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LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA

“La mutilación genital femenina abarca, pues, todos los procedimientos que entrañan la eliminación total o parcial de los genitales femeninos externos u otras lesiones de los órganos genitales femeninos por cuestiones culturales o religiosas o por otros motivos no terapéuticos”

“Los gobiernos tienen la responsabilidad de proteger la integridad física y mental de las mujeres y las niñas. La adopción de medidas contra la mutilación genital femenina (MGF) es parte integrante de todo enfoque exhaustivo para proteger a las mujeres de la violencia y reivindicar su derecho a la igualdad en la sociedad”, manifiesta Amnistía Internacional. La MGF se practica en 28 países africanos, así como en Asia (Indonesia) y Oriente Medio (Yemen). Es cada vez más frecuente en Europa, Colombia, Australia, Canadá y Estados Unidos…, entre inmigrantes de esos países. La MGF, en cualquiera de sus modalidades, se encuentra penada por la ley en los principales países del continente europeo con algunas excepciones como Italia o Irlanda. No obstante, aunque existen en algunos países europeos normativas legales de control sobre el permiso de salida para las niñas en situación de riesgo por este tipo de costumbres, hay denuncias de que medio millón de mujeres y niñas han sufrido la MGF en Europa en los últimos tiempos, incluso en centros sanitarios bajo cuerda. Según fuentes oficiales de la ONU, se calcula que el número de niñas y mujeres que han sufrido mutilación genital asciende hoy día, aproximadamente, a 150 millones, y cada año están expuestas a ser sometidas también a ella 4 millones de niñas más. La MGF es una costumbre muy arraigada, tanto entre musulmanes como entre afrocristianos y animistas. La práctica suele consistir en la extirpación del clítoris, con el objetivo de preservar a las jóvenes del deseo sexual, proteger su honor y facilitar su entrega en matrimonio. Se desconoce cuántas niñas mueren por su causa, ya sea durante el mismo acto de mutilación, posteriormente a causa de infecciones o incluso años después en los partos. La MGF abarca, pues, todos los procedimientos que entrañan la eliminación total o parcial de los genitales femeninos externos u otras lesiones de los órganos genitales femeninos por cuestiones culturales o religiosas o por otros motivos no terapéuticos. La pérdida casi total de sensibilidad es la principal consecuencia para las afectadas, con el añadido trauma psicológico. Evidentemente, hay también consecuencias inmediatas y a largo plazo, tras la MGF, para la salud de la niña o mujer, las cuales varían según el tipo y la gravedad del procedimiento utilizado. Entre las complicaciones inmediatas figuran dolor fuerte, shock, hemorragia, retención de orina, ulceración de la zona genital y lesión del tejido adyacente. A largo plazo puede haber consecuencias como infecciones recurrentes del tracto urinario, infección pélvica, infertilidad (por infecciones internas), cicatrices, dificultades en la menstruación, fístulas (agujeros o canales entre la vagina y la vejiga o el recto, dolor en el coito, disfunción sexual y problemas en el embarazo y el parto (la necesidad de cortar la vagina para permitir el alumbramiento y el trauma consiguiente, agravado a menudo por el hecho de tener que suturar). Hay mujeres que mueren desangradas o por infección en las semanas posteriores a la intervención, ya que se realiza casi siempre de manera rudimentaria, a cargo de curanderas o mujeres mayores, y con herramientas no muy ortodoxas como cristales, o cuchillos oxidados, o cuchillas viejas de afeitar, o incluso piedras, todos ellos sin esterilizar, exponiendo a las víctimas a infecciones, tanto más cuanto lo habitual es que en cada ceremonia sean mutiladas numerosas niñas a la vez. Obviamente, nunca se llevan a cabo estas irracionales mutilaciones en centros sanitarios. Hay tres tipos de ablación o MGF: la amputación del prepucio del clítoris (circuncisión), pudiendo extirparse en parte o en su totalidad el clítoris (clitoridectomía); la escisión o mutilación del prepucio total o parcial, del clítoris y los labios menores, conservando los labios mayores (forma agresiva intermedia); y la infibulación -la forma más agresiva-, la cual consiste en la extirpación del clítoris y labios mayores y menores. Después del acto, hay un cosido de ambos lados de la vulva hasta que queda prácticamente cerrada, dejando únicamente una abertura para la sangre menstrual y la orina. La infibulación también es llamada “circuncisión faraónica”. La ablación sexual femenina, ya sea parcial o total, es para evitar sentir placer sexual, con la finalidad de que pueda llegar virgen al matrimonio, puesto que, si no es de ese modo, la mujer puede ser rechazada. También se realiza para evitar la supuesta promiscuidad de la mujer. Ciertamente, una vez casada, la insensibilidad durante el coito persiste, lo cual conlleva una ausencia total de placer sexual. En la actualidad se practica a niñas con una edad mucho menor. Esto se realiza así con el objetivo de evitar que puedan juzgar la práctica por sí mismas al ser mayores. La somalí Waris Dirie, exmodelo, escritora y activista en la lucha contra la MGF, fue desde 1997 a 2003 embajadora especial de la ONU contra esta práctica aberrante. En 2002 fundó su propia organización, la Fundación Waris Dirie para luchar contra la MGF. Gracias a ella, quien sufrió infibulación a los 5 años, se ha conseguido que la ablación sexual femenina sea ilegal en algunos países africanos, aunque, crípticamente, se siga practicando de hecho, incluido el suyo. UNICEF, en un informe, afirma que ésta práctica se puede eliminar en una o dos generaciones si, efectivamente, hay un inmenso esfuerzo -sin límites-, tanto político como sociocultural, por parte de los países que condenan estos tipos de mutilaciones femeninas sobre aquellos otros que las admiten, aunque “del dicho al hecho hay un buen trecho”, dice el refranero español. A pesar de ello, se ha avanzado significativamente en la erradicación de esta terrorífica mutilación genital femenina. Amnistía Internacional tiene en marcha la campaña “Mi Cuerpo, mis Derechos”, para garantizar que se respetan, protegen y hacen efectivos los derechos sexuales y reproductivos de todas las personas. Entre otros temas, esta campaña tiene por finalidad recalcar que todas las personas tienen derecho a vivir sin sufrir violación sexual y otras formas de violencia, incluido el embarazo forzado, el aborto, la esterilización, el matrimonio forzado, o la mutilación genital femenina. El Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina es el 6 de febrero.

Carlos Benítez Villodres