cesado en la alabanza, la glorificación y la súplica de Jesús, galileo de Nazaret y Don absoluto del Padre, se une hoy este salterio de Diego Sabiote, recogiendo con amor la realidad y la entera historia, su vida y la de quienes le hemos ido encontrando en el camino de la nuestra. ¿Cómo agradecerle que nos haya dado su palabra de poeta sobre Jesús de Nazaret y con ello nos haya acercado al cora-zón de Dios, en el que mejor se conoce y con el cual anhela identificarse el corazón del hombre?

Olegario González de Cardedal

Profesor Emérito de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

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  1. Muy hermosas y sentidas palabras las de don Olegario en el prólogo. Pero, ay, no nos dice nada del libro de Diego. Diego Sabiote es un gran poeta que sabe expresar la eternidad de un breve instante, la trascendencia de las pequeñas cosas, el vuelo del dolor hacia la luz. Poesía de elevación sin púrpuras inútiles, sin impostar la voz. Diego es, además, un poeta valiente que nombra de infinitas maneras a Dios, hoy que está tan desterrado de la cultura. Gracias, Diego. Volveré a leerte para seguir con Él, para abrazarte más, para saber de mí.

  2. MUCHAS FELICIDADES DIEGO , EXITOS .
    ME PARECE MUY INTERESANTE EL CONTENIDO EXPUESTO POR OL3GARIO GONZÁLEZ.
    MUCHAS GRACIAS A LOS DOS .
    BENDICIONES.

  3. Enhorabuena por tu libro, querido amigo. Te deseo mucho éxito. Espero que nos veamos pronto si Dios quiere, aunque por momento mi salud no me acompaña. Un gran abrazo amigo Diego.

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