ÚNICO CONCIERTO DE CARLA BRUNI EN EL TEATRO APOLO DE MADRID
Vaya por delante mi devota admiración por Carla Bruni, y no como artista, porque nunca la había visto actuar en sus jóvenes años adolescentes de cantante y guitarrista, cuando se iniciaba en diferentes pasarelas y escenarios: la admiraba como una de las mujeres más hermosas que han ofrecido las revistas y que aun pasando los años (actualmente tiene 51) sigue conservando una belleza incomparable y una figura esculpida que mantiene desde que reparé en ella, cuando no había cumplido siquiera los veinte años.
La casualidad ha querido que estuviera en Madrid el miércoles día 10 de enero que daba su único concierto, para viajar a Barcelona al siguiente día y ofrecer otro exclusivo del mismo tenor, supongo.
Vista su actuación, entendí perfectamente las razones por las que no se prodiga en los escenarios, se limita a un concierto por cada país y deja su impronta de calidad y señorío que le sobran a raudales, por su excepcional imagen, naturalidad, belleza y simpatía. Más que cantar actúa: mueve los largos dedos de sus manos soltándolos al viento de manera magistral. Sus brazos vuelan como si fueran remos navegando sin agua y el contoneo justo de sus caderas acompasan la estudiada colocación de sus largas piernas que van marcando los ritmos de la música, resultando en su conjunto un espectáculo digno de disfrutar.
Su escasa voz, romántica y sensual, se deja sentir con un prodigioso micrófono, arropada magistralmente por cuatro músicos excepcionales que componen el espectáculo, manejando un delicioso piano, una excepcional batería, y unas guitarras y chelo que acompañan tan virtual protagonismo.
La diosa Carla se presenta en escena elegantemente sobria, con una cumplida melena al viento y con micrófono en mano y libreto cercano, canta y susurra una serie de canciones generalmente conocidas de diferentes autores, pretendiendo actualizarlas con música pop perfectamente orquestada. Ella es consciente de sus limitaciones y por ello ha dejado dicho: Lo que traigo a Madrid y Barcelona “es un show muy simple con el que intento llevar un poco de intimidad y de calor a la gente, saliendo de mi burbuja en la que vivo feliz”.
La actriz, modelo y cantante, representó once versiones que fue intercalando con simpáticos comentarios que reían aquellos que dominaban la lengua de Molière, porque lo que sí quedó claro, que Carla, aunque italiana, vocaliza y musita sensualmente el francés, pero está empezando a conocer el español con la palabra gracias. Por algo se empieza, presidenta.
Julián Díaz Robledo

