Un reto extremadamente complicado
El nuevo gobierno merece una oportunidad de confianza por España y por la desafección de la política, aunque el reto no va a ser nada fácil. Un gobierno que deberá abrirse más al diálogo y a la transparencia, sin concesiones al separatismo pero escuchando sus necesarias peculiaridades de diversidad y pluralismo de los que están llamados a entenderse para una mejor convivencia. Sin embargo la debilidad parlamentaria del Gobierno socialista en un contexto adverso, en el que tiene que contentar a intereses muy dispares, hace que su supervivencia sólo sea posible por su capacidad para ser mediador y dotar de sentido a la fractura territorial catalana o al desapego institucional. La incógnita a resolver es si es posible avanzar desde la Constitución o desde su reforma; es decir, a partir de qué exigencias hay que contar, y que sean compatibles con la soberanía de un Estado de derecho. Y, en su caso, ¿hasta dónde y cómo? Lo que está claro es que el nuevo proyecto de gobierno es innovador, europeísta, que defiende la unidad nacional, que incluye gente de fuera de la política, reconocida por sus méritos en vez del nepotismo; o sea, que han empezado bien y con un aire nuevo donde la mujer empieza a ser considerada como se merece. Es obvio que está por ver cuál es su programa y que debe rendir cuentas pero eso no le quita sus buenas intenciones de regeneración, de renovar ideas, proyectos y personas. De modo que lo que cuenta son las acciones políticas, y las descolocadas de Ciudadanos no les queda otra que reclamar la convocatoria de elecciones, antes de que se refuerce el PP; por si fuera poco además de no contentar ni fortalecer a Podemos, la única fuerza potente de izquierdas en la que puede buscar respaldo, que medirá hasta qué punto conviene a sus intereses, al no tenerla en cuenta el PSOE a pesar de haberle aupado al poder del gobierno. En definitiva, contingencias o reticencias provocadas por la ambición de la lucha política más allá de reconocer los logros o intenciones de los demás. Así pues las ganas para agotar al Gobierno y no confiar en él, están servidas. Como es de esperar en el PP están decididos a hacer un seguimiento exhaustivo de control, después de encontrar su nuevo liderazgo, sobre todo en la marcha de todos los indicadores económicos, que si se mantienen será por la herencia recibida de las cuentas elaboradas en sus Presupuestos. Los populares dan por hecho que no habrá grandes iniciativas legislativas o reformas legales mientras tanto ellos regenerarán el desgaste de la corrupción. Sirviendo, también se supone que para cambiar ideas y proyectos, es decir, que todos saldremos ganando. No obstante el nuevo Gobierno de Sánchez tiene ilusión, parece que tiene un plan más dialogante, pues no le queda otra para cambiar el descontento; pero es necesario que lo dejen para ver qué va a hacer, cómo y con quién. Desde luego, fácil no es cuando se trata de ir cerrando las heridas de Cataluña, en una reforma constitucional sobre el modelo territorial y el problema secesionista, y las heridas de la moción de censura y su salida del poder.
Francisco Velasco Rey
